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Bioenergía y seguridad alimentaria

Diversas organizaciones internacionales estudian la relación riesgo-beneficio entre la producción de bioenergía y la seguridad alimentaria en el mundo

El maíz mexicano

Como antecedente más inmediato podemos ilustrar lo sucedido en México a finales de 2006 y principios de 2007, como expone el informe de la FAO de 2007. El hecho es que el precio interno de productos alimenticios derivados del maíz (que se usa como ingrediente principal de la dieta mexicana) aumentó considerablemente como consecuencia de un incremento de los precios internacionales del maíz. La situación afectó de forma grave a la población que utilizaba el maíz en una mayor proporción y que disponía de más bajos recursos económicos.

A pesar de que México era autosuficiente con respecto a la producción de maíz a comienzos de la década de los 80, con la aplicación de tratados de libre comercio, políticas desfavorables al sector agrario mexicano y a subsidios a productores estadounidenses, pasó a ser importador de gran parte de su consumo de maíz: aproximadamente el 30% del maíz amarillo y el 25% del maíz blanco provienen de Estados Unidos.

Las consecuencias perjudiciales vinieron cuando el índice del precio del maíz a nivel mundial aumentó un 31% entre julio de 2006 y junio de 2007. Entre las causas de este aumento se encuentra la caída de la cosecha estadounidense debido a la sequía, pero también en la mayor demanda de maíz para la producción de etanol. Como dato significativo cabe exponer que la demanda para producir etanol en Estados Unidos ha pasado de 25 millones de toneladas para el 2003, a cerca de 54 millones de toneladas para el 2007 (20% de la producción interna). El aumento del precio del maíz llevó a productores ganaderos a buscar forrajes alternativos, lo que impulsó también el precio de otros granos.

La FAO y su Plataforma Internacional de Bioenergía

La propia FAO ha preparado una Plataforma Internacional de Bioenergía (IBEP) para ofrecer los nexos decisivos y facilitar la transición hacia un futuro de energía sostenible, acoplando los beneficios locales con los mundiales y teniendo en cuenta el bienestar de las futuras generaciones. Sin embargo, son conscientes de que es necesario más investigación y asistencia técnica en estas áreas aprovechando el potencial para maximizar las oportunidades derivadas de la producción de bioenergía y minimizar los riegos de afectar negativamente la seguridad alimentaria.

Si bien es cierto que en los últimos tres decenios, la bioenergía ha sido parte integral de la labor de la FAO, no ha sido hasta fechas recientes cuando puso en marcha un proceso para entregar políticas directas y asistencia técnica en el campo a los países miembros, movilizando su experiencia interdisciplinaria en cuestiones de bioenergía, que van desde consideraciones de agronomía, uso de la tierra, género, tecnología, industria y medio ambiente. La primera consulta técnica, celebrada en Roma entre el 16 y el 18 de abril de 2007, contribuyó a entender mejor la forma en que los sectores de la bioenergía pueden representar tanto riesgos como oportunidades para la seguridad alimentaria. Hubo consenso general en que si bien el desarrollo de la energía podría comprometer la seguridad alimentaria y producir daños ambientales, también puede ser una fuerza positiva que contribuya a dar mayor bienestar a la población rural de todo el mundo, en particular si los gobiernos y la sociedad civil se hacen cargo de los aspectos ambientales y de la seguridad alimentaria.

La materia prima

Los expertos consideran que la disponibilidad de alimentos puede disminuir si no se equilibra el aumento de la demanda de materia prima de cultivos alimentarios para producir bioenergía con una producción agrícola mayor o pautas de uso de la tierra destinadas a incrementar la superficie para producir alimentos. Los precios de los productos agrícolas se han resentido también de los efectos del aumento de la demanda de materia prima para producir biocombustibles, en particular el azúcar, el maíz y las semillas oleaginosas, factor que puede ser negativo para los consumidores pobres, en particular si el aumento de la demanda de biocombustibles ejerce presión sobre los precios de los alimentos y modifica las pautas de uso de las tierras. Además, los países importadores netos de energía y alimentos pueden afrontar problemas todavía mayores en el futuro.

Para la FAO son necesarias nuevas formas de aumentar la producción de alimentos y combustibles, y propone la rotación de los cultivos para obtener energía con cultivos alimentarios, ya que podría incrementar los rendimientos y la resistencia contra las enfermedades y las plagas, a la vez que añadir valor y diversificación a los productores. La organización internacional de referencia tiene claro que el potencial de bioenergía puede asociarse tan estrechamente al aumento de la eficiencia agrícola como a la seguridad alimentaria. La Plataforma Internacional de Bioenergía (IBEP) presentará y debatirá el marco analítico preliminar, la investigación de apoyo y la orientación inicial durante la Segunda consulta técnica de la FAO sobre bioenergía y seguridad alimentaria, que se llevará a cabo durantes los días 29 a 31 de octubre de 2007.

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