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Biotecnología y alimentación

La actividad biotecnológica ya supone el 20% de las aplicaciones agroalimentarias españolas, según un informe

Los desarrollos biotecnológicos aplicados a la agroalimentación se sitúan ya por detrás de los que se aplican para la mejora de la salud, y las empresas de biotecnología relacionadas con la alimentación incrementan año tras año su compromiso con otras compañías tradicionales para mejorar la calidad de los alimentos y enriquecer nutritivamente los productos. La tendencia al alza de este tipo de técnica se refleja también en los cultivos transgénicos, cuya superficie se sitúa ya en los 102 millones de hectáreas en todo el mundo, y en el desarrollo de nuevos campos de investigación, como la nutrigenómica, un nuevo paradigma de nutrición que se traduce en la posibilidad de crear «dietas personalizadas». Pese a todo, se trata de aplicaciones que deben hacer frente no sólo a rigurosos requerimientos normativos sino convencer aún a buena parte de los consumidores.

Partiendo de la consideración que hace el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) del término biotecnología (aplicación tecnológica que utiliza sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos), los expertos le atribuyen numerosas aplicaciones en agricultura y producción de alimentos, como manipulación y transferencia de genes, tipificación del ADN y clonación de plantas y animales. En España, este tipo de actividad ha crecido de forma considerable en los últimos diez años, según datos de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio). Pero el crecimiento no sólo ha quedado plasmado en la mejora y el enriquecimiento nutritivo de ciertos productos, sino también en el control alimentario, que cuenta con métodos cada vez más sofisticados destinados a garantizar la calidad en todo el proceso de producción.

Dentro de lo que los expertos denominan la «nueva biotecnología», sustentada en la aplicación del conocimiento de la biología molecular y la ingeniería genética y en la que se trabaja y manejan directamente las moléculas y los genes, destacan las metodologías basadas en el uso de anticuerpos y en la amplificación del material genético (PCR). Estas técnicas permiten no sólo asegurar la calidad de los productos alimenticios, sino también la seguridad, detectando por ejemplo la presencia de posibles agentes patógenos con máxima eficacia. Según el informe presentado recientemente por la Fundación para la Innovación Tecnológica (COTEC), Biotecnología y alimentación, los avances biotecnológicos en alimentación se aplican sobre todo en la identificación molecular de microorganismos, la identificación de especies, la detección de organismos modificados genéticamente (OMG) o en la obtención de marcadores moleculares en técnicas clásicas de mejora genética.

Menú transgénico

La alimentación biotecnológica cuenta cada vez más con normas que reconocen su potencial En la Declaración de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre la biotecnología, la organización reconoce que la «ingeniería genética puede contribuir a incrementar la producción y productividad en la agricultura y pesca». No obstante, la polémica sobre la conveniencia o no de recurrir a ciertas prácticas está servida, como el hecho de que los OMG puedan transferir genes a otros organismos. Ahora, Bruselas acaba de iniciar una investigación sobre las posibles consecuencias para la salud de los alimentos procedentes de animales clonados. El debate procede de EEUU, donde la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en sus siglas inglesas) concluye, tras cuatro años de investigaciones, que la carne y la leche derivadas de animales clonados son tan seguras para la alimentación humana como los animales alimentados de forma convencional.

Por este motivo, la Comisión Europea ha iniciado consultas con organismos científicos y con los países comunitarios para determinar las consecuencias éticas y para la salud de la venta y consumo de alimentos procedentes de animales clonados. El Ejecutivo comunitario ha pedido a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas) que elabore un informe sobre las implicaciones que la cría de animales clonados puede entrañar para la salud humana, el bienestar animal y el medio ambiente. Además, la Comisión ha solicitado al Grupo Europeo de Ética que estudie las implicaciones de la clonación.

Más transgénicos

La biotecnología agraria, especialmente el desarrollo de nuevas variedades agrícolas modificadas genéticamente, continúa generando dilema entre los que apuestan firmemente por esta tecnología y los que la consideran perjudicial. En la Unión Europea, por ejemplo, debe hacer frente a un estricto marco regulado que incluye un sistema de experimentación, autorización, cultivo, trazabilidad y etiquetado. Pese a ello, se trata de uno de los ámbitos que mayor crecimiento está registrando en los últimos años. Según el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Biotecnológicos (ISAAA, en sus siglas inglesas), durante el año 2006 se ha producido un nuevo récord en la actividad biotecnológica agrícola, llegándose a contabilizar 102 millones de hectáreas dedicadas a este tipo de cultivos, un 13% más que en 2005.

Durante la década 1996-2006, el área de cultivos transgénicos ha protagonizado un aumento «sin precedentes», mucho mayor que cualquier otra tecnología aplicada al campo. En España se ha llegado a las 60.000 hectáreas cultivadas, cifra que sitúa al país como uno de los mayores productores europeos y mundiales. Y las previsiones indican que esta tendencia se mantendrá hasta 2015, año en que el ISAAA prevé que más de 20 millones de agricultores siembren 200 millones de hectáreas de cultivos transgénicos en unos 40 países.

GENÓMICA NUTRICIONAL

La nutrición y la genética han encontrado un punto de encuentro en la genómica nutricional, que abre a la vez nuevas áreas interrelacionadas como la nutrigenética y la nutrigenómica. Estas nuevas disciplinas, apoyadas en avances como la proteómica, han empezado a plantear un nuevo paradigma en la nutrición, que se traduce en la posibilidad de crear «dietas personalizadas». En la Unión Europea se lleva a cabo una extensa investigación, que se materializa en el proyecto NuGo (Organización Nutrigenómica Europea), una plataforma que reúne a institutos de investigación nutricional y empresas de biotecnología para el desarrollo de terapias y prevención de enfermedades de origen alimentario, como la intolerancia a la lactosa.

Las investigaciones se dirigen a identificar el tipo de alimentos que son beneficiosos para una persona en concreto con genes específicos. La finalidad es poder elaborar un «plan alimentario personal» capaz de prevenir enfermedades. La dieta según los genes permitiría, por ejemplo, poder modificar la composición de algunos alimentos como la leche. La esencia de esta nueva forma de alimentación es que se sustenta en la idiosincrasia genética de cada individuo.


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