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José Antonio Rodríguez Tarodo, presidente del Comité de Legionela de Atecyr: «Hay muchas instalaciones de riesgo sin el tratamiento adecuado»

  
José Antonio Rodríguez Tarodo, presidente del Comité de Legionela de Atecyr
Comienza el calor y con él prolifera la legionela, la bacteria amante del agua caliente y que desde hace tres años trae de cabeza a industrias y administraciones. José Antonio Rodríguez Tarodo, ingeniero químico y presidente del Comité de Legionela de Atecyr, la asociación de instaladores de España, que agrupa a más de 1.000 técnicos, asegura que en verano continuará habiendo casos de legionela, en parte por las mejoras en el diagnóstico de la enfermedad, pero también porque continúa habiendo muchas instalaciones de riesgo sin el tratamiento adecuado. El experto sostiene que la nueva norma que prepara el Ministerio de Sanidad puede contribuir a frenar la aparición de grandes brotes epidémicos.

  • Autor: Por RAFAEL MÉNDEZ
  • Última actualización: 2 de octubre de 2003

En 2001 hubo 1.404 casos confirmados de legionelosis, 650 de ellos en Murcia. Poco después se aprobó un real decreto para prevenir la enfermedad, pero en 2002 hubo 1.406 casos más. ¿Qué pasa con la enfermedad?

Hay expertos que dicen que en realidad los casos se han reducido en los últimos años y que lo que pasa es que desde 1999 hay un análisis de orina que detecta legionela en dos horas y que está muy extendido. Mucha gente cuenta que su abuelo murió por una neumonía extraña. Pues es posible que fuera legionela y que no la hubieran diagnosticado.

Los expertos critican la norma de Sanidad y aseguran que no se ha reducido la enfermedad, ¿han sido dos años perdidos?

No, se ha avanzado mucho.

¿Gracias al real decreto o por el miedo de las empresas a causar un brote epidemiológico y enfrentarse a la justicia?

Por las dos cosas. Pero sin el real decreto, muchas empresas no hubieran dedicado el mismo dinero. La legionela no es nueva, se conoce desde hace años, pero apenas se hacía nada para prevenir los brotes. En 1996, por ejemplo, cuando ocurrió el brote en Alcalá de Henares, ya contábamos con los conocimientos técnicos, pero sólo se abordaba el mantenimiento mecánico de las instalaciones. Si la gente cumple la norma se pueden evitar muchos brotes pero existen muchas instalaciones de riesgo sin el tratamiento adecuado y sin planes de prevención adecuados, por lo que seguirá habiendo casos y volverá a haber brotes.

¿Cuáles son esas instalaciones de riesgo?

Depende de la localización. Las torres de refrigeración tienen un alto riesgo potencial, pero también los sistemas de agua caliente sanitaria con acumulador o las fuentes ornamentales. El riesgo depende de tres factores: el primero es la llegada de la bacteria al sistema: la legionela no nace en las instalaciones sino que siempre llega desde el exterior. Las instalaciones conectadas a una red de suministro de agua tienen riesgo de que la bacteria entre en ellas. El segundo factor para evaluar el riesgo de las instalaciones es que el sistema tenga unos niveles de temperatura o de substratos alimenticios adecuados para el desarrollo de la bacteria. Es decir, que sean un hábitat propicio para su desarrollo. Y el tercer factor es la emisión de aerosoles contaminados a espacios con población expuesta. Es decir, el riesgo de contagio depende de la emisión de aerosoles, de la humedad del ambiente, de la distancia a zonas de paso...

¿Por qué tienen riego las torres de refrigeración?

«La legionela no infecta si se bebe agua contaminada, sólo si se inhalan gotas de aire cargadas con la bacteria» Los sistemas basados en una torre, por decirlo de una forma coloquial, sacan calor del edificio y lo transfieren a un sistema con agua. Posteriormente, el sistema hidráulico lo transfiere, a su vez, al ambiente. Este sistema hidráulico necesita un aporte continuo de agua, por lo que es susceptible de recibir bacterias. El calor del edificio calienta el agua, creando unas condiciones ideales para el correcto desarrollo de la legionela. El sistema incluye una etapa de transferencia de masa de agua en corriente de aire, es decir, una ducha, en la que el calor del agua pasa al ambiente. En ese salto de agua, que es la llamada torre de refrigeración, pasa aire en sentido inverso al del agua. El flujo del aire puede ser forzado, mediante ventiladores, o inducido, creado simplemente por el calentamiento del aire. Este aire sale a la atmósfera más caliente, pero sale con humedad, y se lleva partículas de agua que es donde puede viajar la legionela. Hay que evitarlo con separadores de gota al final de la torre. Esto son unas láminas que retienen el agua en estado líquido. Si el separador fuese técnicamente perfecto saldría aire húmedo, caliente pero sin gotas, por lo que la legionela no podría salir. Pero esto no es perfecto. El nuevo real decreto exige una eficiencia mínima en los separadores de gota, que antes no exigía. Si utilizamos separadores de gotas de alta eficiencia minimizamos mucho el riesgo. Pero no todas las instalaciones tienen buenos equipos.

¿Cómo aparece la legionela en la torre de refrigeración?

La legionela viene en el agua que toma la torre, aunque en menor porcentaje también se han detectado casos de contaminación aérea. La legionela es ubicua, está en el agua desde siempre, incluso puede estar en el agua del grifo. El problema es que la torre, por las condiciones técnicas de su funcionamiento físico, mantiene el agua en el rango de temperatura idóneo para el desarrollo de la bacteria, y su crecimiento se ve favorecido por la existencia de un biofilm, una capa de materia orgánica y sólidos que se deposita en muchas de esas instalaciones. Todo eso, unido a que pueden expulsar aerosoles al exterior, hace que sean instalaciones de riesgo. Porque la legionela no infecta si se bebe agua contaminada, sólo si se inhalan gotas de aire, aerosoles, cargadas con la bacteria.

¿Y las fuentes?

Las fuentes ornamentales son posibles focos de legionela, pero depende de las circunstancias. Una fuente en Suecia con el agua a ocho grados no tiene ningún riesgo. Una fuente en el sur de España en julio con el agua a 23 grados y con el ambiente a 38 grados tiene mucho riesgo. El agua llega a una temperatura que permite la proliferación de la bacteria. Ahí disminuye la velocidad del agua y muchas partículas que van en suspensión decantan, con lo que se crea un sustrato adecuado para la bacteria, que empieza a reproducirse a gran velocidad.

¿Qué solución hay?

Se empiezan a tratar. Hay que hacerlo con la fuente parada, para no emitir altas concentraciones de biocida a la atmósfera.

¿Los aires acondicionados domésticos tienen riesgo?

La inmensa mayoría, no. Pero no sólo los domésticos, tampoco los de pequeños negocios o bares porque son más simples y no intercambian agua con el exterior. En las casas existe un riesgo cuando hay depósitos individuales de los que se toma el agua. A veces, sobre todo en verano, se calientan mucho y no están cuidados. Al tomarse una ducha caliente se vaporiza el agua, y si hay legionela, contagiar a la persona.

¿Los alimentos o el agua de bebida pueden transmitir la bacteria?

No, ninguno.

Sanidad prepara una nueva norma para prevenir la enfermedad, ¿en qué fase está?

Hay un borrador, que está en las últimas fases y puede aprobarse de inmediato o tras el verano. Al final la decisión será política. El decreto actual se aprobó en el último congreso de ministros antes de las vacaciones de agosto de 2001. La urgencia vino porque acababa de terminar la epidemia de Murcia, la mayor de la historia, con 650 afectados.

¿Qué opina de los cambios en el real decreto?

«En un ambiente seco la emisión de aerosoles alcanza poca distancia porque absorbe la humedad y la bacteria muere» Hay mejoras. Este proyecto aclara puntos que eran inviables con el real decreto anterior que exigía, por ejemplo, una temperatura del grifo siempre menor de 20 grados, lo cual en muchos puntos de España es imposible. Ahora recomienda estar por debajo de 20 grados siempre que sea posible. Algunos de los puntos inviables, desde el punto de vista práctico han sido modificados. Ahora se da más importancia al análisis de puntos críticos. Todas las empresas tienen que diseñar un programa de mantenimiento más claro y realizar el plan de acción según este programa. Queda más abierto cómo se realiza este mantenimiento en función de la instalación. Antes estaba más encorsetado y no ha funcionado porque cada instalación es distinta. No basta con echar una pastilla de cloro, sino que hay que estudiar cada una de ellas.

Una de las críticas del texto todavía vigente es que habla de «ausencia de legionela» en lugar de establecer valores permitidos o mínimos. Muchos expertos aseguran que no era una postura realista. ¿El nuevo texto recoge esta crítica?

Sí, establece una clasificación con varios niveles, asociados a acciones a realizar: si aparecen menos de 100 bacterias por litro, no exige acción alguna. Si aparece entre 100 y 10000 bacterias la norma recomienda unas actuaciones de desinfección, pero no obliga a cerrar. Esto va a permitir a mucha gente trabajar más a gusto. Antes cuando había presencia, aunque fuera mínima, los inspectores de Sanidad y los dueños de las instalaciones se ponían muy nerviosos. Era muy difícil convencerles de que era un valor que no suponía ningún riesgo. La legionela está siempre en el agua. Hay que minimizar la presencia, pero no se puede erradicar de la noche a la mañana en todas partes. Además, antes todas las instalaciones estaban catalogadas como de riesgo similar. Ahora se catalogan en varias clases, lo que tiene bastante lógica porque algunas tienen más probabilidades de causar un brote que otras. El nuevo texto deja fuera a las viviendas salvo que tengan aparatos que emitan al exterior.

¿Eso significa que se van a evitar los brotes sin necesidad de valorar los casos aislados?

Lógicamente, el Ministerio de Sanidad protege la salud pública. Si los titulares de las instalaciones mantienen sus instalaciones de forma correcta, minimizaremos ambos, los brotes y los casos aislados. Siempre existirá un porcentaje de casos aislados que no se pueden evitar, así que por lo menos evitemos los brotes epidémicos que pueden llegar a afectar a centenares de personas.

Por tanto, si se aplica el real decreto se podrá minimizar la incidencia de legionela.

Sí. Lo que pasa es que hace falta el apoyo de Sanidad, de los dueños de instalaciones y que se involucren los técnicos. Existe gente que no conoce las instalaciones y realiza trabajos de desinfección y prevención. Es muy difícil evitar el desarrollo de una bacteria en una instalación que tú desconoces. El real decreto ha potenciado un campo de trabajo que ha permitido que numerosas empresas especializadas en otras actividades y sectores, comenzasen de pronto a realizar trabajos en instalaciones. El desconocimiento de las instalaciones impide la eficiencia de los trabajos y muchas empresas han cometido errores importantes, tales como dosificar productos altamente tóxicos, que eran emitidos por el sistema a zonas ocupadas creando un riesgo muy superior al de legionelosis.

¿Por qué hay lugares como Alcoy de donde no se puede erradicar?

Alcoy tiene una temperatura de riesgo. Pero además hay que estudiar qué agua llega a las instalaciones, si lleva o no legionela, cómo están las instalaciones y, si salen bacterias a la atmósfera, comprobar si hay población expuesta. Alcoy, por lo demás, es un sitio húmedo, lo que facilita la transmisión. En un ambiente seco, la emisión de aerosoles alcanza poca distancia porque absorbe la humedad y la bacteria muere.

UN ENEMIGO DURO DE PELAR

  
Salmonela atrapada por una ameba
La legionela es una bacteria muy resistente, como explica Rodríguez Tarodo. La bacteria se esconde en el biofilm, la capa de suciedad (mezcla de materia orgánica e inorgánica) que se acumula en las tuberías a lo largo de los años. Por eso señala que «no es lo mismo limpiar una mesa que una instalación». Y añade: «Si echamos biocida en el agua pero no destruimos el biofilm, no hemos hecho nada. Cuando el biocida termine su acción, la bacteria reaparece en el agua».

Pero eliminar el biofilm no es sencillo ni existe una fórmula universal, «hay que estudiar cada instalación». El problema crece con la edad de la instalación. «Muchas tuberías tienen tal cantidad de cal y corrosión que si se echa un antiincrustante y se elimina toda la materia adherida, se acaban creando multitud de poros o fisuras», señala.

Eso es precisamente lo que ha ocurrido en muchas instalaciones sometidas a tratamientos químicos. De ahí que la nueva normativa incluya la obligación de cambiar sus tuberías. «Una instalación de 30 años con las tuberías corroídas es un foco importante de riesgo», concluye el experto.


 

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