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Origen, procedimiento de obtención, color, fluidez y sabor son algunas de las principales características que intervienen en la clasificación de la miel. En este producto, las principales contaminaciones son la flora bacteriana y fúngica de las abejas, así como las posibles contaminaciones que se puedan producir durante el proceso de extracción y manipulación.
Las impresiones que provocan los alimentos que consumimos en nuestros sentidos determinan nuestra aceptación o rechazo hacia ellos y nos ayudan a evaluar la calidad de un producto alimenticio. Por este motivo el sector alimentario persigue día a día satisfacer el gusto de los consumidores.
Pero la aceptabilidad de un alimento, por parte de los consumidores, no viene sólo determinada por las características organolépticas del mismo, sino que también influyen factores como, por ejemplo, los condicionamientos culturales, la disponibilidad del producto y la economía familiar.
Técnicamente, el consumidor poco conoce de las condiciones higiénicas y sanitarias de los alimentos, aspectos que son muy importantes ya que su incumplimiento podría incidir seriamente en su salud. Es por ello que se regulan, en la medida de lo posible, las características físico-químicas, microbiológicas y sanitarias del producto, desde la producción hasta el momento del consumo.
Si centramos estas características en el caso de la miel sabemos que no todas son iguales. Factores como su origen, procedimiento de obtención, presentación o destino determinan su clasificación.
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