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Probióticos y sistema inmunitario

La comunidad científica e industria estudian familias de bacterias lácticas como Lactobacillus y Bifidobacillus

Que los probióticos pueden aportar beneficios sobre el sistema inmunitario es algo más o menos aceptado, aunque la falta de pruebas sólidas obliga a los expertos a tratar el tema con mucha cautela.

Ahora, un equipo de investigadores de dos compañías suizas que desarrollan productos probióticos afirma tener nuevas evidencias al respecto. El estudio, que se acaba de publicar en la revista Environmental Health y que está dirigido por Anders Zachrisson, se basa en una experimento realizado con trabajadores de una planta de embalaje.

Los trabajadores recibieron durante 80 días una dosis de Lactobacillus reuteri, una bacteria que se cultiva en algunos yogures, o bien de placebo. De los 87 participantes que recibieron placebo, 23 se pusieron enfermos durante aquel periodo, mientras que sólo 10 de los 94 que recibieron Lactobacillus enfermaron, explican los investigadores.

Los responsables del estudio explican además que la duración de la enfermedad de los que recibieron Lactobacillus fue menor que la de los que recibieron placebo y que el efecto fue especialmente remarcado en trabajadores con turnos rotatorios. «Es sabido», explica Zachrisson, «que los trabajadores con turnos rotatorios tienen el sistema inmunológico más comprometido y tiene más tendencia a resfriarse. El mayor hallazgo de este estudio es que ninguno de los trabajadores de turnos, y que recibieron probióticos, enfermó».

Sin embargo, los resultados no están tan claros para otros. Amy Brown, nutricionista de la Universidad de Hawai en Honolulu, explicaba para News Nature que, aunque los resultados son intrigantes, el trabajo no contempla si los trabajadores que pidieron baja lo hicieron estrictamente por enfermedad o por otros daños, como los provocados por un accidente y que nada tienen que ver con la debilidad del sistema inmunológico.

Efectos poco duraderos

Los probióticos no pueden permanecer permanentemente en el sistema digestivo y para beneficiarse de sus efectos habría que tomarlos diariamente La comunidad científica y la industria centran su atención sobre familias de bacterias lácticas como Lactobacillus y Bifidobacillus. El número de productos funcionales que las contienen es creciente y aunque el mecanismo por el que actúan no se entiende demasiado bien -se supone que modulan y ayudan al sistema inmunológico a través de la mucosa intestinal en su lucha contra los patógenos- ello no ha sido obstáculo para que sus ventas proliferen.

Según USProbiotics.org, un sitio web de la California Research Foundation, actualmente hay 27 cepas probióticas disponibles y que producen unas 15 compañías, entre las que se encuentran cepas de L.casei, L.plantarum o L.reuteri. Se estima que a nivel mundial el mercado de los probióticos y los prebióticos mueve anualmente 6 mil millones de dólares.

La Unión Europea, por su parte, ha invertido unos 15 millones de euros en la creación de una red en la que participan investigadores de 16 países para que investigue los beneficios y los mecanismos básicos de estos probióticos. Se trata, en definitiva, no sólo de entender cómo estas bacterias actúan en el sistema digestivo sino cómo se relaciona con la flora intestinal. Se calcula que el intestino humano contiene alrededor de 1,2 kilos de bacterias, pero ¿qué bacterias? Uno de los hallazgos sorprendentes de la red es que, aunque en el sistema digestivo pueden vivir millones de microbios, éstos pertenecen a «sólo» unas 100 especies y que estas especies son diferentes de persona a persona.

Esta flora intestinal propia que actúa es la que lo hace frente a los patógenos y tiene bacterias de las «buenas», Lactobacillus, y de las «malas», como Clostridium difficile. Estas bacterias colonizan el sistema digestivo en los primeros días y meses de vida y acompañarán de por vida a la persona. Eso también quiere decir que las bacterias probióticas no pueden permanecer permanentemente en el sistema digestivo y que para beneficiarse de sus efectos habría que tomarlos diariamente.

¿Cómo es el proceso de colonización? ¿Tienen relación las diferentes especies bacterianas con la susceptibilidad a algunas enfermedades? ¿Se puede condicionar en la infancia la flora intestinal? Esto último es lo que propuso un equipo de la Universidad de Turku (Finlandia). Seleccionaron un grupo de mujeres embarazadas que pertenecían a familias con susceptibilidad a las alergias y, justo tras el parto, dieron a los bebés una dosis diaria de Lactobacillus rhamnosus. Los bebés tratados con Lactobacillus resultaron ser menos susceptibles a las alergias que los que no fueron tratados con esta sustancia.

LACTOBACILLUS CONTRA EL HIV O LA CARIES

Las bacterias probióticas estimulan la generación de anticuerpos, según un estudio que se acaba de publicar en la revista European Journal of Nutrition. El trabajo se realizó sobre 64 voluntarios que tomaron cada día durante cinco semanas leche normal o leche enriquecida con Lactobacillus rhamnosus o Lactobacillus acidophilus.

En la segunda semana fueron vacunados de la polio y, según explican los investigadores de la Universidad de Kiel (Alemania), la respuesta inmunológica fue mejor en aquellos que recibieron las bacterias probióticas.

Lactobacillus también se ha sugerido como ayuda para luchar contra la caries. El consumo de leche con Lactobacillus rhamnosus parece reducir drásticamente las caries en los niños. En el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) han planteado una estrategia que va más allá y que pasa por usar cepas de Lactobacillus modificadas para eliminar a la bacteria que causa la caries, Streptococcus mutans.

Más sorprendente si cabe es el posible hallazgo de que una cepa específica de Lactobacillus que se puede hallar en la saliva podría reducir la probabilidad de transmisión vertical (de madre a hijo) del VIH a través de la lactancia. Aunque el autor del trabajo, Lin Tao, de la Universidad de Illinois, reconoce que está lejos de los resultados definitivos, se plantean opciones muy interesantes como la de poder complementar la alimentación del bebé con Lactobacillus en polvo de forma que pueda evitarse la transmisión. Se calcula que en todo el mundo unos 800.000 bebés se contagian de esta forma, la gran mayoría en África.


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