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Entre la alergia y la intolerancia alimentaria

Una proporción notable de consumidores confunden alergias alimentarias con intolerancia a algún componente de un alimento

Una mayor concienciación de la existencia de intolerancia y alergias alimentarias puede estar impulsando el crecimiento del mercado de los productos "sin". Pero esto no es ninguna garantía. Faltan estudios que precisen los umbrales de tolerancia al alérgeno, mayor información y normativas más estrictas.

El mercado de los productos «sin» está aumentando. Así parece deducirse de un estudio que ha realizado en el Reino Unido Mintel, empresa de estudios de mercado. Según el informe, el sector de mercado que ofrece productos específicamente dirigidos a consumidores que sufren algún tipo de intolerancia o alergia se ha incrementado un 165% desde 2000. Entre las causas está una mayor concienciación de la existencia de alergias o intolerancias alimentarias -lo que impulsaría a probar las dietas eliminatorias como vía para averiguar la existencia o no del trastorno. Y, también, una tendencia creciente que ha puesto de moda el «sufrir» de algún tipo de intolerancia alimentaria o simplemente el evitar comida o ingredientes específicos. Es lo que en el informe se denomina como «transtornos de diseño», entre los cuales la preocupación por el exceso de peso sigue predominando, aunque no es el único.

Una de cada diez personas evitan la lactosa y el gluten, una cifra baja comparada con las dos de cada tres personas que evitan alimentos grasos. En la misma línea, una de cada tres evita el azúcar y las grasas saturadas, y una de cada cuatro evita la sal. Del estudio, basado en una encuesta realizada a mil amas de casa de todos los niveles socioeconómicos, se desprendía que entre las preocupaciones relacionadas con la comida estaban el síndrome del intestino irritado (12%), las migrañas (14%) y, en menor grado, alergias o intolerancias como la alergia a la lactosa y gluten (3%), cereales (4%) o cacahuete y otras (3%).

Salvando todas las distancias, habida cuenta que el estudio es británico, lo que sí es común a toda Europa es la mayor concienciación sobre el impacto de la alimentación sobre la salud, la intolerancia y las alergias alimentarias, y la necesidad de disponer de mayor información tanto para el consumidor como para los propios especialistas. El pasado mes de febrero, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), explicaba en un comunicado que la información sobre la alergia a alimentos era la más demandada en sus servicios, especialmente la relativa a la intolerancia a la proteína de la leche, el huevo y el parásito Anisakis.

¿Cuál es el umbral de tolerancia?

Las garantías que busca el consumidor son disponer de un etiquetado adecuado y de un producto libre efectivamente del alimento al cual se es sensible. Este problema está ampliamente extendido entre los celíacos, intolerantes al gluten, y entre los alérgicos al cacahuete o a la lactosa, presentes no pocas veces en los alimentos como aditivos. Otra preocupación es poder establecer el umbral de tolerancia.

Los «transtornos de diseño» incluyen intolerancias alimentarias y evitar comida o ingredientes Un estudio publicado recientemente en el Journal of Allergy and Clinical Inmunology, destacaba que con una dosis inferior a 30 microgramos, ningún paciente alérgico al cacahuete mostraba síntomas. El estudio se había realizado con un grupo de alérgicos que se sometieron a la prueba tomando dosis controladas y crecientes de este fruto seco. Los investigadores hallaron que los pacientes con reacciones más severas tienen un umbral más bajo de tolerancia. Los pacientes tienen una reacción subjetiva con la ingestión de entre 100 microgramos y un gramo de cacahuete. El umbral a partir del cual se producen reacciones observables (desde dificultad al tragar o urticaria hasta alteraciones gastrointestinales) está a partir de la ingestión de entre 10 y 30 miligramos.

Está investigación, explicaban sus autores, debe ayudar a mejorar la normativa referente al etiquetado y las cantidades permitidas del producto. La alergia al cacahuete, si bien no tiene una gran prevalencia, es la que suele comportar más casos y más problemas porque el alérgeno está presente en muchos productos de forma enmascarada. La pasta de cacahuete se encuentra fácilmente como aditivo en los dulces, caramelos, bollería, helados... El alérgico puede ser, además, sensible a otros frutos secos.

En la misma línea, un estudio europeo que se iniciará en los próximos meses intentará averiguar el umbral que debe aceptarse para el gluten en los alimentos específicos para los enfermos celíacos. Es un tema que supone un círculo vicioso: no se dispone de un método estandarizado para detectar con suficiente precisión la cantidad de gluten, pero tampoco se conoce el nivel de tolerancia de los enfermos (los cuales, aunque no muestren síntomas inmediatos como en el caso de los alérgicos al cacahuete, pueden estar sufriendo daños a largo plazo).

Tiene en común con el cacahuete que es difícil de evitar. En primer lugar porque el gluten se permite hasta un nivel determinado para los productos «sin gluten», nivel que enfermos y especialistas piden que se rebaje, y en segundo lugar porque está presente en muchos alimentos, bien porque se incorpora con los aditivos, bien porque hay casos de contaminación cruzada.

ALERGIA, INTOLERANCIA, AVERSIÓN

Entre la alergia, la intolerancia y la aversión a los alimentos hay una importante diferencia, explican los especialistas. La percepción de muchas personas de que tienen «alergia a algo» no se corresponde con las cifras reales de alergias y a menudo de lo que se trata es de intolerancia o aversión a un alimento (algunos estudios sugieren que entre el 20% y 30% de la población creen ser alérgicos, cuando sólo lo son realmente entre el 1) y el 2%). Así lo explica la web de la agencia alimentaria británica (Food Standars Agency, FSA) que acaba de iniciar una sección de información sobre intolerancia y alergia alimentarias.

Lo menos común es la anafilaxis, una reacción alérgica en la que están implicados la inmunoglobulina E o IgE (anticuerpos), y que puede ser desencadenada por alimentos (en realidad por determinadas proteínas presentes en esos alimentos) como la leche de vaca, huevos, cacahuetes, trigo, soja, pescado, marisco, nueces. También, aditivos alimentarios como los sulfitos. Esta respuesta alérgica puede llegar a ser grave, con síntomas como náusea, vómitos, dolores de estómago, diarrea, hinchazón en los labios y en las articulaciones, ansiedad, dolor de cabeza, silbido al respirar, estornudos... Los síntomas más peligrosos son el descenso de la presión arterial, dificultades al respirar, shock y pérdida del conocimiento.




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