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En este tipo de salidas debe planificarse al detalle el tipo de alimento que se va a consumir y su forma de cocinado

En acampadas y excursiones de larga duración garantizar unas condiciones mínimas de seguridad alimentaria resulta fundamental para evitar posibles toxiinfecciones, que podrían suponer un serio problema de salud si nos encontramos en un lugar poco accesible y alejado de un centro médico. No sólo deberemos tener en cuenta el tipo de alimento que nos llevaremos, sino los utensilios más adecuados para manipularlos y que el acceso a fuentes de agua potable esté garantizado.
Cuando acudimos a un camping regulado, bien en tienda de campaña, en caravana o autocaravana, podemos disponer prácticamente de las mismas comodidades y equipos de los que disponemos en la cocina de nuestro hogar: suministro de agua potable, refrigeración, cocina o tiendas de comestibles cercanas para abastecimiento. Todo se complica si optamos por un tipo de campamento un poco menos convencional, una acampada libre o una expedición de montaña de varios días pernoctando en tiendas de campaña o refugios.
En el caso de una excursión de un día resulta relativamente fácil solucionar dos o tres comidas ya que, entre otras cuestiones, es posible mantener los alimentos bien calientes o bien fríos y evitar temperaturas intermedias. Pero si la salida dura más de un día deberemos planificar con detalle y suficiente antelación el tipo de alimento más adecuado, su forma de cocinado así como los utensilios necesarios para garantizar su seguridad.
El tipo de alimentos elegidos vendrá en función de sus necesidades de conservación, principalmente de temperatura. También deberá tenerse en cuenta el peso que, si es excesivo, dificultará el transporte. Además, habrá que tener en cuenta que los alimentos deben cubrir las necesidades nutricionales de los excursionistas y deben aportar la energía necesaria para el desarrollo de sus actividades.
Lo más adecuado es optar por los siguientes alimentos:
El material de cocina que vayamos a utilizar tiene una importante relación con la seguridad de los alimentos. Se trata, en definitiva, de optar por aquellos que garanticen un proceso de manipulación y elaboración adecuado. Así, utilizaremos cazuelas especiales para acampadas ya que son ligeras y ocupan poco espacio. En cambio, no debemos utilizar madera por ser un material muy poroso que se impregna y contamina fácilmente y, además, es difícil de limpiar.
Estos utensilios seguramente entrarán en contacto con el suelo y las plantas y, si bien generalmente esos lugares tendrán menos contaminación de tipo patógeno que los sitios de intenso paso de personas propios de las ciudades, el peligro de infección o contagio de enfermedades es real: un entorno natural no es sinónimo de un lugar "libre de microorganismos".
El uso del fuego (cocina de gas o fogata) resulta una excelente herramienta de higienización a la hora de cocinar. Los alimentos cocinados o calentados con calor intenso tienen menor riesgo de provocar toxiinfecciones. Hay que tener en cuenta la prohibición de hacer fuego presente en la mayoría de los espacios naturales.
Una buena práctica para prevenir infecciones consiste en higienizar pasando por las llamas los utensilios que entrarán en contacto con la comida, como cucharas y cuchillos metálicos. Bastará con colocar el objeto directamente sobre las llamas (no entre ellas) durante unos segundos. También se pueden esterilizar los utensilios introduciéndolos en agua hirviendo durante unos diez minutos.
Una nevera isoterma portátil resulta útil sólo el primer día. Pero cuando los acumuladores de frío pierden su poder refrigerante es inútil para la conservación de alimentos con necesidades de refrigeración si no disponemos de una fuente de frío para recargarlos. Las altas temperaturas del verano dificultan las acampadas durante este periodo en términos de seguridad alimentaria.
Como medida para evitar la posible proliferación de infecciones y plagas es imprescindible no dejar ningún tipo de desperdicios ni basuras tras la acampada. En el caso de que se realice en un país exótico, deberán extremarse aún más las precauciones planificando, junto con personal cualificado y experimentado, todos y cada uno de los detalles de la expedición, desde las vacunas u otras necesidades sanitarias hasta las prácticas de supervivencia básicas, como el tipo de alimentos más adecuados.
El acceso a agua potable es un factor clave a tener en cuenta en este tipo de acampadas al aire libre. No resulta para nada recomendable depender de un manantial natural, lago o río para abastecerse de agua de bebida y limpieza de utensilios. Incluso un manantial del que habitualmente mana agua potable puede contaminarse temporalmente por agentes externos, como explotaciones ganaderas cercanas o la presencia de un animal muerto.
Una opción pasaría por transportar una botella de agua del grifo y, cuando sea posible, renovarla o rellenarla con agua de sistemas públicos pertenecientes a la red de abastecimiento de agua potable. En acampadas donde este suministro se complica, puede usarse el agua de manantiales, ríos o lagos tomando la precaución de potabilizarla antes. La manera más sencilla de eliminar los posibles microorganismos (aunque no los posibles tóxicos químicos) es hirviendo el agua, previamente filtrada, durante unos minutos (20 minutos nos asegurarían un agua prácticamente libre de microorganismos).
También existen kits de potabilización en tiendas especializadas que pueden ser muy útiles para este tipo de casos. Otra posibilidad es utilizar tabletas purificadoras de agua para limpieza de utensilio, así como llevar algún tipo de detergente para su limpieza o jabones especiales, altamente biodegradables y de bajo impacto en el medio ambiente. Resulta preferible verter el agua de limpieza en terreno seco y no cerca de una fuente natural de agua.
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