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Mejora la calidad del agua potable

El 87% de la población mundial dispone ya de este recurso inocuo, gracias a los esfuerzos por optimizarlo

La poca o baja calidad del agua tiene importantes repercusiones en la salud humana. Así lo corroboran los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según los cuales casi el 39% de la población mundial, es decir, más de 2.600 millones de personas, carece de servicios de saneamiento. Si bien el problema se asocia sobre todo a estas poblaciones, y en la UE se considera un alimento "seguro", en algunas zonas las enfermedades causadas por agua contaminada podrían ser más que las patologías detectadas hasta el momento. Microorganismos, sustancias químicas o radiactivas influyen en el grado de calidad y, por tanto, intensificar los conocimientos en este campo debe ayudar a desarrollar nuevas directrices destinadas a mejorarla. Los esfuerzos empiezan a dar buenos resultados si se atiende a las últimas cifras al respecto, que indican que el 87% de la población mundial ya dispone de agua potable.

Si se cumple con lo prometido en el año 2000, cuando se aprobó la Directiva marco del Agua, los Estados miembros habrán mejorado la calidad de todas las aguas de consumo antes de 2015. La Directiva obliga a construir instalaciones de tratamiento adecuadas en los municipios de determinadas dimensiones, puesto que sólo el 51% de las plantas de tratamiento de la UE, antes de la ampliación de 2004, cumplía las normas previstas en la Directiva. Pese a que los informes presentados por los 27 Estados miembros confirman mejoras en este campo, también se aprecian deficiencias. Uno de los principales problemas que afectan al agua es la presencia de bacterias, virus, protozoos y algas, así como nitratos en aguas superficiales.

Una de las apuestas para eliminarlos o reducirlos es la aplicación de "múltiples barreras", según la OMS, que rebajen los niveles de contaminantes perjudiciales. Los tres ejes que han permitido conseguir una mejora en el acceso de este alimento han sido el impulso a la protección de recursos hídricos, las operaciones de tratamiento y la gestión de los sistemas de distribución que mantienen la calidad del agua tratada. Los patógenos fecales procedentes de animales necesitan más atención, ya que en ocasiones son responsables de variaciones bruscas de la calidad microbiológica del agua, con aumentos repentinos de concentración de patógenos y el consecuente riesgo de brotes de enfermedades.

Calidad por encima de cantidad

La gestión del agua debe enfocarse hacia la protección de los recursos hídricos, más que a la limpieza tras la contaminación

Una de las principales dificultades relacionadas con un adecuado acceso a agua potable es, además de su escasez -sobre todo en determinadas zonas geográficas-, que se garanticen tanto la gestión como la calidad. Así lo planteó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con motivo de la celebración, el pasado 22 de marzo, del Día Mundial del Agua. Este año, el lema de la jornada ha sido "Agua limpia para un mundo sano" y, con él, se han evidenciado las dificultades para conservar, utilizar y proteger los recursos hídricos en todo el mundo. Uno de los aspectos que han querido reforzar los expertos ha sido la calidad, tanto o más importante que la cantidad.

De cumplirse las expectativas, la población mundial podría llegar a 8.100 millones de personas en el año 2030, lo que obligaría a mantener un ritmo de producción de alimentos elevado, es decir, durante los próximos 30 años se necesitaría destinar a uso agrícola un 14% más de agua dulce. Éste y otros retos se inscriben en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2005-2015). Si bien ya se han conseguido mejoras importantes, todavía hay graves problemas de saneamiento. Desde la ONU, apuntan que la gestión del agua debe centrarse en "proteger los recursos hídricos más que en limpiar tras la contaminación".

Transmisión

Entre las enfermedades más habituales, destacan las provocadas por bacterias como "Vibrio cholera" (causante de cólera), "Campylobacter jejuni" y "Yersinia enterolitica" (gastroenteritis agudas y diarreicas) y "Shigela" (disentería). Las aguas superficiales se convierten, junto con los alimentos, en otra fuente importante de infecciones bacterianas. En estos casos, deben tenerse en cuenta aspectos como el tipo de masa de agua (río, embalse, presa), características físicas como la profundidad o la altitud, el caudal del agua de origen, los constituyentes del agua (físicos, químicos, microbianos) y si se practica algún tipo de actividades recreativas y humanas.

Las enfermedades relacionadas con el uso de agua engloban a las causadas por microorganismos y sustancias químicas presentes en el agua potable; la esquistosomiasis, que tiene parte de su ciclo de vida en el agua; la malaria, cuyos vectores están relacionados con este líquido; y enfermedades como la legionelosis, transmitida por aerosoles que contienen microorganismos. Constituyen también un vehículo de transmisión, además de los alimentos contaminados, las manos y los utensilios, sobre todo cuando el saneamiento y la higiene son deficientes.

PARÁMETROS DE CALIDAD

El agua de consumo humano debe ser, según el Real Decreto 140/2003, "salubre y limpia". Estos términos implican que no debe contener ningún tipo de microorganismo, parásito o sustancia, "en una cantidad que pueda suponer un riesgo para la salud humana". Puede ayudar a establecer la seguridad atender a parámetros físicos como la transparencia, la turbidez, el color, el olor o el sabor. Aunque no son índices de medición fiables al 100%, permiten establecer cierta clasificación de la calidad. Los parámetros biológicos, que se refieren a los microorganismos patógenos, se basan en general en la medición de bacterias coliformes presentes en el agua, un análisis que se completa con el estudio de la presencia de salmonelas, estafilococos patógenos, bacteriófagos fecales y enterovirus.

La legislación europea establece la realización de controles específicos en el caso de que estas aguas se destinen al consumo humano. Al riesgo de contaminación por desechos industriales o procedentes de la actividad agrícola se suma que pueden ocasionar inundaciones u otro tipo de catástrofes naturales o que, por razones naturales, se superen los límites establecidos de contaminantes, como pesticidas. A mediados de 2008, el Parlamento Europeo aprobó una directiva para que quedaran garantizados los niveles de calidad ambiental de las aguas superficiales europeas. En ella se fijan límites de concentraciones para 33 sustancias contaminadas, en especial, pesticidas y metales pesados que pueden acumularse en ríos, lagos y aguas costeras. Para el año 2013 podrían entrar a formar parte de esta lista 13 nuevas sustancias, como las dioxinas y el bisfenol.


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