Saltar el menú de navegación e ir al contenido
El problema de la pesca ilegal, no declarada o no regularizada sigue empeorando, dice la FAO en una consulta
La polución, el cambio climático y la pesca irresponsable están minando el ecosistema marino. Según la FAO, sólo el 25% de las especies están moderadamente explotadas. Del resto, el 47% de ellas están explotadas al cien por cien y al borde de su capacidad, el 18% de las especies están explotadas por encima de su capacidad y el 10% de especies han disminuido su población.
Sólo 26 de los 80 países consultados por la FAO admiten haber empezado a tomar medidas para controlar sus flotas pesqueras. El problema no es pequeño. La pesca es una de las principales fuentes de proteína de la población, hasta el 16%, según datos de la FAO, y da trabajo a unos 35 millones de personas. Conseguir una explotación sostenible de los recursos es uno de los objetivos de las administraciones. Es lo que intenta este organismo, que acaba de presentar los resultados de una consulta técnica a sus países miembros.
Hasta 80 países respondieron al cuestionario de la FAO. Entre los resultados, el organismo destaca que cuarenta países han declarado tener programas nacionales para monitorizar la capacidad de sus flotas pesqueras, aunque sólo 26 han empezado a establecer medidas para limitarla. Alrededor de unos 53 países han desarrollado, o están en proceso, planes nacionales para gestionar y limitar la presión pesquera. El 63% de los países consultados conoce las posiciones de la mayoría de barcos y su volumen de pesca. Pero de aquellos países que permiten acceso a barcos extranjeros en sus aguas, solo el 60% verifican realmente que los barcos están autorizados para pescar. En realidad, concluye el informe, menos del 50% tiene un control real sobre esos barcos.
Parte de las flotas pesqueras acaban siendo ilegales y las que pescan legalmente, declaran volúmenes inferiores a los reales, según la FAO Este, la capacidad de las flotas pesqueras, es uno de los principales problemas y de difícil control. Las flotas pueden pescar más que antes, y así lo hacen. Si las administraciones y gobiernos establecen límites de pesca, parte de la flota se convierte en ilegal o, los que pescan legalmente, declaran volúmenes de pesca inferiores a los reales.
El problema de la pesca ilegal, no declarada o no regularizada sigue empeorando, dice la FAO a raíz del informe, a pesar de que la capacidad de pesca ha empezado a detenerse en su crecimiento, «al menos en términos de barcos pesqueros a escala mundial y de su tonelaje». Se calcula que la flota global se ha estabilizado en unos 4,1 millones de barcos y la construcción anual de 300 barcos de gran tonelaje (100 toneladas o más), frente a los 2.500 barcos que se construían en 1980. Sin embargo, dicen fuentes de la FAO, «hay dudas sobre hasta que punto esa reducción es efectiva», considerando que las nuevas tecnologías siguen dando una gran capacidad de pesca.
A la sobreexplotación se le unen otros factores, que elevan el nivel de riesgo, relacionados con el clima y la contaminación, pero también la introducción de especies foráneas en diferentes ecosistemas. Y son numerosos los trabajos que constantemente recogen el testimonio de cada una de estas amenazas.
Un trabajo de la Universidad de Oregón que se acaba de publicar en la revista Ecology afirma que el incremento de radiación ultravioleta B, debido al agujero de la capa de ozono, está dañando a los huevos y larvas de anfibios. Los anfibios hacen la puesta en aguas poco profundas, donde puede llegar mayor nivel de radiación. «Hemos visto», declara Andrew Blustein, director del trabajo, «que la radiación puede afectar al desarrollo de las larvas, provocar cambios en el comportamiento, malformaciones, y hacer al animal más vulnerable a enfermedades». El descenso en la población de anfibios se ha atribuido a diversas razones como la destrucción de hábitats, parásitos, o la introducción de especies exóticas competidoras.
Un crecimiento de especies exóticas es lo que ha observado otro grupo de investigadores de la reserva Florida Keys National Marine Sanctuary (EEUU), según informaba recientemente la revista New Scientist. Dos peces «batfish» fueron detectados en aquellas aguas, una especie típica de acuarios y originaria del Océano Pacífico. Otros ejemplares de especies exóticas, como el pez unicornio, el pez mariposa o el predador y venenoso pez león, han sido hallados en la zona. «Todas son especies del Pacífico, el Océano Índico y el Mar Rojo», explicaba Brice Semmens, biólogo de la Universidad de Washington. «La gente lanza al mar sus mascotas de acuario con la mejor de las intenciones, pero en el océano equivocado». El peligro está en que estas especies se impongan sobre las autóctonas y consigan establecerse: si eso pasa, dicen los expertos, la erradicación es prácticamente imposible.
Otro trabajo reciente está vinculado con el otro problema protagonista: la contaminación. Siete expertos en moluscos han afirmado en BioScience que, con los datos disponibles actualmente, de no darse cambios en las condiciones ambientales, las diferentes especies aun existentes de mejillones nacarados desaparecerán irremisiblemente.
Entre los distintos contaminantes ambientales, preocupan en la actualidad los disruptores endocrinos. Una de las incógnitas actuales es cómo los contaminantes disruptores endocrinos, estrogénicos y androgénicos, afectan a los organismos marinos y cómo pueden romper a largo plazo el equilibrio demográfico de las especies. Se han visto efectos en peces (ejemplares macho «feminizados») y en caracoles de mar (que sufren androgenización a causa del tribultilestaño de las pinturas anticorrosión de los barcos). Pero no se pueden prever ni evaluar correctamente los daños si no se conoce bien el metabolismo normal de estos animales.
Es lo que está investigando un equipo del CSIC, que este verano publica un trabajo sobre cómo se defienden los mejillones de contaminantes estrógenos como el estradiol. Lo que explica el trabajo es que cuando estos moluscos están expuestos a grandes cantidades de estradiol, detectan esos niveles anormales y ponen en marcha un mecanismo para nivelarlos.
Asocian la hormona a ácidos grasos, «en un proceso de esterificación y la acumulan, inactivada», explica Cinta Porte, investigadora del Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales, centro del CSIC en Barcelona. Sólo el estradiol libre sigue activo, y el «esterificado», al estar inactivado, no afectaría al metabolismo del mejillón.
El trabajo, que se acaba de publicar en Marine Environment Research, es un proyecto de investigación básica. El estradiol es una hormona natural, pero cuando se encuentra en cantidades muy elevadas (como en aguas residuales de grandes núcleos urbanos) puede considerarse un riesgo en tanto que puede afectar al ecosistema marino.
Relacionadas con este artículo:
En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI