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Los efectos del zinc en la memoria de adolescentes

Las principales fuentes naturales de zinc son las carnes rojas, el pescado y los cereales

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 27 de abril de 2005

Un estudio avalado por el Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos concluye que los niños de 11 años que ingieran un suplemento de 20 mg de zinc 5 días a la semana, tras 3 meses de tratamiento ininterrumpido, van a exhibir una capacidad mental superior a la de quienes no hayan optado por dicho suplemento.

Según este trabajo, los niños serán capaces de responder a las preguntas de forma más rápida y con mayor precisión, haciendo gala de una memoria más dúctil y de una mayor capacidad de atención y retención de ideas. James Penland (Grand Forks, Dakota del Norte), coordinador del estudio, expuso recientemente dichas conclusiones en un encuentro nacional sobre biología experimental. Con anterioridad, el zinc se había vinculado a la potenciación de funciones motoras, cognitivas y psicosociales en niños y adultos; pero éste es el primer experimento llevado a cabo en escolares preadolescentes.

Penland subrayó esta circunstancia, «habida cuenta que se trata de una franja de población en etapa de cambios físicos y mentales muy complejos, que normalmente acusa déficit de oligoelementos esenciales en sus tablas nutritivas». Los expertos en nutrición advierten del peligro de dietas pobres en zinc, incluso en países desarrollados como Estados Unidos. Las fuentes naturales de zinc son las carnes rojas, el pescado y los cereales, «que nuestros esclares denostan muchas veces, al optar por fórmulas más energéticas, rápidas de comer y de gusto sabroso».

Las recomendaciones oficiales sobre consumo de zinc varían de los 15 mg/día en Estados Unidos para población adulta a los 9,5 mg de las autoridades del Reino Unido para los hombres y los 4-7 mg para las mujeres.

El estudio coordinado por Penland reclutó a 111 niñas y 98 niños de 11 años, distribuidos en tres grupos que tomaron zumo de frutas con 0, 10 y 20 mg de gluconato de zinc, respectivamente. Se trató de un estudio ciego, por lo que ni los escolares, ni sus padres ni los evaluadores podían saber de entrada qué cantidad de zinc era la ingerida. Tanto al principio como al final del estudio se pidió a los alumnos que realizaran una serie de ejercicios de habilidad mental, a la vez que se monitorizaron sus niveles de zinc en sangre.

Quienes habían tomado 20 mg de zinc al día realizaron sus pruebas un 12% mejor que quienes no habían tomado nada, y un 6% mejor que quienes habían tomado sólo 10 mg. Los suplementos de zinc no repercutieron en el rendimiento motor o psicosocial de los alumnos, si bien las niñas que no habían tomado zinc manifestaron más trastornos de conducta.

Estos datos se añaden a los de estudios previos que avalaban la utilidad del zinc a la hora de reforzar la respuesta inmune o en aspectos tan concretos como la coordinación visual-manual. También se había achacado al zinc una mayor capacidad para la retención de memoria y la fuerza muscular (en adultos).

Mano de zinc

Los investigadores alertan sobre los peligros de un déficit mineral en las dietas de los jóvenes Otros estudios han vinculado un déficit de zinc a la conducta violenta en los adolescentes. Se sospechaba que detrás de las conductas violentas juveniles podía haber un déficit de hierro, proteínas o vitaminas, habida cuenta que los jóvenes con analítica más equilibrada tienden a mantener conductas menos irascibles.Los expertos ratificaron que una suplementación adecuada en la pubertad puede tener un impacto en la inhibición de la violencia juvenil y combatir la conducta antisocial.

Jianghong Liu colaboradores, de la Universidad del Sur de California, llevaron a cabo un estudio de campo con un millar de adolescentes de Isla Mauricio, representantes de muy diversas etnias. Monitorizaron sus analíticas de sangre desde los 3 años, prestando atención especial a la vitamina B, proteínas, hierro y zinc. A los 11 y a los 17 años se sometió a estos escolares a una serie de pruebas de conducta y se constató que los adolescentes con peores niveles oligoalimenticios presentaban una conducta hasta un 41% más conflictiva que los de valores normales.

Los autores concluyeron que el déficit de zinc en esta etapa de crecimiento trae consigo un índice de inteligencia menor que, a su vez, desemboca en conductas más agresivas y antisociales. «Pudimos comprobar que los niveles de zinc desempeñan un papel determinante de la violencia juvenil superior, incluso, al de las clases sociales o niveles adquisitivos».

Asimismo, los investigadores alertan sobre los peligros de un déficit mineral en las dietas de los jóvenes. En el reino Unido, sin ir más lejos, el déficit de hierro es el trastorno alimenticio más extendido entre la población. Por contra, el beneficio que una suplementación de hierro o zinc puede suponer en la población adolescente no tiene parangón en la población senil. Suplementar a los ancianos con antioxidantes, hierro o zinc no mejora su rendimiento cognitivo.

«Sabemos que las vías oxidativas están implicadas en los procesos de demencia», explica la neuróloga Kristine Yaffe (San Francisco, California), y en adultos sanos se ha demostrado que «una dieta rica en antioxidantes protege contra el deterioro cognitivo hasta una cierta edad». La investigadora suplementó las dietas de 2.000 ancianos con 80 mg de zinc por un tiempo medio de 7 años sin conseguir avances notables en sus pruebas cognitivas.

SALUD MINERAL

Nuestro organismo necesita un aporte mínimo diario de 2 mg de zinc para llevar a cabo sus funciones esenciales. El zinc es un micromineral muy versátil que aparece unido a procesos tan elementales como el crecimiento, la actividad de la vitamina A o la síntesis de enzimas pancreáticos. El mineral está presente en cada una de nuestras células, ya que es necesario para el funcionamiento de más de 300 reacciones enzimáticas vinculadas al metabolismo de carbohidratos, proteínas y grasas, así como en la síntesis de insulina.

Las mayores concentraciones de zinc tienen lugar en el tejido muscular, con una proporción del 60%. Un 30% se aloja en los huesos y el 10% restante en la glándula prostática, los ojos y la piel. Además de contribuir a las reacciones enzimáticas, el zinc actúa sobre el sistema inmunológico, aumentando las defensas frente a infecciones bacterianas.

También se ha visto que facilita la curación y cicatrización de heridas y quemaduras, disminuye el tiempo de curación de las úlceras gástricas, a la vez que mejora el crecimiento y desarrollo del feto. Las embarazadas que reciben suplementos de zinc se ha demostrado que tienen menos riesgo de dar a luz un bebé con bajo peso. El zinc se utiliza también para curar procesos de acné y reducir las cantidades de sebo en la piel. Los dermatólogos han descrito que una piel muy seborreica puede, a su vez, provocar alopecia en el adulto y que, en virtud de las propiedades anti-andrógenas de este mineral, el problema podría solucionarse o atenuarse con un consumo controlado de zinc.

Además, se atribuye al zinc un aumento en la agudeza del sabor y el olfato, al igual que una protección del hígado frente a las agresiones químicas. Aunque faltan investigaciones concluyentes, también se recomienda en la prevención de ciertas demencias, anorexia nerviosa, cataratas, diabetes, síndrome de Down, impotencia, osteoporosis y prostatitis. La deficiencia de zinc no se caracteriza, la verdad sea dicha, por unas determinadas manifestaciones clínicas. Muchas personas presentan bajos niveles de zinc en el organismo, sobre todo en países atenazados por el hambre o la pobreza extrema, así como en poblaciones desprotegidas.

Un bajo consumo de este mineral se ha asociado epidemiológicamente a los problemas de próstata en hombres mayores de 45 años, alteraciones en el crecimiento normal durante la infancia o trastornos de la menstruación. Los primeros síntomas que se observan son sus efectos sobre la pérdida de gusto y de agudez olfativa, alteraciones dermatológicas, dificultades para la erección, retraso de crecimiento uterino, caída del cabello o anemia.

Existen productos de consumo que, lejos de aportar zinc al organismo, empeoran los cuadros al inhibir la absorción del preciado mineral, como son las bebidas alcohólicas, el tabaco o el café consumido en cantidades excesivas. También conviene evitar las dietas agresivas basadas en cereales y leguminosas no fermentadas (con elevado contenído de ácido fítico), o las dietas basadas en raíces y tubérculos, tradicionalmente pobres en zinc. En caso de seguir una dieta vegetariana muy estricta se recomienda combinarla con la administración de suplementos y reducir el consumo de fitatos.


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