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Algas en el espacio

Expertos estadounidenses envían algas al espacio con el fin de encontrar nuevas formas de producción de alimentos en ambientes extremos

Imagen: Wikimedia

Desde hace años se investigan procedimientos y métodos que permitan a los astronautas producir alimentos en órbita. El cultivo espacial de plantas se perfila como una fórmula para que las tripulaciones puedan reducir la cantidad de alimentos que deben llevar en cada misión y alargar su duración; pero también para estudiar nuevas maneras de fabricar alimentos en ambientes extremos. Una de las últimas indagaciones es la presentada por un grupo de expertos del Servicio de Investigación Agrícola estadounidense (ARS), que ha enviado algas al espacio para analizar los efectos de este medio sobre la fotosíntesis y el crecimiento de plantas. El artículo explica los primeros resultados del comportamiento de las algas en condiciones de microgravedad y cuáles son los retos de la producción de alimentos.

El cultivo de plantas en el espacio aporta numerosos beneficios. Por un lado, proporciona alimento para toda la tripulación y, por otro, mejora la calidad del aire interior. Desde hace años son varias las investigaciones que trabajan para determinar cómo son los mecanismos de crecimiento de las plantas en este medio. El objetivo es conseguir que los astronautas, cuya alimentación ya ha mejorado mucho en los últimos años, dispongan de alimentos frescos en misiones largas. Además de tenerse en cuenta aspectos como la seguridad, la higiene y la calidad de la alimentación de los astronautas, también se pretende dar importancia a los aspectos más organolépticos.

Algas y microgravedad

Ahora, y como parte de una investigación financiada por la Agencia Espacial Europea y desarrollada por expertos del Servicio de Investigación Agrícola de EE.UU. (ARS), se han enviado algas para analizar los efectos del espacio sobre la fotosíntesis y el crecimiento de plantas.

Los expertos estudian los efectos de la microgravedad en la fotosíntesis y crecimiento de las plantas

La planta elegida para realizar el estudio ha sido el Chlamydomonas reinhardtii, un alga verde de una sola célula que se usa sobre todo como organismo modelo en numerosos campos de la biología. Se ha demostrado que esta alga puede vivir en diversos entornos en todo el mundo y se adapta a la oscuridad total. Tras pasar 15 días en órbita en cámaras herméticas, los expertos intentaron garantizar condiciones de temperatura y de luz que permitieran el crecimiento de la planta.

Además, con esta investigación se ha pretendido determinar los efectos de la microgravedad, los rayos cósmicos, las partículas de alta energía y la radiación ionizante del espacio en la fotosíntesis y el desarrollo de las plantas. En algunos casos, se ha comprobado que el entorno espacial inhibe la capacidad de crecimiento de C. reinhardtii, aunque en el caso de dos de las cepas estudiadas estas han conseguido florecer.

Los retos de la producción de alimentos

El principal reto de los investigadores, que tienen previsto continuar con el estudio y completar los primeros resultados obtenidos, es producir cultivos con mayor rendimiento en ambientes extremos, como los desiertos, y satisfacer así la demanda de productos agrícolas. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se calcula que para el año 2050 deberá abastecerse a una población mundial de 9.000 millones de personas. Se estima que para 2050, siempre que se mantengan las predicciones de la FAO, la producción mundial de alimentos deberá aumentar un 70%.

Pero el reto es aún mayor si se tienen en cuenta los efectos del cambio climático sobre la productividad agraria. En los últimos años, sequías, inundaciones y pérdidas de cosechas comprometen el acceso a los alimentos para una gran parte de la población. Pero va más allá del simple abastecimiento, porque también tiene influencias negativas en la calidad e inocuidad de los alimentos. Algunos estudios avalan el incremento de la contaminación química y microbiológica debido a las variaciones en las formas de producción agrícola.

Dentro de este contexto, el uso de nuevas tecnologías agrarias, que se adapten a las distintas circunstancias, es un factor clave para aumentar la productividad agrícola y, por tanto, poder alimentar, de manera segura, a toda la población. Investigaciones como la que acaban de presentar ahora los expertos del ARS son fundamentales, puesto que la innovación tecnológica en el ámbito de la agricultura es muy grande. Por tanto, el reto de duplicar la producción de alimentos en todo el mundo consistirá en invertir en ciencia y tecnología.

Algunas medidas iniciadas en este campo son la creación de variedades más resistentes a los factores ambientales o la modificación genética, que pueden convertirse en una gran aliada para diseñar plantas más resistentes a plagas. También es importante investigar en el desarrollo de nuevas variedades de cultivo con mayor rendimiento, pero que necesiten menos agua o fertilizantes.


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