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Cómo se perciben los riesgos alimentarios

Algunos de los aspectos que más preocupan al consumidor español son la calidad y la frescura de los alimentos

Imagen: liz west

El consumidor tiende a asociar los alimentos a momentos de deleite. Sin embargo, en ocasiones, también implican riesgos. Cuando esto sucede, en su mayoría, se establece una relación con problemas de contaminación química, más que bacteriana. Uno de los retos que se plantean desde las principales agencias de seguridad alimentaria es entender cómo percibe el consumidor todos estos riesgos. La finalidad de este trabajo debe ser establecer un frente común de comunicación e información, rigurosa y clara.

La detección de alertas alimentarias no es nueva. Sí lo son, en cambio, las distintas maneras en que se perciben y se gestionan. La opinión y las reacciones de los consumidores frente a un mismo riesgo alimentario dependen de numerosos factores, como el nivel de conocimiento que se tenga sobre el tema y el modo en que llega la información. Conscientes de esta diversidad, y con el fin de conocer mejor qué opinan los consumidores, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), actualiza cada año los datos que más preocupan a los consumidores europeos. El último Eurobarómetro, cuyos resultados se han dado a conocer hace unos días, desvela que los productos químicos y los pesticidas son algunas de las sustancias que más se relacionan en los últimos meses con los riesgos alimentarios. Les siguen la detección de antibióticos y hormonas, junto con otros contaminantes como el mercurio.

Trabajo multidisciplinar

En otro informe sobre planes y estrategias en la comunicación de riesgos, también elaborado por la EFSA, se explicita que, para ser eficaz, la información no sólo debe explicar el riesgo, sino también contextualizarlo de forma clara.

Los riesgos alimentarios están expuestos a variables externas como la globalización o las innovaciones tecnológicas

Esta información debe especificar si se requieren o no acciones de carácter individual que afecten al consumidor de forma directa. Para ello, es necesaria la colaboración entre los expertos y los responsables de comunicar el riesgo, de manera que la información que llegue sea transparente y objetiva, a la vez que se conocen las medidas que se toman (retiradas de productos, inspecciones y controles y aplicación de normativas).

La información debe incluir aspectos como la naturaleza del riesgo, es decir, si se ha identificado y confirmado el problema, si éste es posible o emergente, y otras especificaciones como el impacto potencial en salud pública y el contexto legal. Debe tenerse en cuenta, además, que los riesgos en alimentación están expuestos a variables externas fruto de la globalización de los mercados, de las innovaciones tecnológicas y de los cambios de actitud en los consumidores. Pese a estas diferencias, las tres cuestiones más comunes que se generan en torno a un riesgo alimentario se podrían resumir en determinar cuáles son, los problemas que generan y qué soluciones son eficaces.

Riesgos: presente y futuro

Uno de los papeles que ejerce la EFSA desde que empezó su andadura, en enero de 2002, es identificar, analizar y comunicar los riesgos que se registran en la cadena alimentaria. La comunicación del riesgo es una de las prioridades de los responsables en materia de seguridad de los alimentos. La manera adecuada de hacerlo, aseguran, es a través de la transparencia y la claridad, basadas en el consejo científico para conseguir la confianza del consumidor.

En 2006 se adoptó una Estrategia de Comunicación que se ha tenido que adaptar a los progresos tecnológicos y a la aprobación de nuevos alimentos. Durante el año 2010, EFSA ha retomado la estrategia para revisarla y adaptarla a los tiempos actuales y futuros (nanotecnología o nuevos riesgos como melamina en alimentos).

En este estudio se analizan los canales mediante los cuales llega la información al consumidor y se evalúa su impacto y eficacia. Con una consulta pública que acaba de iniciar, se pretende dar respuestas a cuestiones como:

  • Cuáles deben ser las prioridades de comunicación.
  • Utilidad de las acciones que se llevan a cabo hoy en día o, en caso de detectar que son innecesarias, analizar por qué.
  • Eficacia de la información que se recibe.
  • Grupos a los cuales no llega toda la información y, de ser así, cómo se debería actuar para que llegue a todos los consumidores de forma directa.

El objetivo es conseguir que el trabajo de comunicación de los riesgos alimentarios sea simple y transparente y, tal y como reconoce la EFSA, "proporcionar informaciones apropiadas, exactas y constantes bajo criterio científico". Una de las principales necesidades es que la información que se aporta sea más simple y clara.

LA IMPORTANCIA DE LA FORMACIÓN

El consumidor, para saber cómo y dónde debe intervenir y prevenir enfermedades causadas por alimentos, debe entender antes aspectos como qué es un patógeno, de qué forma está expuesto a ellos (en este caso a través de los alimentos), qué factores afectan a la contaminación y al crecimiento microbiano, qué medidas deben aplicarse en función del alimento o cuáles son los alimentos más susceptibles de generar problemas. Pero también debe familiarizarse con las innovaciones tecnológicas que surgen de la mano de la biotecnología alimentaria y la aprobación de nuevos alimentos y sustancias.

En la mayoría de los casos, la aceptación hacia ciertos grupos de alimentos es escasa. Sin embargo, y a pesar de que la mayoría de consumidores europeos se enfrenta a la tecnología genética con cierto escepticismo, en los últimos años esta percepción ha descendido de forma ligera, según los resultados de uno de los Eurobarómetros realizados por la Comisión Europea. De acuerdo con este estudio sobre percepción del riesgo, en cuestión de alimentación, siempre hay determinados sectores y prácticas, como la biotecnología, los organismos modificados genéticamente (OMG) o el uso de aditivos, que se perciben como una posible "amenaza".


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