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Científicos del Servicio de Investigación Agrícola de EEUU (ARS, en sus siglas inglesas) han desarrollado cepas beneficiosas de hongos para controlar las toxinas producidas por una cepa diferente del mismo hongo en el maíz.
La aflatoxina es una micotoxina natural producida por el hongo Aspergillus parasiticus y el hongo más común A. flavus, que se encuentra cuando ciertos granos se cultivan bajo condiciones estresantes, como durante una sequía. La aflatoxina aparece en situaciones agrícolas contaminadas, como en el maíz, cacahuetes, semilla de algodón y nueces. También se puede encontrar aflatoxina en suelo, en la vegetación descomponiéndose, el heno y granos almacenados en condiciones húmedas y calientes.
Científicos del ARS han desarrollado dos cepas de hongo que no producen estas toxinas en las cosechas de maíz. Las dos cepas no tóxicas de A. flavus, llamadas CT3 y K49, se pueden usar para desplazar, o reemplazar, la cepa indeseable, asegura Hamed K. Abbas, patólogo de plantas de la Unidad de Investigación de Genética y Producción de Cosechas.
Según los expertos, las aflatoxinas constituyen un peligro potencial para alimentos y una amenaza para la calidad de forraje. La amenaza de contaminación por aflatoxina limita la producción de maíz en la región sureña de EEUU. Condiciones calientes y secas son particularmente favorables al crecimiento del hongo y la producción de aflatoxina. Así, la aparición de brotes de aflatoxina disminuye el valor del maíz, y a veces puede incluso dejarlo sin ningún valor.
El estudio ha demostrado que el uso del hongo beneficioso para tratar el suelo contiene altos niveles de la cepa tóxica de Aspergillus reduce la contaminación del maíz de un 60% a un 85%. Ahora, los expertos del ARS han solicitado una patente sobre las cepas no tóxicas de hongo.
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