Saltar el menú de navegación e ir al contenido
El manejo inadecuado es uno de los principales causantes de toxiinfecciones alimentarias producidas por microorganismos en el hogar

La escasez de épocas pasadas ha provocado que la tradición popular haya desarrollado recetas basadas en el aprovechamiento de las sobras. Canelones, croquetas, pudines y flanes son algunas de las preparaciones elaboradas con restos de otros platos principales, numerosos tras comidas abundantes como las de Navidad o Nochevieja.
Además del innegable valor económico, los restos de las comidas tienen un valor «sentimental» que provoca un irrefrenable deseo de guardarlas para días siguientes. Lo que en principio parece una virtud doméstica puede sin quererlo convertirse en un problema sanitario, dado que ya han pasado ya por distintas fases después de su cocinado (espera, ida al comedor y vuelta a la cocina) con los consiguientes cambios de temperatura y riesgo de contaminación por las manipulaciones recibidas que, unidos al lapso de tiempo, los hace más susceptibles de ser origen de toxiinfección alimentaria.
Una vez preparados los alimentos han de servirse de inmediato. De no ser así, han de mantenerse en frío o en caliente, según lo requiera el plato, hasta el momento del consumo, que deberá ser lo antes posible. Las temperaturas templadas favorecen el rápido desarrollo bacteriano. Pero una vez servidos, si sobran y vuelven a la cocina, los restos deben seguir unos criterios de manipulación a partir de unas básicas pero necesarias precauciones higiénicas:
A pesar de todo ello, existen algunas excepciones:
Las sobras pueden utilizarse tal cual o ser base o ingrediente de una preparación nueva. Debe tenerse especial atención al mezclar las sobras con alimentos nuevos: se aumenta la cantidad de producto y se convierte en producto de riesgo e incrementando las posibilidades de que vuelva a sobrar. Si no se pueden volver a utilizar de forma segura o tenemos la menor duda de su inocuidad es preferible deshacerse de ellas. La pérdida económica será compensada por una ganancia en salud. Igual recomendación para cualquier sobra alimentaria conservada durante demasiado tiempo, o cuyo aspecto u olor resulten dudosos.
Los alimentos y preparaciones susceptibles de ocasionar una toxiinfección no tienen por qué presentar alteraciones organolépticas (olor, sabor o color), pero un producto alterado tiene más probabilidades de ser portador de microorganismos patógenos. Antes de consumirlos tienen que recalentarse de manera uniforme hasta alcanzar al menos 70ºC lo más rápidamente posible en el centro del product. Se han de mantener a esta temperatura hasta su consumo. Las preparaciones líquidas (sopas, caldos, salsas que no se corten) deben llevarse hasta la ebullición, siempre y cuando ésta no afecte a la textura del plato.
Debe distinguirse entre el aprovechamiento de sobras de los aprovechamientos «programados», es decir, cocinar más raciones para congelar o para repetir menú al día siguiente. Si el objetivo es congelar los sobrantes, debe hacerse en el momento de prepararlos, y evitar tratar como sobras para al cabo de dos días congelar. Esta práctica resulta de alto riesgo dado que lo más probable es que la calidad higiénico-sanitaria del producto se haya visto dañada.
Si se dispone de un congelador de cuatro estrellas que permite alcanzar temperaturas menores de -18 ºC, las preparaciones pueden congelarse, siempre siguiendo las recomendaciones específicas para este procedimiento tanto para el proceso de congelación como para el de descongelación. Los alimentos así congelados han de conservarse durante un máximo de dos o tres meses. Es preferible congelar a repetir menú: se equilibra la dieta, se varían los platos sin tener que comer lo mismo y se evita que las preparaciones vaguen por la nevera sin control.
En CONSUMER EROSKI nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI