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Uso de hormonas y suplementos vitamínicos

Un informe denuncia un aumento alarmante del consumo de preparados hormonales entre adolescentes

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 20 de septiembre de 2005
 
Recientes estudios denuncian un aumento del consumo de suplementos vitamínicos

Pediatras estadounidenses alertan de un abuso creciente e indiscriminado en el consumo de hormonas y suplementos vitamínicos por parte de la población infantil y adolescente, con el propósito de fortalecer su imagen física o limar las carencias nutritivas de sus dietas.

Un informe publicado recientemente por la revista Pediatrics denuncia un aumento alarmante en el consumo de preparados hormonales por parte de adolescentes norteamericanos con el fin de reforzar o alterar su propio aspecto físico. El informe incluye una entrevista a 10.000 chicos y chicas de entre 12 y 18 años en la que se constata el efecto de los medios de comunicación sobre estos adolescentes y el vigor de los patrones físicos presentados por deportistas, actores o cantantes, así como la vulnerabilidad de los menores frente a la publicidad sin escrúpulos de algunos fabricantes y el desconocimiento de los efectos secundarios que entrañan tales productos.

Por más que abunde la idea de que son las chicas quienes más se preocupan por la imagen sugerida en los espejos, el informe de Pediatrics sorprende con la revelación de que los adolescentes de sexo masculino son quienes más dinero gastan en preparados hormonales para «masculinizar» más su imagen y pronunciar su volumen torácico y muscular. Llama también la atención el elevado consumo de revistas especializadas en moda masculina, gimnasia o fitness a cargo de los chicos.

Un 12% de los chicos encuestados reconoce en el informe haber consumido suplementos hormonales para aumentar su masa muscular, mientras que entre las chicas este porcentaje no superó el 8%. Más preocupante resulta la constatación de que un 5% de los chicos y un 2% de las chicas sigue consumiendo estos suplementos de forma semanal.

Productos más usados

Los productos más usados por adolescentes son batidos, polvos proteicos, hormonas de crecimiento y esteroides anabolizantes La Dra. Alison Field (del Hospital Infantil de Boston, Massachusetts), coordinadora del informe, asevera que los productos más usados por los adolescentes son batidos y polvos proteicos, creatinina, aminoácidos, metabolitos del tipo HMB o DHEA, hormonas de crecimiento y esteroides anabolizantes. «Los polvos o batidos de elevado contenido proteico puede que sean inocuos, pero los esteroides anabolizantes pueden desencadenar reacciones de atrofia, toxicidad renal o hepática, además de incrementar el riesgo de accidentes cardiovasculares», asegura la experta.

Field subraya que la creatinina forma parte del contenido en nutrientes de carnes rojas y pescados. «Sin embargo, su suplementación ha sido prohibida en distintos países tras establecerse un nexo entre un consumo habitual y la aparición de cáncer». Por su parte, el Comité Olímpico Internacional (COI) no considera la creatinina como sustancia de dopaje sino como comida. En cambio, sí prohíbe a los deportistas de competición el empleo de DHEA (dehidroepiandrosterona), un precursor hormonal.

Esta sustancia lleva ya tiempo siendo utilizada en Estados Unidos por parte de adultos cuya masa muscular entra en declive a partir de los 30 años y para «reconstruir» el aspecto atlético-deportivo. En mayo de este mismo año, sin embargo, una ley federal requirió que este precursor hormonal fuera consumido sólo con prescripción médica, lo que ha levantado ya las protestas de la National Nutritional Foods Association (NNFA), el lobby que agrupa a las industrias de suplementos nutricionales de aquel país.

Dictadura del aspecto

La pubertad es una etapa de cambios físicos muy importantes en las personas tanto de sexo masculino como femenino. El espejo, la fotografía o los comentarios de terceras personas actúan como una caja de resonancia con la que reforzar la propia impresión física de uno mismo. El problema es que el aspecto físico viene condicionado por unas instrucciones genéticas que no siempre se corresponden con el canon óptimo de belleza labrado en nuestra mente. Por eso nos vemos casi siempre feos, raros o desajustados.

Con el paso del tiempo, uno se acostumbra al propio aspecto y aprende a sacarle partido, pero las modas mueven ingentes cantidades de productos y de dinero para cebarse en esa inseguridad adolescente sobre el aspecto físico. Desde los suplementos nutricionales a las clínicas de cirugía estética sobran propuestas y patrones de belleza reconocida. Uno puede obviar las instrucciones genéticas relativas al aspecto y ganar el aspecto más en boga de forma artificial.

Amanda Johnson, una dietista británica, asegura que los adolescentes, más que los adultos, dan mayor importancia al aspecto físico que a la salud. Asegura, no obstante, que la mejor intervención de todo adolescente en pro de un aspecto saludable es comer de forma equilibrada y practicar ejercicio con regularidad. Admitió que la aparición de la menstruación en las chicas crea una demanda específica de hierro «que no tiene por qué suplementarse de otro modo que con carnes rojas, legumbres o pescado azul».

También considera la adolescencia como una etapa fundamental en la culminación de la arquitectura ósea y en la que el aporte de calcio desempeña un papel trascendental; pero reitera que todas estas necesidades pueden cubrirse por medio de la dieta y sin suplementos. Johnson tacha de falso mito la idea de que los batidos y polvos ricos en proteínas aumentan la masa muscular. «A este propósito resulta mucho más eficaz consumir carbohidratos y ejercitarse de forma intensa».

PASTILLAS DESDE LA INFANCIA

 
Con una dieta con los componentes adecuados, como los que muestra la imagen, no son necesarios los suplementos vitamínicos

El problema de la suplementación dietética inadecuada parte muchas veces de las primeras etapas infantiles. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Iowa, en Estados Unidos, revela que muchos padres suplementan la alimentación de sus hijos con vitaminas y minerales sin el menor control pediátrico. El estudio, publicado el año pasado en la revista Journal of the American Dietetic Association, constó de unos cuestionarios remitidos a los padres de 400 bebés de raza blanca y pretendía documentar la salud dental de los niños americanos desde su nacimiento.

Para sorpresa de los encuestadores, el 20% de las familias administraba suplementos dietéticos a bebés en plena lactancia, y el porcentaje se doblaba entre los 6 meses y el año. La suplementación constaba en casi todos los casos de vitaminas y flúor. Fueron muy pocos los bebés estudiados que no recibieron suplementos de vitamina C en su etapa inicial de crecimiento.

Julie Mae Eichenberger Gilmore, autora del estudio, denunció de inmediato la inconveniencia de suplementar una fórmula nutricional tan perfecta como la leche materna, y aseguró que las fórmulas pediátricas de alimentación infantil contemplan todas las necesidades vitamínicas y minerales de los niños y niñas. Por medio de análisis, la investigadora pudo constatar el abuso en la administración de vitaminas y minerales, a excepción de la vitamina E y los folatos, «que tal vez requieran una intervención más enérgica por parte de los pediatras, por cuanto su déficit es bastante generalizado entre los niños estadounidenses».

Eichenberger Gilmore resaltó que existen poquísimos estudios sobre suplementación vitamínica o mineral en la infancia y que es preciso vigilar de cerca esta cuestión. Basándose en sus propios datos, juzgó que la tendencia a suplementar la alimentación de los niños es desproporcionadamente mayor entre las familias de raza blanca y entre las de status social más alto. La denuncia de esta investigadora se acompañó también el año pasado de un estudio similar por parte de un hospital pediátrico en 145 familias y que ratificó que el 45% empleaba suplementos vitamínicos y minerales. Ese mismo año, el mercado de suplementos vitamínicos y minerales en Estados Unidos rozó una facturación de 6.500 millones de dólares.

Kathi J. Kemper (Brenner Children's Hospital) justificó el empleo de determinados suplementos en niños con enfermedades crónicas, pero juzgó peligroso el hábito generalizado de suplementar de forma anárquica y sin control la alimentación de los niños «por cuanto la eficacia de tales suplementaciones es casi siempre dudosa y, por contra, la seguridad de las dosis empleadas también lo es».


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