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La influencia de compuestos presentes en los alimentos se está trasladando cada vez con mayor insistencia al estudio de los primeros meses de embarazo. La consideración de que la prevalencia de enfermedades alérgicas podría reducirse modificando comportamientos diéteticos y de que éstos contribuyen a una mayor seguridad en el desarrollo del feto, está ganando terreno día a día.
La doctora Sheelagh Martindale combina su labor de obstetra con la docencia dirigida a matronas y enfermeras. Las mujeres de su entorno no se caracterizan por una dieta rica en fibras y vitaminas y la etapa del embarazo no supone una excepción a los pobres hábitos dietéticos. Es por este motivo que Martindale se ha esforzado durante mucho tiempo en prodigar los efectos beneficiosos de la fruta, tanto para la mujer como para su descendencia. Lo último, la prevención de enfermedades tan insidiosas como el asma.
Comer un promedio de cinco piezas de fruta al día no parece difícil. Incluso en las escuelas se difunde esta práctica a modo de norma alimenticia.
Puede parecer fácil en latitudes como España, pero en Escocia cuesta mucho que nuestros ciudadanos se habitúen a tomar como mínimo una pieza de fruta al día. En el estudio que hemos levado a cabo demostramos que de una a cinco piezas de fruta al día previenen significativamente la aparición de enfermedades alérgicas en niños y niñas recién nacidos.
Los expertos revalidan cada vez más el papel de los factores ambientales en la aparición de susceptibilidades alérgicas, cuando antes se pensaba que se trata de algo esencialmente genético.
Los genes siguen teniendo un papel principal, pero ahora sabemos mucho más acerca de, por ejemplo, cómo pueden la dieta o los cambios de alimentación influir en el asma. Varios estudios han demostrado con anterioridad al nuestro que una dieta deficitaria en vitamina E se asocia a un empobrecimiento de la función pulmonar y a un aumento de la sensibilización alérgica. Sin embargo, a la hora de demostrar que un incremento en el aporte de vitamina E podía beneficiar a los pacientes enfermos los resultados no acompañaron. Nuestro equipo tuvo la intuición de que en el feto podía ser distinto.
¿Qué hicieron?
«Una dieta antioxidante durante el embarazo previene la aparición de asma y eczema en los primeros dos años de vida» Decidimos reclutar a 2.000 mujeres con embarazo incipiente, representativas de los distintos estratos sociales escoceses. Su ingestión de vitamina E fue seguida por medio de cuestionarios dietéticos y controles sanguíneos. Nacieron 1.924 niños y niñas que fueron seguidos cada 6 meses hasta cumplir dos años por medio de otro tipo de cuestionarios que sus madres nos remitían por correo. En el primer año no hubo mucha diferencia entre los hijos de las madres que habían tomado vitamina E y los que no; pero en el segundo apareció una correlación precisa y preciosa entre el consumo de fruta durante el embarazo y la menor incidencia de constipados, asma y alergias de distinta índole. Los resultados más llamativos fueron con respecto al eczema: los hijos de madres consumidoras de frutas y vegetales tuvieron un 60% menos de riesgo de contraer dicho trastorno.
La prevalencia de las enfermedades atópicas aumenta en todo el mundo. ¿Es porque comemos mal?
En los últimos 30 años nuestros hábitos de vida han cambiado por completo. También ha cambiado nuestra forma de alimentarnos. En lo que al efecto que los factores ambientales pueden suponer para las enfermedades atópicas, predominan dos hipótesis: una es la higiénica, según la cual el organismo humano vive en ambientes mucho más limpios y tiene mucha menos sensibilización con patógenos externos, lo que afecta al sistema inmunológico y al desencadenamiento de alergias. La otra hipótesis afecta a los alimentos. Por una parte se sabe que una dieta rica en ácidos grasos (oxidantes) propicia una mayor debilidad del organismo frente al contacto con alérgenos potenciales; al mismo tiempo, que una dieta rica en frutas o verduras nos hace más resistentes a las alergias.
¿Qué es mejor entonces, no tomar oxidantes o tomar antioxidantes?
Lo ideal es optar por ambas medidas, sustituir las hamburguesas y la mantequilla, las salsas o los bollos por nueces, cereales integrales, fruta y verduras de hoja verde; más aún si se sospecha un riesgo de transmisión alérgica por ser alérgico alguno de los progenitores. La salud del bebé saldrá ganando, además de hacer un favor a nuestro propio organismo, al que el exceso de oxidantes genera un estrés metabólico.
¿El beneficio se circunscribe exclusivamente a la vitamina E?
Sí. Además de la vitamina E, también son antioxidantes conocidos la vitamina C y el beta-caroteno. Pero el efecto antieczémico y antiasmático, en nuestro estudio, sólo se ha detectado con respecto a la vitamina E. En EEUU. un estudio denominado US Nurses Health, pese a que seguía un diseño distinto, llegó a conclusiones muy parecidas a las nuestras.
Los primeres meses de embarazo ganan inusitada importancia en los estudios médicos de proyección de salud. Se sabe a ciencia cierta que un bajo peso al nacer predispone a enfermedades del tipo de una diabetes tipo 2, ictus o cardiopatía en etapas posteriores de desarrollo. También se ha descubierto que la función pulmonar de un individuo se configura in utero, y que durante todas las etapas de la vida guarda una relación directa con parámetros tales como el índice de masa corporal.
Según un estudio presentado por la doctora Franca Rusconi en el Congreso Europeo de Neumología, celebrado recientemente en Glasgow, «la vida fetal es más determinante aún que el ambiente doméstico con respecto a la aparición de la enfermedad asmática». La alimentación de la madre o la toma de medicaciones durante el embarazo pueden desempeñar un papel mucho más importante de lo creído con anterioridad. Sin ir más lejos, Rusconi reveló que los hijos de madres que han tomado antibióticos durante el embarazo tienen un 30% más de riesgo alérgico que los hijos de madres no tratadas con antibióticos.
Los equilibrios o desequilibrios alimentarios juegan una carta similar. En Detroit (EEUU) y Pequín (China) un estudio conjunto ha demostrado también una paridad entre el aumento de la obesidad infantil y el de más casos de asma alérgico.
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