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Un grupo de investigadores del Instituto de Microelectrónica de Barcelona ha presentado una técnica, basada en el uso de biosensores, aplicada al proceso de vinificación con el fin de obtener vinos de calidad.
El proyecto, desarrollado también por la Universidad Politécnica de Cataluña y el CNM-CSIC (Centro Nacional de Microelectrónica y Consejo Superior de Investigaciones Científicas), se presenta en tres fases y está pendiente de ser aplicado a bodegas catalanas, en las que se tendrá en cuenta todo el proceso de elaboración del vino.
La primera fase del proyecto tiene como objetivo mejorar la calidad del vino y pasar de los tradicionales electrodos a los chips. Estos chips se fijan en el sustrato y evalúan la fructosa, la glucosa, los polifenoles y el ácido glucónico. Este proceso se "completa con una instrumentación adecuada, capaz de evaluar muchos elementos a la vez, a bajo coste y fácilmente manipulable", asegura Francisco Muñoz, del Instituto de Microelectrónica de Barcelona.
La segunda fase de este trabajo utiliza los biochips en la fase de fermentación, midiendo la actividad bacteriana. Según Muñoz, "al utilizar diferentes tipos de electrodos, conseguimos medir concentraciones mucho más bajas de actividades microbacterianas". En este sentido, el experto asegura que el uso de "circuitos de imperencia miniturizados en los microsensores permite medir todo el proceso de la fermentación".
Por último, la tercera fase mide las características finales del vino, cuando está a punto de embotellar. "En esta fase se evalúa el contenido en antioxidantes, ya que cada tipo de vino tiene una potencia antioxidante diferente", insiste el experto. Los responsables del estudio esperan que este proyecto puedan tener dos grandes aplicaciones.
La primera de ellas sería el uso de "narices electrónicas", que sirven para detectar aromas y sabores de los vinos mediante sensores y que todavía se encuentran en niveles de experimentación. La otra aplicación pasaría por el uso de estos avances para la seguridad alimentaria para detectar patógenos, insecticidas o contaminación de metales pesados en el vino, informa Salival.
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