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Mercurio en alimentos

Una de las formas más tóxicas, el metilmercurio, se acumula en grandes depredadores marítimos como el tiburón o el pez espada

Imagen: FreeCat

El mercurio está presente en el medio ambiente de manera natural, fruto de la erosión de las rocas que lo contienen o de los residuos que generan las erosiones volcánicas. La actividad humana también puede aumentar su cantidad y elevar el riesgo de contaminación (combustión de petróleo y carbón, elaboración de cemento o extracción de oro). El mercurio adquiere distintas formas, como la orgánica denominada metilmercurio, la más peligrosa, que se detecta sobre todo en los grandes depredadores como el tiburón o el pez espada. La exposición a este compuesto a través del pescado no supone un riesgo para la salud, ya que los niveles son inferiores a los considerados como seguros, aunque ciertos grupos de población deben tomar medidas de prevención.

El pescado, el marisco y los moluscos son la principal fuente de mercurio. Las grandes concentraciones de metilmercurio se encuentran en los depredadores más grandes como el tiburón, atún o pez espada. Por el contrario, otros con menor cantidad de mercurio son los camarones, el bagre o el salmón. En la carne y la fruta también se pueden detectar concentraciones de mercurio, aunque en su forma inorgánica, en menor medida y menos tóxica.

En 2003, la Comisión Europea evaluó la exposición al metilmercurio de la población europea. Tras la revisión, constató que el consumo medio diario variaba entre los 10 gramos por persona en los Países Bajos y los 80 gramos contabilizados en Noruega. Las diferencias de consumo entre los países europeos se deben a las distintas tendencias de consumo: en el sur de Europa se ingieren especies marinas distintas a las consumidas en el norte, como el atún o el pez espada, un hábito que aumenta de forma indirecta la ingesta de mercurio de los consumidores.

Grupos más vulnerables

La exposición a metilmercurio a través de la dieta es inferior a la ingesta diaria admisible

Según los estudios diseñados de forma específica para establecer la ingesta de contaminantes en la dieta típica de un consumidor base, comer pescado no supone un riesgo para la salud, respecto a la presencia de metilmercurio, ya que la exposición a este compuesto es inferior a la ingesta diaria admisible otorgada por el Comité Mixto de la FAO y la OMS.

Sí hay dos grupos más vulnerables de riesgo que se acercan o superan un poco los niveles de seguridad toxicológica, como los niños y las mujeres embarazadas, para quienes se han establecido algunas recomendaciones, como evitar el consumo de los grandes depredadores, como el atún, tiburón y pez espada, durante esta etapa.

Niveles seguros

El Comité Mixto OMS/FAO de Expertos en Aditivos Alimentarios ha evaluado en varias ocasiones la presencia de mercurio en los alimentos. La última de ellas establece una ingesta diaria semanal tolerable de mercurio de 5 microgramos/kg de peso corporal. De ellos, un máximo de 1,6 microgramos/kg corresponden al metilmercurio. Esta ingesta se calculó a partir de la ausencia de efectos secundarios en el desarrollo mental de los niños de cuatro a siete años y de madres procedentes de las islas Feroe y Seychelles, cuya dieta está basada sobre todo en pescado con riesgo de elevadas concentraciones de mercurio.

La Comisión Europea pidió meses más tarde a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estudiar de nuevo estas evaluaciones del riesgo en los consumidores y hacer hincapié en la necesidad de obtener datos más precisos en las mujeres en edad de procrear. La Comisión aconseja también que las autoridades nacionales establezcan recomendaciones de consumo de pescado en los grupos de población más vulnerables, no solo mujeres embarazadas, sino recién nacidos y niños de temprana edad.

EFECTOS TÓXICOS

El metilmercurio es la forma más toxica de mercurio que absorben los organismos vivos. Se deposita en lagos y ríos, se ingiere por el fitoplancton, pasa al zooplancton y se acumula en los peces, sobre todo en las especies que gozan de una larga vida, como el tiburón, el pez espada, grandes atunes o caballas. En altas dosis, el metilmercurio puede ser muy tóxico para el sistema nervioso, sobre todo para el cerebro en desarrollo, cuya sensibilidad a los efectos del metilmercurio es más extrema. También puede provocar problemas conductuales de carácter leve, alteraciones del lenguaje, pérdidas de memoria y hasta retrasos en el desarrollo general.

Según la Organización Mundial de la Salud, el metilmercurio es uno de los seis compuestos químicos más peligrosos detectados en el medio ambiente. En un adulto, la intoxicación por metilmercurio se caracteriza por la degeneración focal de las neuronas, un desgaste de las mismas que puede causar graves problemas de memoria, temblores o disturbios sensoriales, entre otros. En el feto, los efectos suelen ser mucho más graves ya que son más susceptibles al químico: pueden suponer un retraso leve en el desarrollo, una parálisis cerebral severa o, incluso, provocar su muerte.

De acuerdo con los datos ofrecidos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), hay evidencias de que la exposición al metilmercurio puede causar esta enfermedad. Según los expertos, este compuesto es un posible carcinógeno para el ser humano.


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