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Consumo seguro y hábitos alimentarios

Los hábitos alimentarios han cambiado de forma sustancial. Nuevos productos, formulaciones o presentaciones, se han sumado a unos ritmos de vida que en nada recuerdan a los de hace unos pocos años. Los cambios de hábitos, fruto de los nuevos tiempos, han alterado también las percepciones de riesgo y seguridad.

  • Autor: Por JUAN RAMÓN HIDALGO
  • Última actualización: 19 de febrero de 2002

Consumo seguro y hábitos alimentarios

Nuestro horario de trabajo no nos permite la mayor parte de las veces acudir a nuestro domicilio a comer; y cuando lo hacemos, las prisas o el cansancio nos determina, frecuentemente tener que acudir a un plato preparado o a una comida recalentada. Los más pequeños de la casa pasan el día fuera, a veces, acostumbrados a compartir el patio con una pasta o pastelito, y el mediodía a enfrentarse a un menú servido por una empresa de catering. Las compras de alimentos ya no pueden realizarse diariamente, a excepción de los productos "más frescos" como el pan o la bollería, y se espacian en el tiempo, no siendo siempre adecuada su conservación en el domicilio.

Este cambio evidente de hábitos alimentarios puede influir de forma directa en un aspecto básico de la seguridad alimentaria: la salud de las personas. Ello no quiere decir que los nuevos productos por sí mismos sean perjudiciales, o que las comidas fuera de casa o los platos preparados presenten mayores riesgos que la comida casera. Sin embargo, el consumidor está más expuesto, y es más vulnerable, a los riesgos que pudieran aparecer en el nuevo ámbito que se le dibuja, dependiendo del correcto control de terceros en todo aquello que consume. Del mismo modo, cabe preguntarse si el consumidor está convenientemente informado y preparado para afrontar la nueva situación que debe asumir con respecto a los alimentos que consume, ya sea en el momento de la compra, de su traslado al domicilio, en su preparación, en su manipulación o en su conservación.

El conocimiento de los riesgos que pueden incidir sobre los alimentos o la percepción que de ellos tiene el consumidor son factores que influyen en el consumo alimentario. No siempre los riesgos percibidos por el consumidor se corresponden con los riesgos científicamente probados. Así, un consumidor puede considerar más inseguro un alimento tratado con pesticidas o herbicidas, o un alimento irradiado, que un alimento "natural" deficientemente conservado, que presente una intoxicación bacteriana, aunque pudiera ser esta última potencialmente más peligrosa para la salud del consumidor. No cabe duda de que una mayor información y formación del consumidor con respecto a los riesgos alimentarios determinará una mayor aproximación entre la percepción social del riesgo y el riesgo real.

La normativa reguladora de la seguridad alimentaria ha mostrado su preocupación por conseguir una mayor confianza del consumidor frente a los productos que consume. Los nuevos tiempos determinan un nuevo concepto de seguridad alimentaria que va a estar indisociablemente unido a la confianza del consumidor y a las expectativas de que los productos que ingiere no sean perjudiciales para su salud. El nuevo concepto va a ser, por tanto, evolutivo y va a depender de la confianza y de las expectativas sobre inocuidad que en cada momento tenga el consumidor. Y ello no va a depender, exclusivamente, de cuestiones científicas con respecto al riesgo, sino también de cuestiones psicosociales. El consumidor puede llegar a considerar como más seguro un producto que ha sido sometido a control por parte de las autoridades públicas más próximas, sin atender a otras consideraciones.

La seguridad de un alimento, por tanto, puede depender tanto del conocimiento del riesgo que tenga el consumidor, como del grado de aceptabilidad del riesgo por parte de éste, como de la confianza del consumidor frente a los alimentos que ingiere.

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