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Alertas alimentarias y acciones

En los últimos seis meses se han detectado en EEUU varios brotes de contaminación en productos frescos, lo que ha obligado a activar medidas adicionales para recuperar la confianza de los consumidores

La actividad estadounidense destinada a garantizar la seguridad de los alimentos es desde hace unos meses agitada. La Food and Drug Administration (FDA), responsable de garantizar la seguridad de los alimentos en el país, trabaja en la elaboración de normas mucho más severas para productos frescos, uno de los sectores que se ha visto más perjudicado por la presencia de patógenos, especialmente en verduras y frutas. Pero cualquiera que sea el brote de intoxicación, lo que se pone en evidencia es la dificultad de reestructurar el mercado alimentario, una tarea compleja que se enfrenta sobre todo a la confianza del consumidor. Entre las numerosas medidas que se aplican como solución, una de las más necesarias es, según estudios recientes, ofrecer una información del riesgo veraz y rigurosa.

La seguridad de los alimentos en EEUU se ha convertido, de forma especial desde hace unos meses, en una ardua tarea. Partiendo de datos de 2004, las infecciones por E.coli han aumentado en un 50% en EEUU, y las provocadas por el patógeno Vibrio, especialmente a través del consumo de crustáceos crudos, lo han hecho un 78%, según datos de los centros de control y prevención de enfermedades de EEUU (CDC, en sus siglas inglesas). Las cifras están lejos de lo que los expertos consideran una «situación ideal», pese a los avances conseguidos en el ámbito de los controles alimentarios. Y es que en los últimos seis meses se han detectado en EEUU varios brotes relacionados con la contaminación de productos frescos listos para el consumo.

Uno de ellos, provocado por la contaminación bacteriana por E.coli O157:H7 en espinacas en septiembre de 2006, afectaba a unas 200 personas de 26 Estados de EEUU y Canadá. Pocas semanas después, tomates contaminados con Salmonella afectaban a 183 personas; en diciembre, las autoridades estadounidenses investigaban otro brote de E.coli en lechugas. Con las cifras en la mano se concluye que se ha producido un aumento de brotes asociados con productos frescos listos para consumir, en concreto de un 25% entre 1996 y 2006. Y es que a pesar de que el número de brotes relacionados con la contaminación de alimentos entre 1998 y 2004 ha sido equilibrado, se ha producido un aumento de los casos en alimentos «listos para consumir», admite David W.K. Acheson, director de la Oficina de Protección Alimentaria y Comunicación de Riesgos del Centro de Seguridad Alimentaria y Nutrición Aplicada de la FDA.

Para el experto, los brotes detectados en los productos frescos requieren entender mejor cómo actúan las bacterias, y pese a que las investigaciones se encaminan a ello, «todavía falta encontrar algunas de las respuestas».

Acciones concretas

Mejorar la seguridad de los alimentos pasa por establecer sistemas adecuados de prevención «En teoría, la gran mayoría de las enfermedades transmitidas por alimentos se pueden prevenir». Así de claro se muestra Acheson y, bajo esta premisa parece obvio considerar que si se cuenta con un sistema adecuado de prevención se pueden evitar muchos de los incidentes en seguridad alimentaria. Uno de los sistemas pasa por la creación de una red uniforme de seguridad alimentaria y de regulaciones más estrictas.

Actualmente, en EEUU custodian la seguridad de los alimentos unas 30 leyes auspiciadas por 15 agencias distintas, incluyendo el Departamento de Agricultura (USDA), que supervisa los productos cárnicos, aves de corral y huevos, y la FDA, que se encarga de vigilar el resto de productos alimenticios. Con todo, los esfuerzos reguladores, que entraron con fuerza en 2005, han tenido alguna que otra fisura que se ha traducido en brotes de contaminación.

Para cortar de raíz el problema con los productos frescos, EEUU ha creado las directrices Guide to minimize microbial food safety hazards of fresh-cut fruits and vegetables. En ellas se ofrece orientación a los procesadores de lechugas, tomates, ensaladas y frutas listas para consumir, tanto para la producción, como la cosecha y el procesamiento. Operaciones de higienización, controles de producción y procesamiento y necesidades de almacenamiento y transporte son algunas de las principales recomendaciones.

LA IMPORTANCIA DE LA INFORMACIÓN

¿Qué papel juega la información en un caso de contaminación alimentaria? Según un estudio realizado por expertos del Instituto de Política Alimentaria de la Universidad de Rutgers, New Jersey, una correcta comunicación del riesgo es fundamental para conseguir minimizar los efectos. De lo que se trata, asegura el estudio, es de evitar «confundir al consumidor» y mejorar sus conocimientos ya que, como ha demostrado el análisis, «la mayoría de estadounidenses saben poco sobre los síntomas de enfermedades producidas por alimentos», asegura William Hallman, director del Instituto.

En este contexto, la Red Global de Seguridad Alimentaria INFOSAN, liderada por el Gobierno español en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con el respaldo de más de un centenar de países, empezaba en 2004 una tarea de difusión de informaciones destacadas sobre las cuestiones globales que afectan a la seguridad de los alimentos. El sistema pretende aportar información en tiempo real de cualquier acontecimiento que pueda afectar a los consumidores y acelerar el proceso de toma de decisiones. El objetivo es aumentar la eficacia en la lucha contra posibles emergencias, bien producidas por contaminación natural, accidental o intencionada de los alimentos. Para los responsables de este proyecto, que establece redes de intercambio de información, su puesta en marcha significó «un antes y un después en la gestión tanto de la información como de las alertas y respuestas ante posibles crisis alimentarias».


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