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La aparición de un nuevo brote de fiebre aftosa podría ser incontrolable, según han admitido expertos de la Academia de Ciencias británica

Si el Reino Unido se viera afectado ahora por un brote de fiebre aftosa, las autoridades sanitarias del país no podrían afrontar la enfermedad con una vacunación de emergencia porque aún no está disponible, según reconoce un informe presentado el pasado mes de diciembre por la Academia Nacional de Ciencias británica. En opinión de los expertos, los controles instaurados no garantizan hoy por hoy la seguridad necesaria.
El informe de la Academia de las Ciencias británica señala que el gobierno del Reino Unido ha aplicado «medidas adecuadas pero insuficientes» para actuar con emergencia frente a nuevos brotes de fiebre aftosa. La enfermedad causó en 2001 grandes estragos en la cabaña ganadera ovina del país, con más de seis millones de animales sacrificados.
Los expertos reconocen que actualmente continúa sin existir ninguna validación de las pruebas que permita distinguir los animales que han sido infectados de los que no lo han sido pero que han sido vacunados. Se mantiene también la incertidumbre sobre si la vacunación extensiva asegura el control de un brote o no. Cuatro años después de la detección del primer episodio, a mediados de febrero de 2001, éstas y otras dudas continúan sin tener respuesta. Todas ellas quedaron sobre la mesa al inicio del caso. La principal consistía en responder a cuál sería la estrategia a seguir más idónea en caso de reaparición de nuevos brotes.
¿Se podría repetir la historia? El presidente de la Royal Society, Lord May de Oxford, asegura que el Departamento de Medio Ambiente y Asuntos Rurales británico (DEFRA, en sus siglas inglesas) ha puesto en práctica «rigurosas medidas» para asegurar el control en caso de un brote de fiebre aftosa. Sin embargo, la vacunación de emergencia, cuyo punto de mira es precisamente el control de futuros brotes, está justo ahora en preparación. «Hay problemas excepcionales que tienen que ser resueltos lo más rápidamente posible», señala el experto. Algunos de estos problemas son la capacidad de distinguir si un animal ha sido infectado antes o después de la vacunación. Con este aspecto resuelto, el experto de la Royal Society piensa que el Reino Unido podría recuperar el estatus de país libre de la enfermedad.
Tras cuatro años de trabajos, la vacuna de emergencia para el control de nuevos focos de fiebre aftosa todavía no está lista para ser aplicada Por su parte, Brian Follet, del Departamento de Enfermedades Infecciosas británico, admite las dudas presentadas en el informe y reconoce que el mayor desafío ahora es gestionar toda la información aportada hasta el momento para tratar un brote de forma rápida en caso de que fuera necesario. «Se trata de procurar dar con una detección eficaz de la enfermedad y el uso de la vacunación de emergencia en las zonas donde sea necesaria». La prioridad debe ser siempre contener posibles brotes de la enfermedad, aseguran los expertos.
Los miembros de la Royal Society consideran indispensable adoptar algunos cambios en las medidas de prevención y vigilancia de la fiebre aftosa. Estos cambios deben ir dirigidos a completar los proyectos de análisis iniciados en 2001. Una de las medidas propuestas ha sido asegurar la vacunación de emergencia como opción viable de prevención, pese a que cuenta aún con algunos aspectos pendientes por resolver. La validación del test Non Estructural Protein (NSP) y el desarrollo del diagnóstico RT-PCR son otras de las medidas consideradas válidas. De ellas se espera que puedan ser útiles para detectar casos pre-clínicos del virus.
Justo ahora se han presentado algunas pruebas para distinguir los animales vacunados e infectados, lo que permite considerar esta opción como una de las primeras líneas de defensa para controlar la enfermedad. Pero las pruebas aún no han sido validadas. Ya en 2002, la Royal Society apostaba por la vacunación del ganado ovino como medida para erradicar la fiebre aftosa.
En un estudio, los científicos británicos aseguraban que la vacunación podría actuar como apoyo a la prevención de futuros brotes de la epizootia. Sin embargo, esta visión fue criticada por algunos sectores implicados. Ben Gill, de la Asociación Nacional de Ganaderos (NFU, en sus siglas inglesas) aseguraba entonces que una de las máximas prioridades era conseguir que la vacunación y los test permitieran distinguir entre el ganado vacunado y los animales infectados.
Gill y el sector ganadero apoyaban entonces «la política del sacrificio», ya que consideraban que a través de la vacunación es posible la transmisión del virus de unos animales a otros. La vacunación sólo actúa sobre una cepa del virus, y la fiebre aftosa está compuesta de varias. Esto provocaría tener que disponer de una inyección de refuerzo cada seis meses o más, añadía Ben Gill.
En este sentido, la Comisión Europea para la Lucha contra la Fiebre Aftosa reconoce también que, aunque los animales vacunados están protegidos contra la enfermedad, su resistencia no es completa y pueden contagiarse y transmitir el virus. Según declaraciones a la BBC de Víctor Lyford-Pike, veterinario y director de la División de Laboratorios Veterinarios (DILAVE) de la Dirección de Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay, las vacunas que se aplican en la aftosa tienen una inmunidad corta, cosa que obliga a vacunar de forma regular.
Tanto el sector ganadero como la administración británicas han calificado el brote de fiebre aftosa detectado en 2001 en granjas del Reino Unido como una de las mayores crisis alimentarias, sobre todo por las consecuencias que acarreó en el territorio comunitario. Entonces, el sector ganadero de forma especial, pero también el sector turístico y la economía, se vieron gravemente perjudicadas por la epizootia. Debido a su gravedad, en junio de 2004, y con motivo del 50 aniversario de la Comisión Europea contra la Fiebre Aftosa, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hacía pública su petición para que «ningún gobierno baje la guardia».
Aunque los expertos consideraban que Europa podía considerarse prácticamente libre de la enfermedad, tras siglos de epidemias devastadoras, advertían que el riesgo de nuevos brotes continuaba vigente. Uno de los mayores peligros era entonces la introducción del virus a través del comercio no controlado. Al respecto, Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) indica que «muchas enfermedades infecciosas de los animales, sobre todo la fiebre aftosa, se difunden mediante el comercio de ganado o productos derivados».
En opinión de Diouf, uno de los mayores peligros es que, «con el aumento de la globalización, se produzca una vasta difusión de diferentes tipos de fiebre aftosa partiendo de su hábitat natural en los países en desarrollo, a menos que se pongan en práctica medidas de control efectivas en origen allí donde la fiebre aftosa sea endémica».
A finales de 2001 la fiebre aftosa obligó al Gobierno británico a emprender una revisión de los aspectos científicos del control de enfermedades infecciosas en la ganadería. La repercusión de esta enfermedad en el sector ganadero y en el turismo británico provocó grandes pérdidas económicas. Se cree que el virus llegó desde el Este o el Sudeste asiático a través de productos animales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), uno de los principales peligros de la propagación de la enfermedad es el comercio de animales.
Una de las hipótesis sobre el origen de la enfermedad señala que ésta podría haber llegado al Reino Unido a través de comida suministrada a los pasajeros de un vuelo procedente de fuera de Europa. Los restos de comida podrían haber sido utilizados para alimentar a los cerdos de la granja de Northumerland, en la frontera inglesa con Escocia, donde se cree que se originó el foco, o bien llegaron hasta allí de forma accidental. Otra posibilidad, apoyada por el Gobierno británico, es que la epidemia podría haberse originado tras la importación ilegal de carne contaminada para su posible uso en restaurantes chinos.
Sea cual sea la causa, se puso en entredicho, en el inicio de la crisis, la seguridad de la industria agroalimentaria británica ya que la normativa europea obliga a destruir los restos de alimentos procedentes de terceros países. Actualmente, la enfermedad sigue siendo endémica con una alta incidencia en muchos países de África, Oriente Medio, Asia y en algunas zonas de América del Sur.
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