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La EFSA aumenta el control sobre el caprino

Los expertos comunitarios incrementan el nivel de vigilancia para determinar el riesgo en el consumo de carne de caprino

Tras la confirmación, el pasado 28 de enero, del primer caso de contagio «en estado natural» de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en una cabra en Francia, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria mantiene una ajetreada labor de recopilación de datos científicos que permitan evaluar los riesgos relacionados con el consumo de productos de la cabra. Reforzar las medidas preventivas y de control en el ganado comunitario parecen ahora las tareas prioritarias.

A finales de 2004, el Grupo de Trabajo de Expertos Científicos sobre la EEB/EET del Comité Científico sobre Riesgos Biológicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas) publicaba una declaración sobre la seguridad de la leche caprina y sus productos derivados en relación con posibles riesgos de esta enfermedad. El motivo de esta declaración era la detección de un posible caso de infección de EEB en una cabra, nacida en Francia en 2000 y sacrificada, también en Francia, en 2002. Ahora, el Comité Científico de Riesgos Biológicos (BIOHAZ) de la EFSA ha facilitado una actualización de sus planes de evaluación de los posibles riesgos asociados con el consumo de carne de cabra después de que el Laboratorio Comunitario de Referencia (CRL) haya confirmado las sospechas.

El mismo comité ha reiterado que existen ciertas lagunas de información importantes que no permiten, en este momento, cuantificar los riesgos de EEB relacionados con el consumo de carne de cabra, y ha querido señalar que todavía no se ha calibrado la trascendencia del caso. Para ello, serán imprescindibles los resultados de un mayor número de controles de EET en cabras, tal y como propone la Comisión Europea. Según los responsables comunitarios, para realizar una evaluación cuantitativa de los riesgos resulta indispensable tener en cuenta aspectos como la barrera de la especie, la carga infecciosa y distribución en los tejidos de las cabras, la incidencia de la infección y los niveles de consumo humano. Por otro lado, una de las máximas prioridades es determinar si se trata de un caso aislado, por lo que las preocupaciones y alertas serían infundadas, o si realmente se trata de una expansión de la EEB al ganado caprino. Markos Kyprianou, comisario de Sanidad, ha declarado que «las vigentes normas de control sanitario ofrecen un alto nivel de protección».

Primeras investigaciones

Según los datos disponibles, no existe relación entre el consumo de carne de cabra y un mayor riesgo de la nueva variante de Creutzfeldt-Jakob Una de las hipótesis planteadas sobre el origen de la infección indica que el animal, sacrificado junto al resto de su rebaño en octubre de 2002, podría haber comido piensos con harinas cárnicas contaminadas, consideradas hasta ahora uno de los principales vehículos de transmisión de la enfermedad. Pero el uso de estas harinas está prohibido desde el año 2001, cuando empieza a aplicarse el Reglamento comunitario que hace una referencia específica a la alimentación animal y a la comercialización de animales de las especies ovina y caprina y sus productos. Con todo, los datos facilitados por la EFSA admiten que se alimentó parcialmente a cabras y ovejas durante los años 80 y 90 con piensos que contenían el mismo tipo de harina de carne y huesos (HCH) contaminada que provocó la difusión de la EEB en bovinos. La información científica disponible confirma también que puede transmitirse experimentalmente a las ovejas una enfermedad similar a la EEB si se las alimenta con material derivado de los cerebros de vacas afectadas por la EEB.

La Comisión Europea lleva unos meses evaluando los datos remitidos por las autoridades francesas en el Laboratorio Comunitario de Referencia para las EET, situado en Weybridge, Inglaterra. Las EET, como la EEB, han demostrado hasta ahora que afectan a los bovinos, y la tembladera, una enfermedad similar, a ovinos y caprinos. Más de 140.000 cabras se han analizado ya con la prueba de diagnóstico rápido de EET y los resultados indican una incidencia muy baja en el ganado caprino. Según la Comisión Europea, de los 134 animales que dieron resultados positivos a las EET, 30 se sometieron a una segunda fase de análisis (pruebas moleculares discriminatorias) con el fin de distinguir entre la tembladera y la EEB.

En seis de estos casos se observó la presencia de un tipo sospechoso de EET, que se consideró que podría tratarse de EEB, y se sometieron a una tercera fase de análisis (el bioensayo en ratones). Dos de ellos dieron resultados negativos y otros tres se encuentran en las fases finales, y se espera que sean negativos. El otro caso ha sido el confirmado ahora.

200.000 pruebas más

Los datos facilitados hasta ahora obligan a pensar que cualquier propuesta preventiva es necesaria, como las medidas impuestas a todos los rumiantes de cría (bovinos, ovinos y caprinos), para proteger al máximo la salud pública. Estas medidas incluyen la prohibición de alimentar a los animales con proteínas de origen animal en forma de harinas de carne y hueso, la eliminación de materiales de riesgo específicos de la cadena alimentaria humana y animal (como el cerebro y la médula espinal) y el sacrificio de los rebaños afectados por la tembladera (que afecta a caprinos y ovinos y es similar a la EEB pero con la diferencia que no se ha probado su transmisión a humanos).

Los expertos admiten que se han eliminado todas las cabras del rebaño al que pertenecía la cabra afectada, y corroboran al mismo tiempo que las pruebas realizadas a los 300 animales adultos del rebaño dieron resultados negativos para todas las EET. Según esto, no existe ningún motivo para pensar que algún producto de este rebaño haya podido llegar a la cadena alimentaria humana o animal.

A pesar de todo, y teniendo en cuenta el riesgo potencial de infección, la situación obliga a ser precavido y a no obviar los riesgos potenciales que existen de infección. Por este motivo, la Comisión Europea ha propuesto que se realicen más pruebas de detección de la EEB en cabras durante un mínimo de 6 meses, controles que incluyen unas 200.000 pruebas a cabras sanas en la Unión Europea. Según fuentes comunitarias, la amplitud del programa de seguimiento se basará en la cabaña caprina de cada Estado miembro y se centrará principalmente en los estados cuya cabaña bovina presente casos de EEB.

SEGURIDAD EN LA CARNE CAPRINA

Respecto a la seguridad para los consumidores, la EFSA ha considerado «improbable» que la leche de cabra y sus derivados presenten algún tipo de riesgo de contaminación de EET si la leche procede de animales sanos. Actualmente, y respondiendo a una medida de precaución, no puede utilizarse la leche y la carne procedente de cabras afectadas por EET, medida vigente antes de la confirmación del caso de EET en la cabra francesa. Además, los responsables comunitarios han recomendado que no se introduzca ningún cambio en el consumo actual de leche, queso y carne de cabra, y ha pedido a la EFSA que efectúe una evaluación cuantitativa del riesgo para la carne de cabra y sus productos derivados, evaluación que podría concluir en julio de 2005.

El grupo de expertos de la EFSA admite la escasa existencia de datos científicos que permitan determinar con claridad los riesgos asociados al consumo de carne caprina, escasez que depende, en gran medida, de la disponibilidad de los resultados que todavía no han publicado los Estados miembros y terceros países. Teniendo en cuenta los datos disponibles hasta ahora, no existe actualmente ninguna relación entre el consumo de carne de cabra y un mayor riesgo de la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (vECJ). Además de la evaluación cuantitativa de riesgos que la EFSA tiene previsto llevar a cabo, la DG SANCO de la CE ha introducido un programa de pruebas en tres etapas en animales ovinos y caprinos (Reglamento CE 36/2005) y más datos sobre la incidencia real de los posibles casos de EET en cabras.

Se prevé que la evaluación semestral de los resultados de esta vigilancia aumentada coincida con el dictamen de la EFSA sobre la seguridad de la carne de cabra y los productos cárnicos caprinos.


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