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Las tierras áridas cubren el 41% de la superficie terrestre y en ellas viven 2.000 millones de personas

El Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado ayer, se centró en la desertización, un fenómeno que causa pérdidas anuales por valor de 42.000 millones de dólares en la productividad alimentaria mundial, según estudios internacionales. A ello se suma el sufrimiento y las vidas humanas que se pierden por el hambre y la necesidad que muchos tienen de abandonar sus lugares de origen para instalarse en áreas más productivas.
Las tierras áridas, que cubren el 41% de la superficie terrestre, se caracterizan por un bajo índice de precipitación pluvial y un alto índice de evaporación. En ellas viven 2.000 millones de personas, que son víctimas de la falta de servicios de energía modernos y de la escasez de agua.
Se estima que la superficie total de tierras afectadas por la desertización va de 6 a 12 millones de kilómetros cuadrados, lo que es alarmante si se tiene como punto de referencia que las superficies de Brasil, Canadá y China suman entre 8 y 10 millones de kilómetros cuadrados.
En una declaración escrita, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, afirmó que «el problema es particularmente agudo en África subsahariana y Asia meridional, donde la degradación de las tierras áridas se ha convertido en un grave obstáculo para la erradicación de la pobreza y el hambre». La ONU trabaja para hacer posible que los habitantes de esas regiones puedan tener acceso a fuentes alternativas de energía, puesto que actualmente dependen para cocinar y calentarse de los combustibles tradicionales de biomasa, tales como madera, estiércol y carbón vegetal, que agravan la degradación de los suelos y aceleran la desertización.
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