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Crisis en el sector cafetero

Un total de 45 países productores de café están enfrentados a la ruina económica por culpa de la caída de los precios mundiales del café, según Oxfam International

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 11 de octubre de 2005

El precio del café pronto puede andar por el mismo camino que el del petróleo si no se buscan alternativas. Menguan las cosechas de café instantáneo, pero la ciencia ha dado ya con una solución. Un conjunto de marcadores moleculares son capaces de mejorar las estrategias de desarrollo de la variedad de café conocida como Coffea canephora.

La variedad de café empleada para el cultivo de granos destinados al consumo de café soluble, conocida como robusta (Coffea canephora), no es en realidad tan robusta como su nombre indica. Esta subespecie vegetal resulta ser autoincompatible, lo que significa que no puede polinizarse por sí misma, y con ello oscurece las perspectivas de los agricultores dedicados a su cultivo y de las industrias que emplean sus granos para la elaboración de café soluble.

Los agricultores han ensayado mezclas híbridas de robusta con otras variedades de café, sin que por el momento se haya dado con una pauta capaz de limar flaquezas a la no tan robusta variedad de café. Un equipo británico de científicos, sin embargo, presentó este verano en Barcelona, en el transcurso de un encuentro de biología experimental, un conjunto de marcadores moleculares capaces de identificar el genotipo de las variedades autoincompatibles y mejorar así las estrategias de desarrollo de esta planta.

Los expertos de la Universidad de Nottingham se han aliado con científicos del Instituto «Kawanda» de Investigación Agrícola, en Uganda, con el propósito de modificar genéticamente la variedad robusta y hacerla más reproducible, resistente a las enfermedades y a los cambios medioambientales, a la vez que se pretende mejorar su calidad organoléptica.

Sylvester Tumusiime, coordinador del grupo multicéntrico, asegura tener la clave para que las ribonucleasas (enzimas degradantes del ARN) acaben de una vez con la autoincompatibilidad reproductiva del café robusta. Los agricultores dispondrán así de genotipos de robusta con garantía de compatibilidad reproductiva, que podrán seguir cruzando con otras variedades de café sin ver amenazado el volumen de sus cosechas.

Granito más, granito menos

La producción de la variedad arábica de café podría sufrir una reducción media del 6%, según el Departamento de Agricultura estadounidense La variedad «arábica», la empleada para el café de las cafeteras, es autocompatible y mucho más fácil de cultivar. Sin embargo, los plantadores de esta variedad deberán hacer frente en los próximos años a un recorte en el volumen de sus cosechas para desafiar no ya la compatibilidad, sino la competencia de los precios en el mercado global.

El Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, en sus siglas inglesas) habla sin tapujos de una reducción media del 6%, que en países de gran producción como Brasil podría llegar al 14%. Baja la producción pero no los precios, que experimentarán una subida (para el grano de café de consumo) calculada en un 5%.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) alerta sobre una situación similar con respecto a la producción global de maíz (descenso en las cosechas y aumento en el precio) y critica que decisiones tomadas en una pequeña parte del hemisferio norte no tengan nunca en cuenta la situación del resto del planeta ni el acceso de sus habitantes a productos alimenticios básicos.

Según la FAO, al mismo tiempo que se prevé que maíz y café suban sus precios, arroz, trigo y leche podrían mantener los precios actuales o incluso abaratarse. Se trata de productos, estos últimos, para los que existe una reserva mundial estimada suficiente. Uno de los cereales que goza de mayor salud en los mercados es el arroz, cuya producción mundial se espera que aumente este año en un 2,7%.

La FAO recuerda, sin embargo, que la variabilidad en cuanto a aumento y descenso de la producción de granos sigue siendo tan enorme como en años pasados y plantea incógnitas muchas veces inasumibles para agricultores de Asia o Iberoamérica.

AYUDAS AL CAFÉ

 
Un total de 25 millones de familias cultivadoras de café sufren las consecuencias de la globalización, según OI

Al amparo de la sostenibilidad y la justicia, Oxfam Internacional (OI) lleva a cabo en más de 20 países un plan de rescate específico para el café. La ONG denuncia que las empresas sigan sumando beneficios mientras 25 millones de familias se hunden cada día más en la pobreza por decisiones políticas ajenas en las que no pueden participar.

Se calcula que 25 millones de familias cultivadoras de café en Iberoamérica, Asia y también África pueden sufrir las consecuencias de una globalización por la que los consumidores de los países más ricos pagarán hasta 3,60 dólares por una libra de café tostado y molido, toda vez que los agricultores recibirán sólo 24 centavos por libra, un diferencial del 1.500%.

La llamada de OI reivindica la situación de 45 países productores de café, enfrentados a la ruina económica por culpa de la caída de los precios mundiales del café. La organización presenta de este modo lo que denomina una «crisis global del café» y pretende forzar a los gigantes del sector, que mueve al año más de 60.000 millones de dólares, a pagar un precio más justo a los agricultores, de forma que el cultivo del café les permita llevar una vida digna.

En opinión de OI, las cuatro principales empresas cafeteras -Sara Lee, Kraft, Procter & Gamble y Nestlé- compran casi la mitad de la cosecha mundial de cada año y sacan de su venta unos beneficios enormes. «Saben que detrás de su negocio se esconde un sufrimiento humano inadmisible, pero no hacen casi nada para impedirlo, y ya es hora de poner en evidencia este conflicto de intereses y de cambiar el rumbo de las cosas», afirma Ignasi Carreras, de OI.

La investigación de Oxfam Internacional advierte del colapso económico que se avecina con el empeoramiento de las condiciones de vida para los productores de café y sus familiares (unos 100 millones de personas), a causa de unos precios del café que se encuentran en el nivel más bajo de los últimos 30 años. La Organización Internacional del Café, que se reúne una vez al año, reconoce que los gobiernos de los países ricos se han negado reiteradamente a mediar en este conflicto.

«Es inconcebible que nuestros líderes políticos no sean conscientes de una crisis humanitaria que afecta a tantas personas; es un escándalo que no haya un auténtico debate, ninguna ayuda y ninguna respuesta», añade Carreras. «La manera como los gobiernos y las empresas reaccionen a esta crisis es el sistema más crudo de poner a prueba si la globalización puede funcionar también para los pobres».

OI constata que cada año llega al mercado global un excedente de 540 millones de quilos de café y que se ha estado produciendo en los últimos años hasta un 8% más de café del que se consume. Las empresas dedicadas a la torrefacción de los granos utilizan un grano de café de calidad cada vez más baja, con el auxilio de nuevas tecnologías como la de la limpieza con vapor de los granos seleccionados. Sólo 10 años atrás, las exportaciones de los países pobres representaban una tercera parte de todo el mercado del café; hoy día sólo llegan al 10%.

Por otro lado, los beneficios de la ayuda y de la condonación de la deuda externa que empiezan a cundir, fruto de la opinión ciudadana mundial, se ven mermados por el hundimiento de economías nacionales enteras, y en algunos países del África Central los ingresos por el café se han reducido en un 40%; en Etiopía, por ejemplo, los ingresos por el café se han reducido en 110 millones de dólares, nada en comparación con los 58 millones de dólares que se ahorrará el país por la condonación de su deud. El valor de las exportaciones de café para los países productores se ha reducido en 4.000 millones de dólares sólo en 5 años.

Algunas salidas a esta crisis podrían ser, según OI, garantizar que las grandes empresas del café acaben pagando un precio razonable a los agricultores, destruir algunos excedentes para reducir la demanda y favorecer el aumento de los precios, gestionar el mercado de forma transparente, para garantizar que la oferta no sobrepase la demanda y dar apoyo a los productores para que procesen sus propias cosechas.


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