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Comer para los ojos

La concentración de antioxidantes en la vía proteica de la ubiquitín-proteasoma podría explicar la formación de cataratas

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 8 de septiembre de 2005

Las cataratas son la primera causa de ceguera en el mundo. Tanto su diagnóstico como su tratamiento no entrañan dificultad, pero no todo queda en el ojo. Los expertos advierten que una alimentación inadecuada puede estar en el origen de esta enfermedad de la visión.

Un estudio promovido por el Servicio de Investigación Agrícola (ARS) de EEUU ha confirmado que una alimentación rica en antioxidantes, especialmente a base de frutas y verduras, puede evitar una disfunción proteica que compromete la transparencia de las lentes visuales del ojo. Allen Taylor, de la Tufts University (Boston, Massachussets), ha identificado esta disfunción proteica en la vía metabólica de la ubiquitín-proteasoma, una proteína presente tanto en la retina como en la córnea. Las proteínas dañadas se acumulan en las lentes, causando una visión opaca y borrosa conocida popularmente como cataratas.

Hoy día la medicina dispone de medios diagnósticos y micro-quirúrgicos para identificar y erradicar las cataratas del ojo, pero esta complicación sigue siendo la principal causa de ceguera en el mundo.

Vías metabólicas

En una reciente presentación, Taylor explicó a los medios de comunicación que la vía metabólica de la ubiquitín-proteasoma garantiza un equilibrio en la concentración proteica celular. «La ubiquitina es una proteína chivata que identifica a otras proteínas dañadas o alteradas para su posterior eliminación; estas proteínas conjuradas son pasto de unas enzimas llamadas proteasomas y, si la vía metabólica no funciona correctamente, las proteínas dañadas no se eliminan y se acumulan en determinados tejidos como las lentes del ojo», indicó.

Una alimentación rica en antioxidantes, especialmente a base de frutas y verduras, puede retrasar la aparición de cataratas Quedaría por aclarar qué es lo que causa que las proteínas resulten dañadas. El equipo de Taylor apunta directamente al estrés oxidativo. «Los radicales libres del estrés oxidativo pueden hacer trizas el equilibrio ubiquitín-proteasómico», opina el experto. Si es así, desencadenaría, entre otros trastornos, esta enfermedad de la visión. En consecuencia, el consumo de vitaminas C y E o enzimas antioxidantes como la dismutasa y la catalasa «protege la vía metabólica y garantiza un equilibrio proteico adecuado».

La catarata tiene lugar cuando un filtro proteico opaco priva del paso de la luz a la retina ocular. Los enfermos suelen describir su dificultad para ver como un filtro de agua semejante al efecto de la lluvia sobre el parabrisas de un coche. La dificultad de visión se hace progresiva hasta llegar a cegar por entero al paciente. El equipo de Taylor investiga en estos momentos si la implantación de una dieta rica en antioxidantes protege por más tiempo la vía de la ubiquitín-proteasoma y retrasa la aparición de cataratas en el ojo humano.

Cada vez más frecuentes

La oftalmología no sabe aún a ciencia cierta por qué las cataratas se hacen más y más frecuentes con el paso de los años y en la tercera edad, pero las principales hipótesis apuntan a cambios bioquímicos en el organismo. Una de las principales advertencias de las cataratas son los destellos que uno recibe en los ojos cuando conduce de noche y se cruza con un coche con las luces encendidas y en sentido contrario. Esos destellos pueden tomar la forma de un halo que impide identificar la ruta a seguir y obliga casi a parar el vehículo propio. Otro signo de alarma es la necesidad imperiosa de cada vez más luz para leer o escribir, pasando de los 40 wattios a los 60 y posteriormente a los 100.

En EEUU se estima que cuatro millones de ciudadanos se ven afectados por las cataratas (en el mundo son 50 millones). En este país se realizan medio millón de intervenciones quirúrgicas al año con un coste aproximado de 3.000 millones de dólares en su totalidad. Taylor opina que si las medidas dietéticas corroborasen su eficacia a largo plazo, la seguridad social estadounidense podría ahorrarse hasta mil millones de dólares cada año.

Como desencadenantes etiológicos de cataratas se han identificado enfermedades como la diabetes, así como el empleo a largo plazo de fármacos corticoesteroides (empleados en el asma) y una exposición prolongada a los rayos ultravioletas del sol.

Uno de los tópicos que el equipo de la Tufts University pretende combatir es el carácter inevitable de las cataratas con el avance hacia la tercera edad. «Pensamos que las cataratas se pueden evitar, e incluso corregir, por medio de una dieta rica en antioxidantes».

La acción de los radicales libres forma parte de la biología propia de un organismo sano; no obstante, los cambios ocurridos en nuestro estilo de vida durante los últimos cien años, con adquisición de hábitos tóxicos, excesivo sedentarismo y acumulo de más y más grasas en la dieta, favorece una proliferación deletérea de radicales libres que acaba lastrando la salud celular y precipitando el envejecimiento de órganos y tejidos.

LA PARADOJA DE POPEYE

Por más que el marino más célebre de la historia del cómic pudiera servirse de un solo ojo para ver, parece muy improbable que, de haber envejecido, padeciera cataratas en su único ojo bueno. Un estudio norteamericano que ha medido el efecto de diversos alimentos en la protección frente a esta enfermedad de la visión concluye que las espinacas son, también frente a las cataratas, el mejor remedio.

Un proyecto epidemiológico de la Universidad de Harvard actualmente en curso y nacido en 1972, el Nurse's Health Study, investigó, entre otras cosas, el efecto de una dieta antioxidante rica en vitaminas (A, C y E) y minerales (selenio) en una población de 120.000 enfermeras estadounidenses. Las enfermeras que consumieron mayor cantidad de frutas y verduras manifiestan una incidencia 40% menor de cataratas, y el producto que parece ejercer más protección a este respecto son las espinacas.

El Instituto de Investigación Farmacológica de Milán (Italia) comparó también la dieta seguida por 207 enfermos de cataratas con la de 706 controles de igual paridad sexual y edad. Quienes tuvieron más cataratas fueron quienes consumieron menos frutas y verduras, más sal y más grasas animales.

Algo parecido hizo el Instituto de la Seguridad Social de Helsinki (Finlandia), que comparó los análisis sanguíneos de 47 enfermos de cataratas con los de 94 controles sanos y constató que los enfermos de la visión tenían un nivel de antioxidantes sensiblemente inferior. También en Finlandia, investigadores de la Universidad de Kuopio midieron los niveles de vitamina E en la sangre de 410 pacientes ancianos y concluyeron que los individuos con valores más bajos tenían hasta 4 veces más riesgo de contraer cataratas que los de niveles moderados o altos.

En el otro polo de Europa, oftalmólogos turcos han comparado los niveles de selenio en sangre y tejido córneo de medio centenar de enfermos de cataratas con los de medio centenar de controles sanos; a menor nivel de selenio, mayor riesgo de catarata.

Como alimentos indicados en la prevención de las cataratas y ricos en vitamina A, además de las espinacas, destacan las zanahorias, albaricoques y melón. Ricos en vitamina C son los cítricos, brócoli, coles de Bruselas, pimientos, patatas y frutos del bosque. La vitamina E está presente en el germen de trigo, cereales integrales, frutos secos y legumbres; mientras que el selenio es un mineral cuya riqueza en los alimentos va a depender de los suelos en los que frutos y vegetales hayan crecido, si bien los cereales integrales suelen ser una buena fuente, al igual que los mariscos y los frutos secos (particularmente las nueces del Brasil).

Paul Jacques, epidemiólogo de la Tufts University, anima a consumir «muchas vitaminas C y A». «En nuestro estudio encargado por el ARS, incluso quienes consumían 60 mg de vitamina C al día (un 20% del consumo considerado óptimo) presentaban un riesgo cuatro veces superior de cataratas. Nuestras estadísticas también confirmaron que las cataratas fueron 5,6 veces más frecuentes en quienes presentaban niveles bajos (20% por debajo de lo normal) de carotenoides en plasma sanguíneo».




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