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Los pájaros, los insectos o el viento pueden transportar polen y semillas de esos árboles a millones de kilómetros de distancia, advierten

Las organizaciones ecologistas Justicia Global y Greenpeace alertaron ayer en Curitiba (Brasil) sobre la amenaza que para la vida silvestre y la conservación de la biodiversidad suponen los árboles modificados genéticamente y la pesca intensiva. Por ello, pidieron a los responsables gubernamentales que participan en la Conferencia de las Partes del Convenio de Biodiversidad Biológica de la ONU, cuya fase ministerial comenzó el lunes en la citada ciudad brasileña, un acuerdo internacional que establezca una moratoria para la investigación y venta de esos árboles y para la pesca insostenible.
Según Anne Petermann, co-directora de Justicia Global, la proliferación de árboles transgénicos conducirá «inevitablemente» a la alteración de los bosques primarios y autóctonos. Petermann destaca la necesidad de analizar científicamente el impacto ambiental de este tipo de árboles, pero augura que esos estudios «avanzarán más despacio que la tecnología».
Árboles transgénicos sólo se han plantado, de momento, en bosques de China, con la intención de frenar el avance del desierto del Gobi, aunque la tecnología está siendo investigada y desarrollada también por empresas en Brasil, Sudáfrica, India, EEUU y Chile. Esta tecnología se está centrando, según Petermann, en especies como el pino, el eucalipto y el álamo, y pretende crear ejemplares resistentes a herbicidas, al frío o a determinados insectos.
Los grupos ecologistas mantienen que los pájaros, los insectos o el viento pueden transportar polen y semillas de esos árboles a millones de kilómetros de distancia, lo que puede causar daños irreversibles en bosques primarios y en la salud humana. Proteger los recursos pesqueros Durante los últimos 15 años especies como el atún han sido pescadas hasta «casi agotarse», ha decrecido la población de tiburones y tres cuartas partes de las pesquerías han sido «sobreexplotadas» hasta impedir su regeneración natural.
La asesora de Greenpeace prevé una «crisis de biodiversidad» si no se detiene la pesca intensiva, y alerta de que, al ritmo actual, los recursos pesqueros de todo el mundo se habrán agotado en 16 años.
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