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La producción ecológica y sus expectativas de crecimiento

El cultivo más frecuente es el de cereales y leguminosas, por un lado, y el olivar por otro, con un 28% cada uno, y los frutos secos, con un 12%

Un total de 26 millones de hectáreas en todo el mundo se dedican a la agricultura ecológica. En España, la superficie destinada a este método de producción en 2004 alcanzó más de 700.000 hectáreas, un 1,1% superior al año 2003. Aunque el crecimiento corre en paralelo a la demanda, los productores ecológicos tienen que hacer frente a ciertas dificultades, como los efectos de coexistencia con los cultivos transgénicos y el problema de adaptación de los términos «bio» y «orgánico».

La Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM) presentó el informe El Mundo de la Agricultura Orgánica, Estadísticas y Tendencias 2005. El texto muestra un claro aumento de la agricultura ecológica, que ocupa un total de 26 millones de hectáreas en todo el mundo. En líneas generales, la superficie cultivada ha aumentado un 8,3% en el último año, y los expertos prevén una continuidad. Por países, Australia es el que posee mayor número de hectáreas dedicadas al cultivo ecológico, con 11,3 millones. Le sigue Argentina, con 2,8 millones, e Italia, con más de un millón de hectáreas.

En España, donde la superficie destinada a este método de producción alcanzó en 2004 más de 700.000 hectáreas, el aumento va asociado a un incremento también de la comercialización de productos ecológicos. Los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) confirman que este aumento constante se remonta al año 1991. Desde entonces, el número de operadores dedicados a la producción ecológica ha aumentado de forma similar a la superficie.

El cultivo más frecuente es el de cereales y leguminosas, por un lado, y el olivar por otro, con un 28% cada uno. Les siguen los frutos secos, con un 12%. Respecto a los datos sobre las explotaciones ganaderas, cuyo número ascendió en 2004 a 1.777, la característica fundamental es la presencia de una gran diversidad de actividades. Esta diversidad va desde el vacuno (43%) a la apicultura (5%), pasando por el ovino (27%), el caprino (8%), la avicultura (7%) y el porcino (6%).

Respecto a la percepción que los consumidores tienen hacia este tipo de producción, un estudio realizado por el MAPA sobre Conocimiento, Hábitos y Consumo en España revela una notable mejora respecto a otros años. Así, un 90,2% de los consumidores españoles encuestados sabe que se trata de alimentos producidos sin tratamientos químicos, que son productos naturales (89%) y que no perjudican el medio ambiente (84,5%).

Opción ecológica

El 90% de los consumidores españoles sabe que los alimentos ecológicos están libres de tratamientos químicos y que no perjudican el medio ambiente Uno de los motivos que explicaría esta tendencia de alimentación es el temor desencadenado entre los consumidores por las crisis alimentarias y por ciertos avances tecnológicos como la manipulación genética y la irradiación de los alimentos. Según la Comisión Europea, este temor se ha traducido en una creciente exigencia de garantías de calidad y de información adicional sobre los métodos de producción. Ahora, la producción ecológica, tanto del sector de la agricultura como de la ganadería, se perfilan como una opción legítima.

Varios aspectos son los que diferencian la agricultura ecológica de otros sistemas de producción. En líneas generales, este tipo actividad favorece el uso de recursos renovables y es capaz de restituir al suelo los nutrientes presentes en los productos residuales. Los partidarios de la producción ecológica aseguran además que con ella se respetan los propios mecanismos de la naturaleza para el control de las plagas y enfermedades en los cultivos y la cría de animales, y evita la utilización de plaguicidas, herbicidas, abonos químicos, hormonas de crecimiento y antibióticos, así como la manipulación genética.

Hasta hace poco, los alimentos ecológicos han tenido un coste superior a los convencionales. Sin embargo, la apuesta por la calidad y la seguridad predispone a los consumidores a asumir esta exigencia, en opinión de la CE. Además, la dificultad de acceder a este tipo de productos, sólo posible en comercios especializados, va disminuyendo debido sobre todo a la rápida proliferación en grandes cadenas de supermercados en toda Europa. No sólo se va facilitando el acceso, sino que se amplía también la oferta. A las frutas y hortalizas, la carne, aves de corral y productos lácteos, se les suman ahora nuevos productos ecológicos.

Convivencia polémica

En el ámbito comunitario, la agricultura ecológica se identifica con un logotipo europeo creado por la Comisión Europea en marzo de 2000. Este logotipo está compuesto por los términos «Agricultura Ecológica - Sistema de Control CE» [Reglamento (CEE) nº 2092/91 del Consejo] y tiene carácter voluntario. Según las condiciones establecidas, el 95% de los ingredientes del producto, como mínimo, se tiene que haber producido de acuerdo con métodos ecológicos.

Una de las dificultades a las que se enfrentan estos cultivos es la que hace referencia a las distancias entre campos de cultivo, en concreto entre cultivos transgénicos y los ecológicos y convencionales. La polémica sobre el concepto de coexistencia ha enfrentado en España hace sólo unas semanas a grupos ecologistas y asociaciones de productores con autoridades agrícolas y ganaderas. El Ministerio de Agricultura tenía previsto aprobar una norma sobre coexistencia de cultivos transgénicos con los convencionales y ecológicos.

La propuesta ministerial se ha quedado de momento en eso, en propuesta, porque los contrarios consideran que el concepto de coexistencia presentado supone la legalización de la contaminación generalizada con el único objetivo de no sobrepasar un 0,9% de presencia de organismos modificados genéticamente (OMG) en los alimentos al final de la cadena productiva.

Según la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE), la tolerancia de presencia de material transgénico en los lotes de semillas no transgénicas debe ser «cero técnico, para garantizar una agricultura libre de transgénicos». Un estudio realizado por la Agencia Europea de Medio Ambiente indica que se producen niveles de hibridación del 13,1% a 25 metros, de 1,6% a 200 metros y de 0,2% a 500 metros.

Ahora, los representantes de la SEAE han reclamado una reevaluación del concepto de coexistencia, un análisis de la protección de las semillas, de las distancias entre campos de cultivo, de la responsabilidad de la contaminación y de la declaración de zonas libres de transgénicos.

CUESTIÓN DE NOMBRE

Uno de los objetivos del Plan Estratégico para la Producción Ecológica, presentado el 19 de enero de 2004 por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y cuyo resultado es un Plan plurianual 2004-2006, es incrementar la confianza del consumidor en los productos ecológicos mediante información, promoción y control. En este sentido, uno de los problemas que coletean desde hace años es el que se refiere a la normativa para la adaptación de los términos «bio» y «orgánico» a la legislación europea.

El mes de marzo de 2005, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación anunciaba la intención del Gobierno de modificar el Real Decreto 1852/93 como respuesta a la obligación normativa, establecida por la Unión Europea, sobre la producción ecológica y su indicación en los productos agrarios y alimenticios.

El Real Decreto que regula en España la indicación sobre producción ecológica limita la protección de las menciones «eco» y «ecológico» a estos productos y permite el libre uso de otras menciones como el término «bio». El sector en general rechaza este criterio porque considera que se debe ampliar la protección también a los términos biológico y orgánico y a sus diminutivos.

El nuevo reglamento comunitario ya lo recoge así, y estable que las marcas que contenga los términos «biológico» y «orgánico», sus derivados, apócopes o diminutivos, y que designen productos no conformes con la producción ecológica, deberán disponer de un plazo transitorio para adaptarse a la normativa europea. Según la nueva norma, los términos biológico, ecológico, orgánico y sus diminutivos quedarán limitados a los productos que se hayan obtenido en conformidad con la producción ecológica.


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