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La seguridad alimentaria va calando poco a poco en la opinión pública. En una sociedad cada vez más global, términos como calidad y seguridad integral están siendo rápidamente aceptados, a la par que exigidos. Responsabilidad, riesgo y prevención son los nuevos retos a los que los distintos agentes implicados deben dar respuesta.
El concepto de seguridad en los alimentos surge, en buena medida, de la combinación de principios propios de la higiene alimentaria, en esencia la obtención, comercialización y venta de productos que no supongan ningún riesgo para la salud, con el mantenimiento de su valor nutritivo y la presentación, además, de un aspecto agradable. De los tres principios de la higiene, la seguridad alimentaria se ocupa especialmente del primero de ellos, es decir, que los alimentos, independientemente de sus características, calidad, y por tanto, aceptación por parte de los consumidores, no suponga en sí mismo un peligro para la salud. Dicho de otro modo, que los productos que consumimos sean sanos.
En este punto, no obstante, hay que matizar, puesto que el riesgo cero no existe. ¿Debe el consumidor aceptar un eventual peligro? Si es consciente y libre para tomar sus decisiones, una información adecuada debería permitirle decidir si asume o no el riesgo. Este es el caso, por ejemplo, del consumo de alcohol, una práctica que puede acarrear efectos nocivos para la salud dependiendo de las cantidades y tipos, o de prácticas antihigiénicas como la elaboración de algunos alimentos en el ámbito doméstico, de conservas caseras o de quesos con leche no pasteurizada.
De acuerdo con la definición anterior, el principio de seguridad alimentaria debe conseguir, entre otros aspectos, que durante toda la cadena alimentaria no se acumule ningún agente, tanto de tipo biológico como químico, que suponga un riesgo para la salud del consumidor. Por supuesto, este objetivo supone un conocimiento constante de la situación de la industria pero no sólo a nivel local. La globalización económica implica que cualquier empresa, con los suficiente recursos, puede comprar materias primas o exportar sus productos a cualquier país del mundo.
Responsabilidad
De acuerdo con este planteamiento, la responsabilidad en materia de seguridad alimentaria no recae en una única entidad o institución. Por tanto, no sería correcto considerar siempre responsable último a las diferentes administraciones, pero tampoco en exclusiva a las empresas alimentarias. Por el contrario, la responsabilidad debe considerarse a diferentes niveles:
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