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Este alimento puede alterarse en cada uno de los múltiples pasos que van de la granja a la mesa
Las cualidades nutritivas de la leche y sus derivados la sitúan entre los alimentos básicos por excelencia. Su consumo no está exento de riesgos para el consumidor ya que puede alterarse en cada uno de los múltiples pasos que van desde su secreción hasta su consumo. Los principales riesgos son microbiológicos y químicos.
El elvado valor nutritivo de la leche la hace un medio muy apropiado para el desarrollo de microorganismos. Se trata de un factor que se debe tener en cuenta desde tres puntos de vista:
Entre las enfermedades más destacables que pueden afectar a las personas por consumo de leche en mal estado se encuentran:
Tanto el productor de leche como el consumidor se enfrentan a unos riesgos químicos que son de naturaleza muy heterogénea. La contaminación que presente la leche cuando llegue al consumidor puede tener procedencias muy distintas, ya sea por contaminación de los alimentos y el agua que ingiere la vaca o bien por el uso de materiales inadecuados durante la obtención, manipulación, almacenaje y transporte de la leche.
En cualquier caso, la contaminación química se va a producir por una manipulación inadecuada o por un empleo de materias primas contaminadas. En consecuencia, puede ser fácilmente controlable e incluso eliminable.
Con el nombre de pesticidas se designan un conjunto de preparados químicos que se utilizan en la lucha contra plagas o parásitos en la producción agropecuaria. Éstos pueden llegar a la leche por varias vías si bien el camino más común es la ingesta de forrajes con restos de estos productos o la utilización de recipientes contaminados. Hay dos grupos principales y un tercero menos importante, que son:
Estos compuestos presentan gran estabilidad que, unido a su liposolubilidad les confiere una gran capacidad para, una vez entrado en la cadena alimentaria, acumularse en ella. Las fuentes de contaminación encontradas en la leche han sido achacadas a la contaminación accidental de los alimentos que ingerían las vacas. No se conoce el mecanismo de acción, aunque hoy se piensa que debido a su capacidad de acumulación en las grasas, la toxicidad aguda tiene menos importancia que la crónica, pudiendo producirse en estos casos degeneraciones hepáticas.
El empleo de determinados quimioterápicos en medicina veterinaria ha supuesto uno de los grandes logros en la lucha contra muchas enfermedades infecciosas del ganado vacuno lechero, entre los que se incluye la mamitis, pero también es cierto que cuando se utilizan o manejan de forma inadecuada, unas veces por negligencia y otras por desconocimiento, pueden dar origen a una contaminación por residuos en la leche y productos lácteos, con sus repercusiones en la salud.
Los detergentes y desinfectantes se utilizan en la industria lechera con la intención de eliminar y evitar la proliferación los microorganismos que posteriormente puedan llegar a la leche. El riesgo aparece cuando estos productos no se eliminan de forma adecuada, mediante aclarados suficientes y se permite así su contacto con la leche. Además de efectos tóxicos los detergentes y desinfectantes pueden comunicar, en algunos casos pueden dar olores y sabores extraños a la leche, así como interferir algunos procesos de fermentación. Los efectos tóxicos de los detergentes y desinfectantes varían en función de su naturaleza química siendo los más peligrosos los derivados del cloro y del yodo.
Las micotoxinas, producidas por el metabolismo de determinados mohos, son sustancias muy tóxicas y carcinogénicas para el hombre y los animales. En los últimos años se ha desarrollado una intensa investigación para su detección y prevención. No se han estudiado demasiado y, a pesar de que existen gran variedad de ellos, sólo se conocen bien las denominadas "aflatoxinas" debido a su gran toxicidad. La formación de aflatoxinas está asociada con los mohos que los producen. En general, se asume como únicos productores de aflatoxinas algunas especies del género Aspergillus. Por tanto sólo serán de interés para la industria láctea aquellos mohos susceptibles de producir micotoxinas y concretamente aflatoxinas. Las micotoxinas pueden llegar a la leche por la alimentación del animal o bien en el ordeño. La aflatoxina B1 considerada, sin duda las más peligrosa, es un hepatocarcinógeno muy potente.
Viene dada por la utilización de materiales inadecuados durante la obtención, manipulación, almacenaje y transporte de la leche o por contaminación de los alimentos y agua que ingiere la vaca. Los metales a tener en cuenta son diversos y entre los más peligrosos cabe destacar los metales pesados, como el plomo y mercurio. Son metales muy tóxicos y llegan a la leche principalmente por contaminación de la bebida y agua del animal.
Autores
FABIÁN GONZÁLEZ RIVAS. Observatorio de la Seguridad Alimentaria. Universidad Autónoma de Barcelona.
BIBIANA JUAN GODOY. Centro Especial de Investigación. Planta de Tecnología de los Alimentos. Universidad Autónoma de Barcelona.
Bibliografía
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