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Luces y sombras sobre los antioxidantes

Nuevos estudios sugieren que la ingesta regular de antioxidantes a través de la dieta no basta para frenar el envejecimiento

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 24 de agosto de 2005
 
Estudios en modelos animales han desvelado el papel del ADN mitocondrial en el envejecimiento.

Aun cuando no cabe duda de que una dieta antioxidante predispone a una vejez más saludable que otra oxidante, estudios llevados a cabo con animales de laboratorio cuestionan que los antioxidantes puedan por sí solos retrasar el envejecimiento. Los fabricantes de suplementos vitamínicos ven así devaluada su panacea.

Un artículo publicado el mes pasado en la revista Science (vol 309, 5733; pp 81-84) arroja sombras sobre la capacidad de los alimentos antioxidantes para frenar y retrasar el proceso corporal de envejecimiento. Por más que las propiedades bioquímicas de frutas y vegetales ricos en vitaminas C y E hacen pensar en una protección frente a la oxidación de los tejidos, datos genéticos revelan que su función puede no resultar tan eficaz.

Científicos estadounidenses han estudiado ratones de laboratorio y han detectado mutaciones genéticas que desembocan en una degradación celular que antes se consideraba sólo fruto de un estrés oxidativo causado por radicales libres.

Demostrada la eficacia de las vitaminas antioxidantes para combatir dicho estrés, empresas manufactureras de suplementos vitamínicos se lanzaron a la producción de antioxidantes con los que evitar el envejecimiento. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Wisconsin, Madison, apuntan a una nueva diana terapéutica: la mitocondria, y su implicación en un proceso de muerte celular programada (apoptosis) regulada genéticamente.

Mutaciones genéticas

Las investigaciones publicadas vinculan novedosamente los radicales libres y el ADN mitocondrial Tomas A. Prolla, primer firmante del artículo aparecido en Science, culpa a mutaciones genéticas del ADN mitocondrial, más que al estrés oxidativo de los radicales libres, de un proceso corporal que se salda con pérdida de cabello y de peso, empeoramiento de la visión, debilitamiento de músculos y huesos y reducción de células sanguíneas, conocido vulgarmente como envejecimiento.

Sólo queda por discernir por qué un grupo de ratones se vio afectado por esta mutación y otro no. Pero Prolla descarta que el estrés oxidativo marque aquí una diferencia, puesto que los animales recibieron una misma dieta. En cualquier caso, reconoce que la disminución del metabolismo desencadenado por las mitocondrias alteradas pudiera saldarse con una desregulación enzimática de los radicales libres y un aumento de la oxidación.

«El proceso de envejecimiento», recuerda el investigador estadounidense, «se caracteriza por una pérdida de células troncales (stem cells) que permiten reparar los tejidos dañados; la pérdida de estas células reparadoras acaba alterando la estructura y función de los tejidos».

De cara al futuro, el equipo de Prolla se dispone a investigar si la protección de las mitocondrias frente a las mutaciones del ADN apuntadas puede repercutir en una protección contra el envejecimiento.

El artículo de Prolla contrasta con el de otro investigador estadounidense, Peter Rabinovitch (Universidad de Washington), quien en el mes de mayo publicó también en Science el resultado de un estudio con ratones transgénicos productores de una enzima antioxidante: la catalasa. Estos ratones consiguieron retrasar su envejecimiento un 20% más que los ratones normales.

La tesis de Rabinovitch es que son precisamente los radicales libres los causantes de la mutación del ADN que afecta a las mitocondrias. Los ratones transgénicos de este experimento no sólo exhibieron unas mitocondrias en mejor estado, sino también un corazón más sano.

Rabinovitch reivindicó de este modo el papel de la intervención antioxidante en el retraso del envejecimiento.

Freno al Alzheimer

También en EEUU, Amy Borenstein y un equipo de expertos de la Universidad de Florida del Sur presentaron en un congreso americano sobre enfermedad de Alzheimer los resultados de un estudio según el cual el consumo de zumos de frutas y vegetales puede frenar demencias. La explicación reside en el papel de los polifenoles y su posible protección frente al envejecimiento celular.

Borenstein afirmó con rotundidad que beber zumos de frutas y verduras por lo menos tres veces por semana reduce hasta en un 75% el riesgo de demencia. Insistió en abanderar a los polifenoles, en detrimento de las vitaminas C y E (antioxidantes) y los betacarotenos (vitamina A).

Se calcula que en el mundo viven actualmente 18 millones de personas afectadas por una demencia, siendo su causa más común la enfermedad de Alzheimer. Para 2025 se espera que el número de afectados ascienda a 34 millones, y que el 71% de los casos tenga lugar en países del tercer mundo, sin acceso a remedios y terapias. «Es por esta razón que las estrategias preventivas desempeñan una función muy importante», indicaba Borenstein en el citado congreso médico.

Los 1.800 individuos estudiados para este propósito, libres de demencia, fueron seguidos por espacio de 9 años por medio de un cuestionario sobre sus hábitos alimenticios, prestando una atención especial al consumo de frutas y verduras, vino y té. La hipótesis inicial era que una protección con vitaminas antioxidantes evitaría la proliferación de radicales libres en el cerebro y las lesiones por ellos producidas.

Sin llegar a establecer un nexo biológico entre el consumo de antioxidantes y la protección frente a las demencias, los autores parecen estar de acuerdo en que los hábitos dietéticos y los estilos de vida influyen decisivamente en un envejecimiento más o menos saludable.

MOJANDO PAN

 
El aceite de oliva podría situarse en la base de una nueva gama de alimentos funcionales.

En España existe una costumbre, no siempre bien contemplada por los acólitos de los modales de mesa, de mojar pan en las salsas o el aceite de las ensaladas. Pues no faltan científicos que aseguran que el pan empapado en aceite de oliva constituye una fuente de protección antioxidante.

Dejando a un lado el sabor, el aceite de oliva contiene una concentración elevada de hidroxitirosol que actúa como un poderoso antioxidante y una empresa española, Genosa, no ha tardado en producir un pan «rico en aceite de oliva» que evita a los puristas de los modales el feo gesto de untar.

Genosa tiene previsto sacar el máximo partido al hidroxitirosol del aceite de oliva que, asegura, actúa también como agente antienvejecimiento. Carlos Pena, portavoz de esta empresa, hizo pública la intención de abrir una línea de productos dietéticos basados en el aceite de oliva y destinados a la protección cardiovascular.


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