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Prácticamente un año después de la última gran epidemia de fiebre aftosa que asoló Gran Bretaña, las heridas abiertas por la gestión de la crisis siguen sin cicatrizar. Mientras administración y granjeros siguen sin ponerse de acuerdo acerca de la idoneidad de las medidas, distintos estudios científicos recientemente publicados apoyan la tesis de las vacunaciones masivas. Los afectados rechazan esta opción.
La pregunta continúa estando en el aire: ¿Qué hacer si se desata una nueva epidemia de fiebre aftosa? A tenor de lo ocurrido en 2001 y 2002 en Gran Bretaña, cuando más de seis millones de animales tuvieron que ser sacrificados, todo parece indicar que desde la administración debería darse una respuesta diferente a la de entonces. Sin embargo, no existe todavía ni el consenso necesario entre todas las partes implicadas ni tampoco una estrategia clara a seguir. En lo único en lo que hay coincidencia es en la poca eficacia que tuvieron las medidas de choque adoptadas en ese periodo y la necesidad de definir un plan estratégico tanto para situaciones de emergencia como a medio y largo plazos.
Entre las diferentes propuestas elaboradas a lo largo de los últimos meses figura la controvertida posibilidad de efectuar vacunaciones masivas en las granjas de mayor riesgo potencial. Los granjeros siempre se han opuesto a esta medida por considerarla perjudicial para sus intereses. Tampoco la legislación actualmente vigente en Europa sobre control de epizootias se muestra favorable. Entre otras razones, porque podría inducir a la pérdida de numerosas cabezas de ganado vacuno, ovino y porcino (por este orden) y por la enorme dificultad de 'colocar' en el mercado a los animales vacunados destinados a producción de carne.
Sin embargo, la comunidad científica británica se muestra cada vez más favorable a plantear la vacunación de los animales como la mejor de las medidas profilácticas posible. Diversos estudios publicados entre los pasados meses de diciembre y enero argumentan sólidamente los motivos al tiempo que plantean los interrogantes que habría que resolver previamente.
Estrategias simuladas
En uno de los estudios, publicado en diciembre por la revista Nature, se cuestiona abiertamente la estrategia adoptada en 2001 por las autoridades sanitarias británicas y se señala que una vacunación selectiva en las granjas con mayor riesgo potencial, como se sugirió entonces, tampoco habría podido contener la epidemia aunque sí habría limitado sus devastadores efectos. El sacrificio y posterior incineración de los animales, según los resultados de esta investigación, pudo suponer un coste excesivo para la ganadería británica.
Las conclusiones surgen del análisis exhaustivo de la simulación de distintas estrategias de vacunación basadas en los datos de 2001. M.J. Keeling, de la Universidad de Warwick, en Coventry (Reino Unido), ha desarrollado un modelo matemático capaz de predecir la situación diaria precisa de la infección en cada granja afectada. Con este modelo, el investigador ha reproducido los siete meses que duró la crisis según de acuerdo a estrategias distintas de vacunación.
De acuerdo con los resultados de esta compleja operación matemática, la vacunación masiva de todos los animales antes de detectarse el primer foco infeccioso es la medida que hubiera proporcionado una mayor protección. Sin embargo, hubiera sido necesario, todavía, mantener un control exhaustivo sobre las granjas con mayor peligro potencial. El modelo admite dificultades en la eficacia de tan drástica medida debido a la poca efectividad que muestran aún las diferentes vacunas existentes y a la dificultad de establecer con precisión zonas de riesgo.
La segunda medida con mejores resultados según el modelo matemático sería la vacunación masiva tras la detección del primer foco infeccioso. Dado que la mejor vacuna disponible tarda al menos siete días en conferir inmunidad a los animales, el control y las medidas de aislamiento de los focos infecciosos debería mantenerse. La adopción de esta estrategia habría reducido, según los cálculos del modelo de Keeling, al menos cuatro meses la duración de la epidemia.
La tercera de las estrategias consideradas es la vacunación única y exclusivamente de los animales existentes en una granja afectada. Este modelo, que fue el que se sugirió entonces, aunque no se aplicó, "falla estrepitosamente", según Keeling, por un motivo doble. En primer lugar, por la dificultad de restringir el movimiento de animales infectados y de personas en contacto con ellos antes de detectarse el foco. En segundo lugar, por el lapso de tiempo necesario antes de que la vacuna confiera inmunidad. La suma de ambos periodos se acerca al mes, demasiado tiempo para contener la enfermedad aunque la medida podría limitar su extensión.
Vacunación masiva
De la aplicación de los distintos modelos se deduce que la vacunación masiva, bien sea antes o después de detectado el primer foco infeccioso, podría haber evitado cuantiosas pérdidas al sector ganadero. Pero también que para llevarla a cabo es imprescindible disponer de un censo actualizado de las distintas granjas y de los movimientos de animales y personas que trabajan en ellas. Al mismo tiempo, plantea la necesidad de disponer "enormes cantidades" de vacunas y mecanismos eficaces para administrarlas. Sólo en aquellos países con brotes ocasionales y aislados esta estrategia "carecería de sentido".
La comparación de las distintas estrategias, según un artículo publicado también en diciembre por la revista Proceedings of The national Academy of Sciences, revela que la vacunación 'confinada', entendida como la administrada sólo a los focos infecciosos, tampoco sería suficientemente efectiva para contener otras enfermedades como la viruela. Según los autores de este segundo estudio, aunque la infectividad y la inmunización son diferentes para cada enfermedad, todas siguen patrones similares de transmisión.
EN BUSCA DE UNA VACUNA EFICAZ
El principal problema de las vacunas que se están empleando para combatir la fiebre aftosa es la lentitud con la que actúa, además de la oposición de los granjeros y de la administración sanitaria de la mayor parte de los países de la Unión Europea. Por norma general, la vacuna confiere inmunidad transcurridos siete días desde su aplicación, tiempo más que suficiente para que la enfermedad se propague si la infección ya se ha desatado. Por otra parte, los animales vacunados no pueden ser vendidos ni comprados en toda la UE. Sobre ellos recae la duda 'razonable' sobre su estado real de salud. Y, por el momento, se carece de métodos rápidos y sobre todo baratos para asegurar que la carne, o la leche en el caso de vacas productoras, está libre del patógeno infeccioso.
Una posible solución a este problema podría venir de la mano del interferón, un fármaco antiviral capaz de proteger de la infección a los cerdos al menos entre 24 y 48 horas, según acaba de publicar Marvin Grubman en Journal of Virology.
Grubman, del Centro de Enfermedades Animales de Greenport, en Nueva York, sostiene que la administración conjunta de interferón y la vacuna contra la fiebre aftosa, "reduciría notablemente" el impacto de una eventual epidemia. De acuerdo con los resultados de una investigación todavía no publicada, la protección completa de los animales en menos de cinco días gracias al efecto sinérgico de ambos fármacos.
Los experimentos, señala Grubman en su artículo, deberían repetirse ahora para vacas y ovejas. En paralelo, agrega, y vistos los buenos resultados, sería "recomendable" el inicio de estudios para la producción de interferón a escala industrial, un aspecto todavía no resuelto.
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