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Europa evalúa la seguridad del aspartamo

El aspartamo está autorizado desde hace años como edulcorante, pero tiene una historia controvertida

 
El aspartamo es uno de los edulcorantes más utilizados

La publicación de un trabajo sobre los posibles efectos carcinogénicos del aspartamo ha reavivado el debate sobre los perjuicios de este edulcorante y ha llevado a la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas) a tomar cartas en el asunto. Los autores son un equipo de la Fundación Ramazzini de Oncología y Ciencias Ambientales (Italia) y el estudio se acaba de publicar en la edición electrónica de la revista Environmental Health perspectivas. Los expertos muestran su precaución frente al trabajo.

El trabajo se presenta como la primera demostración experimental de los efectos carcinogénicos multipotenciales del aspartamo administrado en la comida de ratas Sprague-Dawley. El aspecto más controvertido del trabajo es la demostración, según los autores, de que los efectos son visibles a partir de una dosis diaria de 20 miligramos de aspartame por kilo de peso, bastante menos que la dosis diaria actualmente establecida como aceptable por las autoridades sanitarias (50 miligramos por kilo en EEUU y 40 miligramos por kilo en Europa).

Ante estos resultados, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha pedido a los autores toda la información del trabajo y han iniciado una evaluación con carácter prioritario. Fidel Toldrá, miembro del panel de expertos de la EFSA que evalúan el trabajo, ha explicado a Consumaseguridad.com que se trata de evaluar «la calidad científica del estudio y su metodología, así como ver por qué los resultados entran en contradicción con todos los trabajos anteriores». Habrá que esperar al menos dos meses para saber los resultados de la evaluación y los expertos de momento apuntan a la prudencia.

Dosis de 5.000 a 4 miligramos

El aspecto más controvertido del trabajo es la demostración, según los autores, de que los efectos son visibles a partir de una dosis diaria de 20 miligramos de aspartamo por kilo de peso El estudio se inició cuando las ratas tenían ocho semanas de vida y finalizó con la muerte por causas naturales del último animal, con una edad de 159 semanas. Los animales, divididos en grupos, recibían dosis diarias de aspartamo de 5.000, 2.500, 500, 100, 20 y 4 miligramos de aspartamo por kilo de peso. Los tres grupos con las dosis más altas estaban formados por 100 machos y 100 hembras, mientras que los grupos de dosis más bajas y el de control estaban formados, cada uno, por 150 hembras y 150 machos. El trabajo consistió básicamente en seguir esa dieta a lo largo de toda la vida, evaluar si se daban cambios sustanciales en el comportamiento de los animales y, una vez morían los animales por causas naturales, proceder a un análisis detallado de sus tejidos para descubrir si se habían desarrollado tumores y de qué tipo.

Los animales, dicen los autores, «muestran amplias evidencias de cánceres malignos, incluyendo linfomas, leucemias y tumores en diferentes órganos, y tanto en el caso de hembras como en machos». Los autores aventuran que la causa de este incremento puede estar relacionado con uno de los subproductos del aspartamo, el metanol, el cual a su vez se metaboliza en formaldehído.

El formaldehído fue clasificado como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2004, después de que un panel de 26 expertos considerara que había evidencias suficientes de la implicación de este compuesto en el caso de cáncer nasofaríngeo en humanos, evidencias limitadas en el caso de cáncer nasal y paranasal, y evidencia «fuerte pero no suficiente» en el caso de leucemias. En aquella evaluación se consideraba la exposición laboral y ambiental al formaldehído, compuesto que se usa en la producción de resinas, adhesivos y otros productos para el tratamiento de la madera, para el tratamiento del papel, en la producción de plásticos y recubrimientos, en la producción de compuestos químicos industriales, en acabados textiles, y que también se usa como desinfectante. Es, de hecho, un producto muy extendido.

Esta evidencia ha contribuido a avivar la controversia sobre el aspartamo, ya que uno de sus metabolitos, el metanol, se descompone en formaldehído. Pero las concentraciones de formaldehído que se pueden generar a causa del aspartamo son muy pequeñas comparadas con los niveles de formaldehído a los que están expuestos algunos trabajadores. Edulcorantes como el aspartamo son compuestos, dice Xavier Parés, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, «que se ponen en cantidades muy pequeñas por su elevado poder edulcorante». Este investigador manifiesta sus dudas y precaución ante el trabajo de los italianos, porque «no encaja con todo lo que se sabe».

Para que se den unos efectos negativos, sigue este investigador, se requieren unas concentraciones mínimas. La enzima que metaboliza el metanol en formaldehído no está apenas presente en el intestino, sino en el hígado. Habría qué ver los niveles que se alcanzan en diferentes órganos en los que los investigadores italianos describen efectos visibles. Que el trabajo contradiga todo lo hecho anteriormente sorprende y llama, cuanto menos, a la prudencia. Habrá que esperar dos meses a los resultados del informe de la EFSA, que mientras no extraiga conclusiones, de momento tan sólo aconseja a los consumidores que sigan con dieta su habitual.

EDULCORANTES CON CONTROVERSIA

 
El aspartamo se encuentra en productos como chicles y caramelos sin azúcar

El aspartamo está autorizado desde hace años para su uso en alimentación y como edulcorante, pero tiene una historia controvertida. Desde que se aprobó, algunos sectores han cuestionado su seguridad y la de los metabolitos en los que se descompone: ácido aspartico, fenilalanina y metanol. Se han hecho diversas investigaciones sobre sus posibles efectos y en el año 2002 la EFSA evaluó por cuarta vez los trabajos existentes para llegar a la conclusión de que el compuesto era seguro.

El aspartamo es el segundo edulcorante más utilizado a nivel mundial. Se encuentra en bebidas carbonatadas, refrescos y bebidas edulcoradas, en chicles y caramelos sin azúcar, postres, así como en productos farmaceúticos. La polémica sobre su uso no se limita sólo a los efectos carcinogénicos.

Hace un año, un trabajo publicado en la revista International Journal of Obesity y realizado por investigadores de la Universidad de Purdue, sugería que los edulcorantes hipocalóricos, de los cuales se hace un consumo más que extensivo, «interfieren con la habilidad natural del cuerpo para medir el contenido calórico de los alimentos». El trabajo recibió críticas de algunos grupos de investigación que defendían el beneficio de estos edulcorantes con los que se ha conseguido ayudar a mucha gente a rebajar peso.


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