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Primeras evaluaciones del Convenio de Estocolmo

Los Estados firmantes del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes proponen eliminar cuatro productos químicos

Los Estados que forman parte del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP's), sustancias que presentan, en forma combinada, características de toxicidad, persistencia, bioacumulación y capacidad de transportarse a largas distancias desde donde se emiten o utilizan, han propuesto la eliminación progresiva de cuatro de estos productos.

Los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP's) constituyen actualmente un amplio grupo de sustancias declaradas internacionalmente como peligrosas para la salud humana. Uno de los principales riesgos es su fácil incorporación al organismo a través de los alimentos. Según la Comisión Europea, los alimentos de origen animal son una de las principales fuentes de exposición humana a las dioxinas y los PCB, considerados dos de los más peligrosos. Para reducir la presencia de estas sustancias a lo largo de la cadena alimentaria, la UE lleva a cabo, desde 2002, una estrategia global que incluye medidas destinadas a este fin.

Ahora, en una conferencia internacional, los Estados que forman parte del Convenio Internacional de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes han propuesto la eliminación progresiva de cuatro productos químicos. En opinión de los expertos, los gobiernos deben hacer su contribución para reducir de forma rápida los riesgos que los productos químicos tóxicos de vida larga y plaguicidas puedan presentar en el medio ambiente y en la salud.

Principales retos

El Convenio de Estocolmo impulsa la eliminación de cuatro productos químicos peligrosos Para Klaus Toepfer, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la conferencia ha servido para mostrar a los países cómo pueden trabajar conjuntamente con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para encontrar «soluciones mundiales a problemas mundiales». Un primer paso para reducir estas concentraciones ha sido el establecimiento del Comité de Revisión de COP's, cuya labor será evaluar los productos químicos adicionales que podrían ser añadidos a la lista inicial de los 12 COP's, que son nueve plaguicidas (aldrina, clordano, DDT, dieldrina, endrina, heptacloro, hexaclorobenzeno, mirex y toxafeno); dos productos químicos industriales (PCB y hexaclorobenzeno), también utilizado como plaguicida); y subproductos no deliberados, de los cuales los más importantes son las dioxinas y los furanos.

La primera reunión ha servido, principalmente, para iniciar la labor con cuatro de estos contaminantes: el pirorretardante éter de pentabromodifenilo, los hexaclorociclohexanos (que incluye el plaguicida lindano), el plaguicida clodecona y el pirorretardante hexabromobifenil. Otro de los retos es el que incluye el Enfoque Estratégico del Manejo de los Químicos Internacionales (SAICM), que exige que los productos químicos «sean producidos y utilizados de manera que minimicen los efectos adversos en la salud humana y el medio ambiente para el año 2020».

Evaluación del riesgo

Según el PNUMA, estos productos químicos pueden producir daños en el sistema nervioso e inmunológico, provocar cáncer y desórdenes reproductivos y alterar el desarrollo normal de los niños. Si bien el nivel de riesgo varía de un contaminante a otro, estos productos químicos tienen características similares, como el hecho de que son altamente tóxicos, estables y persistentes (con una duración de años, incluso décadas) antes de degradarse y que se evaporan y desplazan a largas distancias a través del aire y el agua. Esto provoca que puedan acumularse en el tejido adiposo de los seres humanos y en las especies silvestres.

A diferencia de los contaminantes orgánicos persistentes, las dioxinas y los furanos son subproductos no deseados y sin valor comercial que se generan por la combustión incompleta en las incineradoras o la quema de desechos, además de otros procesos industriales. Una de las dioxinas, la denominada 2,3,7,8-TCDD, está clasificada por el Organismo Internacional de Investigación del Cáncer (IARC, en sus siglas inglesas) como uno de los productos químicos sintéticos más tóxicos que existe.

Los últimos datos revelan que la exposición de las personas a las dioxinas y los furanos que se registra en los países industrializados es elevada. En la Unión Europea, los ciudadanos consumen de un 60% a un 130% de la ingesta mensual tolerable recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

EXPOSICIÓN A CONTAMINANTES

La información científica actual confirma que la exposición a los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP's) de los seres humanos se produce, en la mayoría de los casos, a través del consumo de alimentos grasos, especialmente de carne, pescado y productos lácteos. Tanto los COP's como los PCB permanecen en el medio ambiente durante años, y pueden viajar a miles de kilómetros del lugar donde han sido liberados.

Así, se bioacumulan a través de la cadena alimentaria, aunque existen otras formas de exposición, que pueden ser a través del contacto con la piel o la respiración. Según los responsables del Convenio de Estocolmo, los PCB son también tóxicos para los peces, ya que con dosis muy elevadas los matan, y con dosis más bajas provocan problemas en la época de desove. Esta afirmación la confirmarían algunos de los incidentes aparecidos en los últimos años, como la crisis de 1999 en Bélgica, relacionada con aves engordadas con forraje contaminado con PCB y furanos, o el «caso de Brandenburg» de 1999, cuando se detectaron niveles elevados de dioxinas en huevos en Alemania como consecuencia del uso de combustibles contaminados para secar el forraje verde.

Un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluía que es posible utilizar la leche materna como un indicador para evaluar la eficacia del Convenio de Estocolmo sobre COP's. Según el estudio, realizado en colaboración con el laboratorio de dioxinas del Chemisches und Veterinaruntersuchungsamt de Friburgo, en Alemania, y el Instituto Nacional de Salud Pública y Protección Ambiental de Bithoven, Países Bajos, la contaminación de leche materna con estas sustancias varía considerablemente en diversas partes del mundo


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