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Nuevos límites para la melamina en alimentos y medidas de higiene para ensaladas son algunas de las últimas aportaciones en materia de seguridad de los alimentos
La protección de la salud pública es uno de los principales compromisos que asume el Codex Alimentarius con el establecimiento de normas alimentarias. Fruto de esta labor, representantes de 130 países acaban de aprobar nuevas pautas para mejorar la seguridad alimentaria. Una de las más importantes ha sido el establecimiento de nuevos límites máximos de melamina (1 mg/kg para leche en polvo para lactantes y 2,5 mg/kg en los piensos). Esta medida coincide con la detección en China de productos lácteos contaminados con esta sustancia, dos años después de la última alerta alimentaria detectada en aquel país. Vegetales, aflatoxinas y marisco han centrado también buena parte de la atención de la Comisión del Codex Alimentarius.
- Imagen: Zsuzsanna Kilian - La melamina es una sustancia química que se utiliza con el fin de fabricar plásticos para utensilios de cocina y otras aplicaciones. En 2008 saltaba en China una alerta alimentaria derivada de la detección de la sustancia en leche infantil contaminada y productos derivados. Fruto de la preocupación que entonces generó el incidente, las autoridades responsables en seguridad de los alimentos iniciaron trabajos para analizar causas y niveles seguros. En el marco de esta actividad de control, la Comisión del Codex Alimentarius acaba de aprobar nuevos límites máximos que ayuden a los países a distinguir los niveles seguros. Aunque esta medida no es vinculante desde el punto de vista jurídico, sí puede ayudar a controlar la presencia de esta sustancia en alimentos.
En abril de 2010, y en respuesta a la preocupación generada por los casos de intoxicaciones por melamina en China, desde la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) se aprobaba una reducción de un 60% de la presencia de la sustancia en alimentos. A pesar de que los expertos consideran que la exposición de las personas a través de los alimentos está por debajo de lo considerado como seguro, reconocen también que deben tenerse en cuenta otras fuentes de exposición, como utensilios del tipo de tazas y platos.
Los puntos analizados durante el encuentro celebrado en Ginebra incluyen alimentos como:
Las decisiones que adopta en materia de seguridad alimentaria el Codex Alimentarius no son las únicas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas), en concreto la Unidad de Metodología de Evaluación, acaba de presentar una guía destinada a la toma de decisiones en este ámbito. La herramienta, destinada a los responsables de gestionar los riesgos, aporta los pasos que deben seguir para poder responder a problemas globales de seguridad alimentaria. Mediante estas revisiones, se prevé evaluar el riesgo de determinadas sustancias y alimentos, como los aromas utilizados en la elaboración de alimentos. Es importante identificar la fuente utilizada y el proceso de fabricación, así como evaluar la exposición alimentaria y los datos toxicológicos.
La EFSA cuenta con una base de datos destinada a dar apoyo en la evaluación científica de los riesgos, con una amplia información de los distintos campos científicos y de expertos como el de la seguridad alimentaria, la nutrición, la toxicología, la química y el bienestar animal.
El Codex Alimentarius incluye normas de carácter general y específico sobre aspectos de seguridad alimentaria. Creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los años 60, tiene como objetivo armonizar las distintas normativas que regulan el control de los alimentos de todo el mundo. Desde los consumidores hasta los productores, el alcance de las decisiones es muy extenso. A pesar de que la aplicación de las normas no es obligatoria, los responsables del Codex apuestan por una aceptación general por parte de los distintos países para unificar las distintas normas alimentarias internacionales. El Codex actúa de forma más contundente en el comercio de alimentos, aunque no menosprecia otras cuestiones como el etiquetado, la higiene, los contaminantes, los aditivos o los residuos de medicamentos veterinarios.
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