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La calidad de las aguas de la Vega de Granada, su composición y las bacterias que viven en ellas serán analizadas con técnicas de teledetección y sistemas de información geográfica desarrolladas por expertos del Departamento de Geodinámica de la Universidad de Granada.
Expertos de la Universidad de Granada llevan años realizando estudios con técnicas de teledetección espacial. Algunos de ellos se basan en la caracterización biogeoquímica del estuario de los ríos Tinto y Odiel, en Huelva. Actualmente, y en colaboración con el Instituto de la UGR y el Instituto Geológico y Minero de España, está previsto analizar las aguas subterráneas y superficiales de la Vega de Granada, su composición, temperatura, la clorofila y las bacterias existentes en ellas.
Para ello, han empezado a recoger muestras en un buen número de pozos de distintas fincas de la zona. El trabajo de laboratorio, que está previsto que se alargue durante todo el otoño, cuenta con varias imágenes digitales captadas por los satélites Landsat, Quickbird e Ikonos, situados en el espacio a centenares de kilómetros de altura. Está previsto que los resultados de estos estudios no se conozcan hasta dentro de dos años, cuando finalice el proyecto.
Una de las imágenes tomadas, y gracias a la labor de los sensores electromagnéticos, se puede observar la Vega de Granada en una escala de 30 por 30 metros cuadrados por píxel. En estas imágenes los especialistas del grupo TSGIS (Teledetección, sistemas de información geográfica y geoestadística) pueden interpretar la vegetación, los materiales geológicos o las aguas superficiales dependiendo de la radiación electromagnética captada por el sensor y reflejada por los materiales de la cubierta terrestre en cada uno de los millones de píxeles que componen la imagen.
"Se puede observar así una relación entre la situación de los recursos hídricos y medioambientales observada en el laboratorio y la superficie terrestre", asegura el especialista Mario Chica Olmo. La teledetección, aseguran los expertos, debe ir acompañada de otros métodos de estudio, como mapas o trabajos de campo. Estas herramientas ayudan a descifrar los resultados de las imágenes digitales y a realizar una evaluación más realista del terreno.
Conforman así los denominados sistemas de información geográfica (SIG), una disciplina científica que, según Chica, "sirve de soporte para construir sistemas para la toma de decisiones con respecto a la calidad de las aguas estudiadas, los cultivos o, en general, el medio ambiente".
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