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Carne clonada para consumir

Nuevos estudios sugieren que no hay pruebas que indiquen que la carne procedente de animales clonados sea distinta a la convencional, aunque son necesarias más investigaciones

Imagen: PAUL KEMP

Desde su inicio, la clonación de animales destinados a la alimentación ha creado controversia. Son muchos sus detractores pero también quienes la apoyan. La cuestión es si, de la misma manera que los productos de los animales criados de forma convencional son fuente de alimentación, pueden serlo también los procedentes de los animales clonados. Según un dictamen científico dado a conocer el pasado mes de julio por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas), este tipo de alimentos son seguros, aunque también reconoce que los datos obtenidos resultan limitados.

Tras más de un año de trabajos, iniciados en febrero de 2007, cuando la Comisión Europea encargaba a la EFSA la evaluación de este tipo de productos, los expertos advierten ahora que, a pesar de que los resultados son del todo fiables, los estudios realizados hasta la fecha han sido a pequeña escala. Según admite en la página de la EFSA John Collins, presidente del Grupo Científico BIOHAZ, uno de los diez grupos de científicos que componen el organismo, "la carne sin riesgos proviene del animal sin riesgo". El experto reconoce además que no hay pruebas que indiquen que la carne clonada y los productos lácteos derivados de animales clonados sean distintos de los convencionales.

No obstante, los especialistas apuestan por un control más estricto de la salud y bienestar de estos animales durante todo su ciclo vital, así como durante su procesado. Esta necesidad de control radica en el hecho de que existen importantes cuestiones relacionadas con el bienestar y la salud de los clones que pueden ser más serias e importantes que para los animales criados convencionalmente.

La tecnología

Aún no existen estudios a largo plazo que certifiquen que el consumo de alimentos de clones sea totalmente seguro

La clonación, un proceso mediante el cual a partir de una célula madre se crea otra idéntica, reproduce a la perfección los aspectos fisiológicos y bioquímicos de una célula en todo el organismo. En el proceso de la clonación animal se utiliza la tecnología del ADN (ácido desoxirribonucleico, también abreviado DNA, del inglés DeoxyriboNucleic Acid) para producir múltiples copias exactas de un solo gen u otro segmento de ADN. La finalidad es crear un animal con la misma composición genética que su primogénito. Este tipo de proceso tiende a generar más cantidad de abortos espontáneos o nacimientos de animales con algún tipo de deformidad. Además, estos ejemplares padecen muchas más enfermedades y una mortalidad más elevada que el resto de los de la misma especie. Una de las prioridades es reducir el número de animales clonados enfermos a medida que la tecnología progrese.

A pesar de estas conclusiones, la EFSA afirma que los individuos clonados que sobreviven son tan sanos como los convencionales y, por tanto, si nacen sanos, su carne no representa ningún peligro para la salud. Incluso a la larga se podría permitir a los criadores introducir cepas de animales con una mayor resistencia a las enfermedades o con otras cualidades. Por el momento no hay estudios a largo plazo que certifiquen que el consumo de alimentos de clones sea totalmente seguro y, en consecuencia, no exista riesgo para la salud. Sin embargo, tanto la EFSA como la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) han dado luz verde a su comercialización.

El consumidor

De acuerdo con la polémica asociada a la ciencia de la clonación, el público en general muestra una fuerte resistencia a este tipo de productos. En ella recae un debate ético y social y una importante hazaña, que es lograr que su consumo sea habitual entre la población. Lo mismo está pasando con los alimentos modificados genéticamente. Según una encuesta realizada por la Agencia de Seguridad Alimentaria británica (FSA), el consumidor cree que el análisis de los riesgos asociados a la carne de animales clonados o a productos derivados debe ser el mismo que los asociados a la detección de sustancias nocivas. Y aun así, la especial preocupación para el consumidor es no saber exactamente qué está consumiendo y las consecuencias que esto puede provocar.

Otro aspecto que preocupa es el gasto económico que conlleva este tipo de alimentación, ya que para poder consumir la carne clonada debe haberse realizado un costoso trabajo antes. A principios de este año, un grupo de diputados pidió a la Comisión Europea la prohibición de la clonación de animales para la alimentación. Alegan el bienestar animal como principal causa de su petición. Los diputados se unieron a la reivindicación puesta en marcha por el Grupo Europeo de Ética y Nuevas Tecnologías (EGE) que en el mes enero emitió una declaración en la que afirmaban que "no existen argumentos convincentes para justificar la producción de alimentos procedentes de clones y de su descendencia".

Argumentan que la clonación no es el sistema más adecuado para obtener alimentos y añaden que los problemas de salud de los animales y el sufrimiento que padecen no están éticamente justificados. La EGE cuestiona las explicaciones de los informes científicos y se muestra prudente ante tal novedad. Pide que los alimentos estén claramente identificados con etiquetas para que sea el consumidor quien decida consumirlos o no.

EN EL ÁMBITO EUROPEO

Imagen: Samuel Rosa

Desde la UE se ha presentado una propuesta para revisar las normas en referencia a la aprobación de los llamados nuevos alimentos, entre ellos los productos procedentes de animales clonados, y facilitar así su comercialización. La UE valorará si hacen falta cambios legislativos en este ámbito y si debe aclararse el marco legal aplicable a la posible comercialización de los alimentos derivados de animales clonados o su descendencia, así como la conveniencia de una nueva legislación.

La regulación no incluirá los productos con organismos modificados genéticamente (OMG) ya que la UE tiene ya una reglamentación específica para este tipo de alimentos, los transgénicos. No obstante, Bruselas, antes de tomar una posición definitiva ante la libre comercialización y el libre consumo de estos productos, esperará a tener los resultados de una encuesta que se efectuará este año entre los ciudadanos europeos, tradicionalmente muy reticentes a su consumo.


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