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Juicio estadounidense por grasas trans

EEUU mantiene la actividad judicial para que determinadas empresas alimentarias se abstengan de usar las grasas trans o informen al consumidor de los posibles riesgos

El pasado 16 de mayo de 2007 el Centro para la Ciencia en Interés Público (CSPI, en sus siglas inglesas) presentaba ante la Corte Superior del Distrito de Columbia, en Washington, una demanda civil contra Burguer King Corporation por el uso de aceites que contienen grasas parcialmente hidrogenadas. Las pretensiones de la demandante pretenden que Burguer King se abstenga de utilizar este tipo de sustancias en sus productos o que, en su defecto, informe al consumidor de los riesgos que representa su ingesta para la salud del consumidor.

El principal argumento utilizado por el CSPI es que con el uso de estas grasas se está incrementando, de forma consciente, el riesgo de enfermedades cardiovasculares y muerte temprana. Todo ello cuando sus principales competidores ya han reemplazado el producto o se han comprometido a hacerlo en un breve plazo; y Burguer King, según la demanda, es la única cadena de restaurantes de comida rápida que se ha negado, de momento, a eliminar de su menú este tipo de grasas.

De momento, y a fin de proteger los derechos del consumidor en EEUU, tanto Nueva York como Filadelfia fueron hace unos meses las primeras ciudades estadounidenses en prohibir por ley el uso de estas grasas en sus restaurantes. En las poblaciones donde todavía esto no ha ocurrido tan sólo queda acudir a los tribunales de justicia.

Antecedentes judiciales

Hace algunos años, la popular galleta Oreo fue llevada a juicio por considerar que entre sus ingredientes, no anunciados, figuraba uno, el ácido transgraso, que era potencialmente peligroso para la salud del consumidor. La demanda fue presentada ante la Corte Superior del Condado de Marin en San Francisco para que el tribunal decidiera prohibir la comercialización de tan popular galleta.

Algunas empresas de restauración rápida se han comprometido a eliminar las grasas trans de sus menús La sospecha de que el aceite vegetal hidrogenado presente en su contenido podía ser peligroso para la salud otorgaba la base científica de la demanda, avalada, según refería el letrado, por las consideraciones de la Academia Nacional de Ciencias y la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), y la opinión científica, que determinaban que su ingesta podía aumentar procesos inflamatorios y elevar la cantidad de colesterol y de grasa con potenciales obstrucciones arteriales, entre otros problemas.

La Ley californiana determinaba que los fabricantes eran responsables de la falta de información de sus productos si no hacían mención de los peligros que puede comportar su consumo. Al final se llegó a un acuerdo y finalmente la demanda fue retirada. La empresa aceptó la vía de advertir de los posibles riesgos de sus productos a los consumidores de forma voluntaria o bien de cambiar la formulación del producto.

En 2003, la organización Ban Trans Fat, con sede en California, presentó una demanda contra McDonald?s en respuesta a un anuncio publicado por una cadena de televisión el año anterior acerca de la progresiva retirada de los aceites hidrogenados en la elaboración de las patatas fritas.

La cadena de comida rápida estadounidense aceptó pagar 8,5 millones de dólares (unos 6,5 millones de euros) para evitar el juicio por la demanda relativa a la utilización de ácidos grasos insaturados (conocidos como trans fat o grasas trans) y la falta de información que recibe el consumidor sobre la misma. En virtud del acuerdo alcanzado, McDonald's tomó el compromiso de pagar 7 millones de dólares a la Asociación Americana del Corazón, destinada a financiar una campaña de sensibilización a los consumidores. Además, la compañía gastaría 1,5 millones más en informar sobre el estado de sus esfuerzos para retirar los trans fat de sus productos.

Una cuestión que no ha estado exenta de dificultades debido a las propiedades de estas sustancias en el negocio de la restauración rápida. La sustitución de las grasas utilizadas en el proceso presentaba ciertas complejidades. La compañía de comida rápida es una de las que se ha comprometido a eliminar dichas sustancias de sus menús o están planeándolo seriamente.

Una cuestión de salud

La demanda planteada contra Burguer King pone de manifiesto que las grasas trans son perjudiciales para la salud de quienes consumen productos alimenticios que las contienen. El CSPI considera que las grasas trans tienen efectos fisiológicos adversos severos. Las grasas trans son grasas sólidas producidas artificialmente por el calentamiento de aceites vegetales en presencia de catalizadores metálicos e hidrógeno.

Este tipo de sustancias se producen comercialmente en grandes cantidades para solidificar aceites vegetales y provocan un aumento del nivel de colesterol LDL (el colesterol malo) en la sangre, y hacen disminuir el nivel del colesterol bueno (HDL). La cuestión es que tales hechos afectan a las paredes de los vasos sanguíneos y da lugar a un incremento de riesgo de enfermedades coronarias, además de incrementar el riesgo de diabetes. Alrededor del 80% de las grasas trans consumidas en EEUU provienen del aceite vegetal hidrogenado.

El hecho es que cuando a partir de 1990 fue generalizándose su uso en el ámbito de la restauración rápida y en otros ámbitos alimentarios, las grasas trans no eran consideradas perjudiciales para la salud como sí lo eran otro tipo de grasas animales utilizadas hasta la fecha. Sin embargo, nuevas investigaciones determinaron que esta grasa era más dañina que otras utilizadas en el ámbito alimentario. Así, la Escuela de Salud Pública de Harvard realizó un informe sobre las consecuencias positivas respecto a la eliminación de las grasas trans en la salud de la población.

Investigaciones más recientes determinan que la eliminación de las grasas trans en el ámbito industrial podría evitar entre 72.000 y 228.000 muertes al año en EEUU. En 2003 la Academia Nacional de Ciencias y el Instituto de Medicina recomendaron a los consumidores que consumieran las menos grasas trans que fuera posible. La FDA informaba en 2004 sobre las características perjudiciales de este tipo de sustancias. Otras asociaciones científicas vinculadas a enfermedades cardíacas, como la Asociación Americana del Corazón, recomendaban una ingesta de grasas trans inferior al 1% del total de calorías consumidas diariamente; consideran que no debe consumirse más de dos gramos de estas grasas en una dieta de dos mil calorías diarias.

UN RIESGO NO INFORMADO

Otro de los pilares básicos de la nueva demanda planteada contra Burguer King reside en la infracción del derecho de información del consumidor sobre la presencia de grasas trans en determinados productos y a los riesgos que su consumo pueden generarle. De hecho, denuncian que los consumidores no tienen posibilidad de tener información sobre qué productos de los consumidos contienen grasas trans. Los consumidores son incapaces de detectar con la vista, el gusto o el olfato si los productos que consume han sido o no cocinados con este tipo de sustancias, pues a pesar de que a temperatura ambiente se mantienen en estado sólido o semisólido, en el equipo de fritura aparece en estado líquido y se asemeja a otro tipo de aceite.

El CSPI considera que los productos así elaborados y cuyos riesgos no son advertidos a los consumidores son productos inseguros y no aptos para el consumo según las leyes del Distrito de Columbia, que es donde se ha presentado la demanda. Los consumidores, ante la omisión de la información, no tienen forma de protegerse. De momento, la solución judicial es la única vía en EEUU para conseguir que determinadas empresas de alimentación eliminen en su proceso de elaboración este tipo de sustancias perjudiciales para la salud, máxime si así lo han hecho la mayoría de empresas del sector o se han comprometido seriamente a ello, o bien para que se vean compelidas a informar al consumidor sobre los riesgos derivados de la ingesta de estos productos.

En algunos casos el legislador se ha adelantado a los jueces, prohibiendo el uso de estas grasas en sus restaurantes, como ha pasado recientemente en las ciudades de Nueva York y Filadelfia. Las medidas adoptadas por la FDA para obligar a las compañías a indicar la cantidad de ácidos grasos trans se consideran insuficientes para proteger adecuadamente al consumidor, pues no se informa al consumidor de los riesgos derivados del consumo de este tipo de sustancias.

A nivel internacional, Dinamarca fue el primer país en obligar en 2003 a las empresas a informar en las etiquetas de sus productos el contenido de grasas trans. Otras iniciativas, como la argentina, que con la ayuda de las intervenciones y según datos extraoficiales, han logrado disminuir desde 2006 un 40% la producción industrial de grasas trans, contribuyen de forma generalizada a disminuir los riesgos derivados de su consumo. La Asamblea Mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha difundido nuevas recomendaciones globales sobre dieta, actividad física y salud, entre las que incluye «eliminar los ácidos grasos trans».




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