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Los alimentos transgénicos

Percepción social

Un porcentaje elevado de los desarrollos obtenidos hasta la fecha se han conseguido en los laboratorios de las compañías multinacionales de la agroalimentación. Son las mismas compañías que venden las semillas o los alimentos convencionales. No se han creado compañías nuevas para vender los alimentos transgénicos. Algunas de ellas dicen que los alimentos transgénicos acabarán con el problema del hambre en el mundo. Pero este problema -se podría hablar del principal problema alimentación mundial- ya se puede solucionar repartiendo los excedentes alimentarios. En otras palabras, no es un problema científico sino político.

Las grandes compañías no trabajan en los desarrollos que afectan a países del Tercer Mundo. Ha sido en laboratorios públicos donde se han construido variedades de papaya capaces de crecer en suelos ácidos y donde se han diseñado alimentos que actúan como vacunas, o las variedades de arroz transgénico anteriormente comentadas que, al contener provitamina A y hierro, podrían ser capaces de solventar los problemas de avitaminosis y carencia de este metal en zonas subdesarrolladas, donde este cereal es la base de la dieta.

Todo esto demuestra que centrar el debate de los alimentos transgénicos en una campaña contra las multinacionales es, cuanto menos, una ingenuidad con un cierto grado de perversión.

Algunos interrogantes más

Otra de las cuestiones que se podría plantear hace referencia a la opinión del consumidor en relación a los alimentos transgénicos. Aunque se han llevado a cabo muchas encuestas, la heterogeneidad de las poblaciones encuestadas, del tipo de encuesta o de las preguntas, han dificultado la obtención de tendencias entre consumidores de distintos países. Además, las opiniones varían en función del tiempo. A pesar de esto, es posible concluir que, en primer lugar, hay un desconocimiento profundo sobre qué es un alimento transgénico; en segundo lugar, existe cierto rechazo a los alimentos transgénicos animales y una mayor aceptación de los vegetales o fermentados, sobre todo si la modificación genética afecta al consumidor. En tercer lugar, los consumidores están unánimemente a favor del etiquetado de estos alimentos.

En resumen, los alimentos transgénicos son una realidad incuestionable que en la actualidad constituyen un problema económico en Europa. Todos los colectivos implicados en el debate sobre su comercialización tienen sus intereses: las compañías multinacionales que los venden y lo quieren hacer cuanto antes, las organizaciones ecologistas con estructura de multinacional que se oponen a su comercialización, los científicos que trabajan en organismos públicos y ven peligrar su tema de trabajo y los periodistas que han encontrado en este tema un filón de noticias sensacionalistas.

¿Qué hará el consumidor? Es difícil predecir, pero dependerá de la respuesta de la clase política europea frente a la presión social de los grupos que se oponen versus la presión económica de las compañías productoras, la posición que adopten los medios de comunicación y la posible aparición en el mercado de alimentos transgénicos cuya mejora favorezca al consumidor e implique beneficios sanitarios, por ejemplo un trigo con poco gluten. En cualquier caso, merece la pena finalizar estas líneas preguntando: ¿podemos mantenernos al margen de estos desarrollos?

En la actualidad un solo tipo de maíz transgénico, cultivado mayoritariamente en nuestro país, el maíz Bt, está autorizado como cultivo comercial en la UE. Mientras los países miembros no se ponen de acuerdo sobre la autorización de otros productos transgénicos, algunos países como Francia y Alemania hacen uso de la cláusula de veto y prohíben su cultivo en el país.

TRAZABILIDAD Y ETIQUETADO

Como respuesta a la inquietud y las reticencias mostradas por algunos ciudadanos, Europa ha desarrollado una estricta legislación que avala la seguridad de los alimentos que pudieran contener productos obtenidos con variedades transgénicas. Así el reglamento (CE) Nº1830/2003, de 22 de Septiembre de 2003, relativo a la trazabilidad y al etiquetado de organismos modificados genéticamente y a la trazabilidad de los alimentos y piensos producidos a partir de éstos establece que todos los alimentos y piensos que proceden de organismos modificados genéticamente (OMG) deberán indicarlo en su etiqueta. También hay que etiquetar los aditivos alimentarios elaborados a partir de microorganismos modificados genéticamente y los piensos deberán especificar si contienen o proceden de OMG. Sin embargo, productos de segunda o tercera generación como la leche de vacas alimentadas con piensos transgénicos o el cuajo modificado genéticamente para elaborar quesos no tendrán etiquetas que lo especifiquen, así como aquellos que contengan porcentajes inferiores los establecidos por la ley.

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