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Abastecer de alimentos a la población mundial requiere incrementar el rendimiento agrícola y, en consecuencia, los recursos hídricos

La agricultura es una de las actividades que mayor cantidad de agua dulce consume. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los cultivos se llevan alrededor del 70% del total de agua dulce extraída. Uno de los retos a los que debe hacer frente la agricultura es producir más alimentos de mejor calidad con menos agua.
Datos de la FAO apuntan a que la irrigación proporciona sólo un 10% del agua destinada a la agricultura. La irrigación garantiza, en periodos de escasez de lluvias, la producción agrícola y la diversidad de opciones agrícolas más productivas, que se traduce en mayor seguridad alimentaria y en una mejor nutrición.
Uno de los mayores problemas es abastecer a los 852 millones de personas en el mundo que sufren subnutrición crónica. Según la FAO, el aumento de la producción alimentaria dependerá de las inversiones en gestión del agua.
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