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Comer carne sin riesgos

Manipular carne en verano y más aún si es fuera de casa merece un cuidado especial para evitar toxiinfecciones alimentarias

Alimentos como la carne, rica en proteínas y con un contenido en agua importante, son más susceptibles de contaminación bacteriana que otros alimentos que no cumplen estas características nutritivas. Las altas temperaturas, la más propicia los 37ºC, son uno de los factores de crecimiento de microorganismos patógenos. Algunas de las bacterias que pueden multiplicarse en las carnes bajo estas condiciones son Salmonella, Listeria y E. coli, responsables de buena parte de toxiinfecciones alimentarias.

Pasar las vacaciones durante el verano fuera de casa requiere especial atención hacia todo lo que se come y se bebe ya que durante esta época del año aumenta el riesgo de contaminación de alimentos y de sufrir toxiinfecciones alimentarias a consecuencia, sobre todo, de seguir unas prácticas higiénicas inadecuadas. Cuando el alojamiento elegido es un apartamento, donde se almacena y se cocina la comida, las medidas de conservación y elaboración de los alimentos han de ser muy rigurosas. Una mala práctica puede provocar una intoxicación alimentaria que haga que las vacaciones se conviertan en unos días de malestar digestivo, con vómitos y diarrea en la mayoría de los casos.

La carne, una fuente de contaminación

El certificado de calidad de los productos es una garantía de seguridad alimentaria Para reducir el riesgo de una toxiinfección alimentaria en vacaciones basta con elegir las carnes de calidad garantizada en establecimientos de calidad. En el lugar de residencia habitual, los alimentos y, en especial la carne, se suelen adquirir en tiendas de confianza. Durante las vacaciones, en cambio, se recomienda estudiar bien las posibilidades de comprar carne que ofrece esa zona para poder elegir la carnicería. Para mayor tranquilidad se puede comprobar que el establecimiento tenga a la vista del cliente el certificado de calidad de sus productos.

Otra de las características que deben tenerse en cuenta a la hora de adquirir este producto es el aspecto. Para ello, no sólo es imprescindible comprobar siempre la fecha de caducidad sino también elegir aquellas carnes que tengan buen color y, ante todo, no comprar alimentos de origen dudoso o que supongan un riesgo porque están fuera de la cámara o en condiciones inadecuadas.

A la hora de comprar hay que tener en cuenta el tamaño de la nevera y del congelador para no adquirir excesiva cantidad de alimentos que sobrecarguen la capacidad u obligue a apilar unos alimentos sobre otros. Con esto lo que se consigue es impedir la libre circulación del aire, que se evita planificando de antemano las comidas y las cenas, lo que permitirá disponer de una lista de la compra más acertada.

Del mercado a la nevera

Para reducir el riesgo de contaminación de la carne, lo ideal es adquirirla, junto con los productos refrigerados o congelados, al final de la compra. De esta forma permanecerán el menor tiempo posible a temperatura ambiente. Una vez fuera del supermercado conviene ir directamente al apartamento y meter las carnes en la nevera. De no ser así las altas temperaturas pueden hacer que la carne se contamine.

En el caso en el que la carne no se vaya a consumir en varios días es mejor congelar la pieza y, con suficiente tiempo antes de cocinar, pasarla al frigorífico para que se vaya descongelando. En cualquier caso habrá que asegurarse de que la puerta esté el mínimo tiempo posible abierta para evitar que suba la temperatura del electrodoméstico.

LA CARNE, BIEN HECHA

Si la carne cruda está en la nevera y no se va a consumir en varios días es preferible cocinarla y conservarla en refrigeración hasta su consumo, y si van a pasar más de dos o cuatro días, la opción más segura es la congelación. De esta forma las posibilidades de contaminación disminuyen. En cuanto a la limpieza, y aunque lo recomendable es usar espacios y utensilios diferentes para manipular alimentos crudos y cocinados, en el ámbito doméstico es difícil llevarlo a la práctica.

Si esto no se cumple es imprescindible lavar y desinfectar todo el material que ha estado en contacto con carnes o aves crudas antes de volver a utilizarlos para alimentos cocidos. No hay que olvidar que lavarse bien las manos con agua y jabón desinfectante antes y después de estar con alimentos crudos es un aspecto importante. A la hora de cocinar la carne debe evitarse que quede cruda o poco hecha, especialmente si se trata de aves como el pollo o el pavo.

Con las sobras de comida debe intentarse que permanezcan poco tiempo a temperatura ambiente y, una vez que baje la temperatura de la preparación, se ha de conservar en la nevera. Conseguir que en verano el plato se enfríe rápidamente es más difícil si no se ponen los medios adecuados. Una de las formas más eficaz y rápida puede ser enfriar el recipiente bien tapado bajo el chorro de agua fría y con unos hielos.


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