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La estrategia europea para alimentos contaminados por mercurio

La campaña 'Mercurio Cero' aboga por reducir los niveles de mercurio en el medio ambiente y restringir las fuentes de exposición a humanos

Reducir en un 50% el consumo de mercurio para 2010 y en otro 50% para 2015 respecto a los niveles de 2000 es uno de los objetivos prioritarios de las principales organizaciones ecologistas del mundo. Sus responsables han pedido al Consejo de Gobierno del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que se siga el modelo de la estrategia europea del mercurio, presentada en enero de 2005.

La campaña "Mercurio Cero", que llevan a cabo las organizaciones ecologistas BEE (Oficina Europea del Medio Ambiente), Natural Resources Defense Council (NRDC), Ban Mercury Working Group y Greenpeace, ha reunido del 21 al 25 de febrero en Nairobi, Kenia, más de 1.000 delegados de 140 países distintos. En el debate internacional sobre el mercurio, los expertos han analizado los aspectos más relevantes de la contaminación por mercurio, un «problema mundial, difuso y crónico», según lo califica la Comisión Europea. En un dictamen reciente sobre el riesgo que entraña la presencia de mercurio en los alimentos, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas) indica que las personas que consumen mucho pescado y productos de la pesca, en especial peces depredadores de gran tamaño, pueden alcanzar o rebasar los niveles de seguridad establecidos.

Un estudio publicado recientemente admitía que la carne de delfín que se consume en Japón podría tener más mercurio del permitido. Expertos integrantes en el Proyecto Internacional de Mamíferos Marinos del Instituto de la Isla de la Tierra, en EEUU, han analizado una rodaja de carne de delfín cazado el pasado 11 de noviembre en la localidad nipona de Futo. Según los resultados de este análisis, la muestra contenía 19,2 partes por millón (ppm) de mercurio, lo que supone 48 veces más que el máximo establecido, cuyos límites están en 0,4 ppm, según establece el Ministerio de Sanidad japonés. Estudios anteriores corroboraban otros análisis realizados por grupos de expertos internacionales, que advertían que más del 90% de las muestras analizadas de trozos de carne de ballena y delfín vendidos en Japón excedían los límites máximos de contaminantes.

Controlar y acabar con problemas como este es el objetivo primordial del primer proyecto piloto que desde el PNUMA tienen previsto iniciar a partir del próximo mes de septiembre. La meta es llegar a comprender cómo los metales pesados se mueven en la atmósfera, mares y ríos, para así establecer la acción a nivel mundial y reducir las implicaciones sobre el medio ambiente y la salud humana.

Primeros pasos en la UE

Desde la UE se admite que una de las principales vías de exposición al metilmercurio es la alimentación La estrategia comunitaria del mercurio, presentada el pasado mes de enero, admite que, en países desarrollados, una de las principales vías de exposición al metilmercurio (mercurio en contacto con el medio ambiente, la forma más tóxica) es la alimentación. Éste se acumula y concentra sobre todo en la cadena alimentaria acuática. Por este motivo, Bruselas ha propuesto reducir los niveles de mercurio en el medio ambiente y la exposición de los seres humanos. Stavros Dimas, comisario europeo de Medio Ambiente, admite estar «decidido a reducir las emisiones de este veneno». Para Dimas, existen «evidencias científicas de que la contaminación por mercurio, por ejemplo en el pescado, puede dañar el sistema nervioso».

En esta línea ha enfocado la CE sus investigaciones, dirigidas a la evaluación de los efectos del consumo de pescado contaminado. Una de las gestiones emprendidas se fija en el análisis de las distintas formas de gestión del riesgo sobre la base del dictamen de la EFSA, incluida la posibilidad de reducir los límites máximos de contenido de mercurio en los productos de pesca fijados por el Reglamento (CE) nº 466/2001. Con todo, Ravi Agarwal, de Toxics Link India, considera que la UE debería empezar por dejar de mandar a los países en desarrollo «15.000 toneladas de mercurio, que contaminan a las personas y entran en la cadena alimentaria de todo el mundo».

La CE ha admitido, sin embargo, que todavía no es posible contar con nuevos datos sobre el mercurio presente en los alimentos. Por ello insta a las autoridades nacionales a dar recomendaciones específicas en función de las características locales. Reconoce además las lagunas de conocimiento sobre el problema del mercurio, que considera pueden subsanarse a través de proyectos piloto de investigación y desarrollo en ámbitos como los efectos del mercurio para la salud humana, la forma en que el mercurio se disemina o se acumula en el medio ambiente, o la sensibilidad de los ecosistemas y la toxicidad.

Estimación de los riesgos

A pesar de las advertencias emitidas ahora, un informe presentado hace unas semanas por expertos estadounidenses aseguraba que tanto los datos disponibles como la interpretación avanzada por las autoridades competentes indican que los niveles de contaminantes que se encuentran en el pescado están muy por debajo del límite que se considera peligroso. En este sentido, en julio de 2003 un comité mixto de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aportó información adicional sobre los límites máximos basada en la ingesta tolerable de mercurio.

Entonces, el Comité de Expertos sobre aditivos alimentarios y contaminantes (JECFA, en sus siglas inglesas), estableció un límite de 1,6 miligramos por kilogramo de peso de una persona. El Comité corroboraba entonces, como lo ha hecho ahora la Comisión Europea, que ciertas especies de pescado, como el pez espada y el tiburón, contienen elevadas cantidades de mercurio.

El informe citado hacía referencia a un estudio concreto sobre la presencia de contaminantes orgánicos en salmones de piscifactoría, pero el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (Eufic) afirma que este estudio no aporta datos nuevos ya que los autores han basado su análisis en un método de riesgos que no está aceptado a nivel internacional por toxicólogos y otros expertos en seguridad alimentaria. Las autoridades encargadas de la seguridad alimentaria en Europa y en EEUU convinieron que el estudio no aportaba datos nuevos en materia de seguridad y que el consumo de una porción de salmón de piscifactoría a la semana debía seguir considerándose seguro.

A finales de 2003, la revista Science se hacía eco de otro estudio elaborado por expertos del Laboratorio de Radiación Sincrotón de la Universidad de Stanford, en California, en el que apuntaban que el mercurio que se acumula en la carne del pescado podría ser menos peligroso de lo se creía hasta entonces. El estudio sugería que el mercurio en el pescado está unido a un átomo de carbono y a otro de azufre. Al adherirse el azufre a otros elementos más que los grupos metil, puede reducir la posibilidad de que el mercurio sea metabolizado por el cuerpo. Entonces, los responsables del estudio iniciaban una investigación para intentar descubrir «cómo se une el mercurio a los tejidos de los mamíferos».

FUENTES DE CONTAMINACIÓN

Imagen: GRUMM-Universidad de Barcelona

La estrategia comunitaria sobre el mercurio defiende la eliminación progresiva de la producción primaria de mercurio y la reducción de las exportaciones para el año 2011. Algunos datos constatan que la UE es uno de los principales exportadores de mercurio, a la que pertenecen 1.000 de las 3.600 toneladas del consumo mundial anual. En la estrategia, la CE anima a los demás países a evitar que los excedentes vuelvan a entrar en el mercado mediante una iniciativa similar a la del Protocolo de Montreal sobre sustancias nocivas para la capa de ozono.

Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), las estaciones de energía que funcionan con la quema de carbón y los incineradores de desechos, cuentan con 1.500 toneladas o el 70% de nuevas emisiones de mercurio cuantificadas por el hombre en la atmósfera. La mayor parte de las emisiones en países en desarrollo proceden de Asia, con 860 toneladas. La minería artesanal de oro y plata, practicada cada vez más en naciones menos desarrolladas, es otra fuente significativa de contaminación de mercurio, con una cantidad estimada de 400 a 500 toneladas vertidas anualmente, bien sean liberadas al aire, a las tierras o a las fuentes fluviales.

En la atmósfera, este metal pesado puede viajar de miles de kilómetros, contaminando lugares muy lejanos. Un estudio en mujeres estadounidenses encontró que una de cada doce tiene niveles de mercurio en su cuerpo que son considerados peligrosos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EEUU.


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