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Cómo plantar un huerto en casa sin riesgos para la salud

Plantar un huerto casero puede convertirse en un inconveniente debido a la contaminación de alimentos si no se respetan algunos puntos básicos

  • Autor: Por MAITE PELAYO
  • Última actualización: 16 de julio de 2010
Imagen: Marcos Morales

Tener un huerto en casa es una afición que ha ganado un gran número de adeptos en los últimos años, no sólo entre personas propietarias de un pequeño terreno, sino también en zonas limitadas, como terrazas y balcones. Más por entretenimiento que por necesidad, aunque puede ayudar a ahorrar en la cesta de la compra, tener un huerto en casa se ha convertido en un pasatiempo con beneficios si se realiza de forma correcta para evitar contaminaciones alimentarias.

Emplear el tiempo en una tarea de la que se sacará provecho o ver crecer las propias verduras y hortalizas son algunos de los atractivos de esta actividad que interesa a niños y mayores. No obstante, uno de los aspectos que más motivan para iniciarse en el mundo de la horticultura es conseguir productos frescos, sabrosos y naturales en los que nadie más ha intervenido y libres de sustancias químicas propias de las grandes explotaciones. El objetivo es conseguir verduras y hortalizas caseras y, por tanto, saludables. Sin embargo, esta afirmación tan lógica a priori, puede tornarse contraria si no se tienen en cuenta factores que convierten un huerto saludable en una fuente de contaminación alimentaria.

Contaminantes físicos o químicos, derivados de la propia naturaleza del suelo o de la mala aplicación de productos hortícolas, u otros biológicos como hongos y microorganismos, cuyo desarrollo resulta más favorable en plantas y frutos dañados, pueden convertir una hortaliza o verdura casera en una vía de toxiinfección alimentaria.

Planificación

Los principales factores para planificar y desarrollar un huerto casero son:

  • El suelo. A menudo procede de rellenos de construcción y, por tanto, puede contener sustancias no recomendables. También restos de detergentes, aceites industriales o tratamientos fitosanitarios anteriores pueden contaminarlo. Si el huerto es extenso, es imprescindible que un profesional realice un análisis para dictaminar su idoneidad como sustrato de cultivo, además de indicar cómo mejorarlo si es necesario. Para que un suelo se considere idóneo para cultivo debe ser profundo, aireado, con un buen drenaje, pero capaz de retener agua, rico en materia orgánica y nutrientes minerales, no salino y de pH neutro. Si se aleja mucho de este modelo, es preferible utilizar sustrato de relleno especial para horticultura y realizar, si se trabaja en superficies pequeñas, bancales elevados sobre el terreno.

    Estos bancos de cultivo pueden delimitarse mediante bloques de piedra, vallas de madera o traviesas. En este último caso son preferibles las ecológicas, ya que no han recibido tratamientos alquitranados. Además, resulta imprescindible que el suelo no esté infectado por hongos, bacterias, insectos o nematodos, algo muy común en los suelos cultivados, por lo que deberá desinfectarse de forma periódica mediante productos químicos aptos para horticultura no profesional o por procedimientos alternativos, como el proceso ecológico de solarización, en el que se tapa la superficie libre de cultivo con láminas de plástico transparente y fino.

  • La ubicación. Una buena elección del lugar donde se plantará el huerto, bien aireado y soleado la mayor parte del día, resulta fundamental no sólo para potenciar el rendimiento del trabajo, sino para asegurar una cosecha sana y libre de podredumbre. El exceso de humedad y la falta de aireación propician el desarrollo de mohos y bacterias que pueden resultar nocivos para la salud. Algunos frutos, como los calabacines o melones, necesitan engordar en contacto con el suelo, de ahí la necesidad de allanar el terreno en esta zona para evitar acumulación de agua de riego e incluso poner bajo ellos un lecho de paja o ramas secas.

  • Utensilios y herramientas. Deberán mantenerse limpios y en buen estado. Antes de guardarlos, habrá que retirarles con cuidado la tierra y secarlos. Las herramientas de corte se deben mantener afiladas para evitar cortes imprecisos y desgarros que generen problemas en los tejidos de la planta.

  • Semillas y plantones. Cuando se elijan las variedades de plantas que se cultivarán, será necesario informarse antes de sus requerimientos, sobre todo, en cuanto a necesidad de agua y sol. Hay que adecuar la elección a la disponibilidad de cada uno. Adquirir las semillas y plantones en centros expertos garantizará la calidad del producto.
  • Agua de riego. Es conveniente utilizar la red de agua potable, ya que garantizará su buen estado sanitario. Si esto no es posible, muchas huertas disponen de un aljibe o tanque de recogida de agua. El riesgo radica en que el agua se contamine por el propio material del recipiente de almacenamiento, que no deberá aportarle sustancias extrañas, o mediante la descomposición en él de un pequeño animal ahogado, como un ratón. También el agua de pozo deberá analizarse para conocer su composición. El agua de riego no controlada es una importante fuente de contaminaciones, así que deberá vigilarse de forma continua y velar por mantenerla en buenas condiciones sanitarias.

  • Contenedores, jardineras o macetas. Se utilizan como recipientes para planificar huertos en superficies reducidas o en terrazas y en balcones. Es la opción más popular en las ciudades. Además de su tamaño, hay que fijarse en el material. Algunos recipientes cerámicos de arcilla, sobre todo los vitrificados o decorados con pinturas, podrían transmitir a la tierra de cultivo sustancias no deseadas, como ciertos metales pesados.

  • Plagas y enfermedades de las plantas. Como norma general, una plaga o enfermedad desarrollada en una planta de cultivo afectará a la calidad del producto y a su salubridad como alimento, por lo que será prioritario evitar tanto plagas como enfermedades. Resulta interesante informarse en cada caso, según la variedad de planta, de sus alteraciones más comunes para detectarlas. Si la plaga o enfermedad se ha desarrollado, debe acudirse lo antes posible a un centro especializado (centro de jardinería o cooperativa agrícola) para diagnosticar el problema y combatirlo. La destrucción de tejidos vegetales será origen de otras contaminaciones secundarias por microorganismos. En algunos casos, será necesario retirar de la zona de cultivo las plantas o restos dañados.

  • Abonos y productos fitosanitarios. Los abonos orgánicos caseros pueden contener una importante carga microbiana que contamine el producto. Si es necesario, hay que tratar la planta con productos fitosanitarios y se deben respetar siempre las indicaciones de uso del fabricante, sobre todo, en cuanto a cantidad, modo de aplicación y periodo de espera antes del consumo.

Algunas de las verduras y hortalizas se consumirán crudas, sin otro proceso de higienización que el lavado. Éste deberá eliminar restos de tierra y polvo, insectos u otros pequeños animales, además de la posible carga de microorganismos. Por tanto, es recomendable añadir unas gotas de lejía apta para desinfección de alimentos y bebidas, dejar unos minutos y aclarar con abundante agua.

Posibles incidencias

Una huerta en casa conlleva unos excedentes en la producción: la cosecha llega a la vez y el empleo familiar no es suficiente para su total consumo. Las verduras y hortalizas a las que se retiren las partes no comestibles deberán mantenerse refrigeradas. Si el almacenamiento se prolongará, es preferible congelarlas, trocearlas y blanquearlas (escaldadas en agua hirviendo), para después envasar y etiquetar (variedad, fecha...) hasta su consumo fuera de temporada.

HUERTA Y TOXOPLASMA

La práctica de la jardinería puede ser fuente de contaminación de toxoplasma, por tanto, es conveniente utilizar guantes durante la manipulación de la tierra y lavarse las manos después de esta tarea. Es posible que algún gato haya depositado el parásito en el suelo a través de sus excrementos. Otra vía de contaminación es la ingesta de alimentos contaminados: verduras y hortalizas mal lavadas y carnes crudas poco hechas. Por sus graves consecuencias, la toxoplasmosis debe evitarse, sobre todo, durante el embarazo.


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