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Jordi Lleonart, Comisión General de Pesca en el Mediterráneo de la FAO

«No se puede dejar la explotación de los recursos marinos en manos del mercado»

 

Recientemente, un artículo en Science alertaba del peligro que corrían delfines, tiburones, foca monje o esturiones, algunas especies de estos últimos prácticamente extinguidas. Peces de interés comercial que resultan muy familiares al consumidor, como la merluza o el boquerón, también pueden tener su futuro comprometido.

  
Jordi Lleonart es miembro de la Comisión General de Pesca en el Mediterráneo de la FAO
¿Cuál es la situación actual de los recursos pesqueros? La respuesta, afirma Jordi Lleonart, no es sencilla. «Cada recurso tiene diferentes características y peligros». Lleonart, es secretario técnico del Comité Científico Asesor (SAC), integrado en la Comisión General de Pesca en el Mediterráneo de la FAO (General Fisheries Coommission for the Mediterranean, GFCM). Experto en biología marina y dinámica de poblaciones, propone analizar el problema de los recursos pesqueros en el Mediterráneo mediante un recorrido a diferentes profundidades de mar: grandes pelágicos, pequeños pelágicos y demersales.

¿A qué obedece esta distinción?

En las zonas superficiales se mueven los peces pelágicos. Entre los de mayor tamaño destacan dos, el atún rojo y el pez espada. Entre los pequeños pelágicos podemos destacar como especies comerciales más importantes la sardina y la anchoa o boquerón. Y entre los demersales, que viven en relación con el fondo, la merluza.

Empecemos con grandes pelágicos. Usted ha dicho en alguna ocasión que el atún rojo es uno de los temas más punzantes del Mediterráneo. ¿Por qué?

Porque la presión pesquera es muy alta y en poco tiempo puede ser insostenible. Aunque en Europa no tiene mucha salida, es un pescado extremadamente apreciado en la cocina japonesa. El atún rojo se pesca en temporada, y casi toda la captura se ultracongela y se envía a Japón, donde se vende a precios altísimos. Desde hace cuatro años se han empezado a crear granjas de engrase, primero en Australia, que rápidamente se han extendido a Europa (Croacia, España, Turquía...). Eso quiere decir que se pesca mucho más porque parte de la captura, todavía en la red y sin extraerla del agua, se remolca hasta estas instalaciones en la costa, donde se mantienen los atunes alimentados y se «pescan» cuando conviene.

Y así hay pesca de atún asegurada todo el año...

«La extracción pesquera debe ser equivalente a los recursos que se añaden o se forman de manera natural» Aumenta todavía más la presión pesquera. Le daré una cifra. En 2002, en el Mediterráneo, se capturaron unas 20 mil toneladas de atún rojo, de las cuales 14 mil fueron a las granjas. Países como Túnez o Grecia están también abriendo granjas. De aquí a 2005 se habrá doblado el número de granjas, según las previsiones. ¿Cuánto se quiere pescar para llenar esas granjas? ¡No hay tanta biomasa en el Mediterráneo! Otro problema a considerar es la alimentación en las granjas, porque en este caso no se alimentan de pienso sino de más pescado. Es otro nuevo factor de presión pesquera.

¿Hay alguna forma de arreglarlo o de minimizar el impacto? ¿Podría pensarse en fórmulas alternativas de alimentación para las granjas que no impliquen pescar más?

No es cuestión de arreglo, sino de límite. La estructura del mundo de hoy, de sobrecapitalización y de instalaciones sobredimensionadas, hace que se desconozca o se ignore que hay ciertos limites. En el caso concreto del atún rojo, de aquí a unos años habrá excesivas granjas. La FAO y la ICCAT, comisión internacional para la conservación de los grandes pelágicos, están preparando actualmente una guía con una serie de indicaciones para que la actividad de engrase del atún sea sostenible. Esperamos acabarla para mediados de 2004.

¿Hay sobreexplotación en los otros pelágicos que ha destacado?

El pez espada. Hay indicios de que está sobreexplotado, los ejemplares capturados son cada vez más pequeños. Sin embargo, técnicamente hablando no se puede demostrar la sobreexplotación porque no hay evaluaciones suficientes sobre la población de esta especie, así que no se sabe cuál es la biomasa existente, cuál la máxima y cuál la recomendable. Otro problema es que para capturar pez espada se usan redes de deriva de superficie que afectan a otras especies protegidas, como mamíferos marinos, tortugas o aves que quedan atrapadas en la red. La GFCM promulgó una normativa que prohibía redes de longitudes superiores a los 2,5 kilómetros. Posteriormente, la UE prohibió el uso de artes de deriva en todos los Estados miembro, y recientemente la ICCAT los ha prohibido para todo el Mediterráneo. Pero estas leyes no siempre se cumplen y algunos países siguen utilizando este tipo de redes.

¿Y España?

«Algunos países siguen utilizando artes de deriva pese a la prohibición dictada por la Unión Europea» Es uno de los estados que cumplen mejor las normas y hace tiempo prohibió el arte de deriva. Uno de los problemas de España es la movilidad de algunas flotas pesqueras, en particular la que captura pequeños pelágicos, como la sardina y el boquerón. El segundo está más valorado comercialmente. Pues bien, en el mar de Alborán a principios de los 90 desapareció el boquerón, y parte de las flotas andaluza y murciana se desplazaron al Golfo de León en busca de capturas. ¿Qué sucede? Que la presión es muy alta, que no hay tregua en las capturas y el boquerón se persigue y se coge cada vez más pequeño. Además, la talla legal mínima es de 9 cm -aunque la UE quiere elevarla a 12 cm, que es cuando se reproduce. Se están capturando ejemplares que todavía no han madurado.

¿La sardina?

Aparentemente no tiene demasiados problemas en el Mediterráneo. Un caso que llama la atención, siguiendo con pequeños pelágicos, es la alacha, pez de distribución tropical común en el norte de África, que está aumentando su presencia en el Mediterráneo, lo que podría ser un indicador de que la temperatura del mar está aumentando. En el sur de Francia prácticamente no lo conocían y desde hace poco aparece muy a menudo en las redes.

Por último, la merluza.

Es una especie objetivo. Se han hecho numerosas evaluaciones y se ha demostrado que está sobreexplotada en todo el Mediterráneo y, esto es un problema, está legalmente permitido capturarla antes de la maduración: la hembra se reproduce cuando tiene una talla de 30 cm y la ley permite capturar ejemplares de 20 cm. La última propuesta europea es disminuir esta talla hasta los 15 cm.

¿Por qué no se cambia la ley? ¿De qué depende?

«Para prevenir el exceso de granjas de atún rojo, la FAO prepara una guía para que esta actividad sea sostenible» Depende de la Unión Europea, de las administraciones y los diferentes gobiernos, pero también depende de cambiar las costumbres de los países. No se puede hacer de repente, habría un descalabro en el mercado. No hace falta decir que los pescadores no quieren ni oír hablar del tema. Debe hacerse progresivamente.

¿Puede la identificación de nuevas especies comerciales paliar el problema y compensar la presión pesquera actual?

Creo muy poco en eso. El mar ya está muy rastreado hasta los 200 metros de profundidad y se sabe lo que hay. Ahora hay grupos que están desarrollando la pesca a más profundidad, cosa que los ecologistas están intentando evitar a toda costa por el daño que puede hacer al ecosistema.

¿Cuál es su opinión?

Desde un punto de vista comercial, no es interesante, porque hay poca pesca potencial a esa profundidad y sería demasiado caro obtenerla. Pero al margen de eso, no se puede dejar la explotación de la naturaleza en manos del mercado y tratarlo como cualquier otra actividad económica. La explotación de los recursos no se puede aumentar indefinidamente; no es el mercado quien fija los límites, sino la naturaleza.

EL CONSUMIDOR PUEDE CONTRIBUIR

  
Lleonart aboga por impulsar modelos de explotaciones sostenibles para garantizar los recursos pesqueros.
Una evaluación realizada por el Instituto Español de Oceanografía, IFREMER y el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, revelaba el aumento de presión de la merluza en el Golfo de León y la tendencia negativa en la biomasa, lo que se reflejaba en las capturas. Mientras entre 1988 y 1991, cada barca pescaba al año una media de 12,63 toneladas de merluza, entre 1998 y 2001 la cifra se había reducido a 9,69, a pesar de que se había aumentado la eficacia y el esfuerzo pesquero. El estudio también mostraba que la biomasa reproductora (hembras) había descendido en un 24% y que la población estaba formada por ejemplares más pequeños.

El recurso está seriamente comprometido y se necesita cambiar esa sobrepesca por una explotación sostenible que, explica Jordi Lleonart, «consiste en que la extracción que se realiza sea de una cantidad equivalente a aquella que se añade de forma natural al recurso». Para ello es fundamental dejar que las crías crezcan y las hembras se reproduzcan.

¿Puede el consumidor también contribuir a preservar los recursos? Lleonart sostiene que sí. «Hay formas sencillas, como negarse a comprar productos prohibidos o de tallas inferiores a la legal, y denunciar los casos que vean». También, añade, puede negarse a comprar productos que se obtienen con métodos que ponen en riesgo el medio ambiente, como los langostinos de cultivo. «En países del Sudeste Asiático y América Latina se están destruyendo grandes extensiones de manglares para cultivar langostino».


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