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Microorganismos y eliminación de antibióticos en el medio ambiente

Algunas bacterias tienen la capacidad de digerir y desactivar la presencia de antibióticos excretados por animales

  • Autor: Por MARTA CHAVARRÍAS
  • Fecha de publicación: 6 de abril de 2006
 
Utilizar las deyecciones de animales como abono es una práctica agrícola habitual

Las bacterias han sido consideradas desde siempre como un «enemigo» tanto para la producción ganadera como para el medio ambiente. La lucha por combatirlas ha requerido hasta ahora el uso de antibióticos para frenar su capacidad de infección. Ahora, expertos estadounidenses han demostrado que los microorganismos, entre ellos varios tipos de bacteria, tienen capacidad para reducir la presencia de antibióticos en las deyecciones de los animales y, en consecuencia, en el medio ambiente.

El uso de antibióticos entre productores de ganado y de aves de corral responde a la necesidad de luchar contra una amplia variedad de enfermedades y de infecciones. En líneas generales, un uso adecuado de estos tratamientos promueve la salud y el bienestar de los animales, y garantiza el suministro de alimentos seguros a los consumidores. El problema surge cuando los animales excretan los antibióticos que su cuerpo rechaza y estos restos se aprovechan para usos agrícolas. Esta «contaminación ambiental» se traduce en la mayoría de los casos en la formación de cepas resistentes a los antibióticos actuales. Y es que una de las prácticas ganaderas más extendidas incluye el uso del estiércol como abono para los campos de cultivo. Pero ¿qué pasa cuando este estiércol contiene antibióticos?

Un estudio realizado por expertos del Servicio de Investigación Agrícola de EEUU (ARS, en sus siglas inglesas), centrado en el antibiótico veterinario sulfadimetoxina, ha demostrado que los microorganismos, incluyendo varios tipos de bacteria, pueden convertirse en los «aliados» perfectos para la «salud ambiental». A través de un modelo matemático, los expertos han demostrado que los microorganismos que permanecen en el estiércol pueden establecer la tasa exacta de degradación del antibiótico. Incluso, en algunos casos se ha demostrado que estos microorganismos llegan a digerir y desactivar el antibiótico excretado.

Para reducir la carga contaminante en el medio ambiente es necesario mantener, durante un tiempo, el estiércol procedente de animales tratados con antibióticos en un lugar cálido y húmedo. Este periodo de reposo proporciona a los microorganismos «beneficiosos» para el suelo «una oportunidad» para actuar sobre el antibiótico antes de que pueda llegar a los «suelos y a las vías fluviales», admite Scout Yates, responsable del estudio.

Microorganismos beneficiosos

Los microorganismos constituyen una eficiente arma de lucha biológica contra la contaminación ambiental La posibilidad de que un alimento pueda contaminarse empieza en la producción primaria, tanto ganadera como agrícola. Los contaminantes químicos, entre los que se encuentran los residuos de medicamentos de uso veterinario, constituyen una de estas posibilidades. Que este contaminante pueda suponer un riesgo para la salud o no depende de factores como la absorción y la toxicidad de la sustancia. Investigaciones recientes apuntan a los efectos del uso actual de los antibióticos y de los agentes antibacteriales, que están cambiando la naturaleza de los microbios en el ambiente y están creando gérmenes que son más difíciles de combatir y eliminando a algunos microbios beneficiosos.

Varios estudios europeos ya han demostrado el impacto de ciertos antibióticos que, a través de los excrementos del ganado, contaminan el medio ambiente. El proyecto europeo Eravmis enumera productos veterinarios sospechosos, como los fungicidas, las hormonas y los tratamientos contra las coccidiosis, una enfermedad provocada por un parásito microscópico, el coccidio, y que afecta, además de animales domésticos, a ganado ovino y caprino. Uno de los tratamientos que se utilizan para tratar esta enfermedad es el fármaco sulfadimetoxina, que es en el que se han centrado los expertos estadounidenses. La solución para eliminar este antibiótico pasa, según los expertos del ARS, por crear un «ambiente agradable» a los microbios «beneficiosos».

Contaminación en suelos y aguas

El proyecto Eravmis se centra en el ciclo de vida y el proceso de migración en suelos y aguas dulces de tres antibióticos pertenecientes a las familias tetraciclinas, los macrólidos y las sulfonamidas. El resultado de esta investigación es que, excepto las plantas acuáticas, que son sensibles a las sulfonamidas (con una estructura similar a la de ciertos pesticidas), sólo las bacterias, principal objetivo de estos productos, reaccionan a las concentraciones que se encuentran de forma habitual en el medio ambiente. Para el resto de los seres vivos, los efectos se observan en concentraciones superiores a 1 mg/kg.

Todavía faltan más estudios para establecer el impacto de los antibióticos en el medio ambiente. Uno de los puntos débiles del estudio es que se ha centrado en periodos de tiempo muy cortos (tres semanas como máximo), según reconocen sus investigadores, que han observado cómo una parte de las moléculas sigue estando presente durante meses en el medio ambiente. Debido a que ciertos medios quedan sometidos a una «exposición permanente», los efectos deben estudiarse «con más profundidad».

SUSTANCIAS TÓXICAS Y MEDIO AMBIENTE

El 1 de enero de 2006 ha marcado un cambio de enfoque de la política agroalimentaria comunitaria, que se ha materializado en centrar la responsabilidad de garantizar la seguridad alimentaria a los productores. La normativa europea ha empezado el año con la prohibición de usar antibióticos para engordar al ganado.

«Debemos reducir sensiblemente el uso superfluo de antibióticos si queremos impedir eficazmente que los microorganismos se vuelvan inmunes a los tratamientos utilizados durante años», ha reconocido Markos Kyprianou, comisario de Salud y Protección de los Consumidores.

A finales de 2005 la lucha para reducir la presencia de sustancias tóxicas en el medio ambiente se materializaba en el proyecto REACH sobre el registro, evaluación y autorización de productos químicos. Actualmente, se calcula que unas 100.000 compuestos destinados a usos industriales, agrícolas o farmacéuticos circulan por la Unión Europea sin que se conozcan los riesgos que tienen sobre la salud humana, y que la mayoría de las 3.000 sustancias farmacéuticas que se utilizan en la UE corresponden al campo de la medicina veterinaria.




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