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Menos dudas sobre la seguridad de los alimentos

Los alimentos artesanales o a granel todavía se asocian, de manera errónea, con una menor seguridad en la elaboración

Imagen: Javier Lastras

Cada vez más consumidores saben cómo mantener los alimentos seguros desde que se compran hasta su consumo en el hogar, pero en cuestión de seguridad alimentaria todavía hay ciertas creencias falsas. Una de ellas hace referencia a los alimentos elaborados de forma artesanal o a pequeña escala, pese a tener las mismas garantías que el resto, así como a la información que deben incluir, un requisito indispensable para todos los productos a la venta en el mercado, ya sean envasados o a granel.

Las creencias falsas en cuanto a la seguridad de los alimentos, ya sea por su conservación o composición, fomentan a menudo actitudes y reacciones equivocadas. Por ello, además de conocer de qué manera se alteran los alimentos, cómo y si esto puede afectar al consumidor, deben despejarse dudas sobre la naturaleza de algunos de los productos que se adquieren. Mención especial merecen los artesanales y otros que se venden a granel, asociados en ocasiones a una menor seguridad, una idea sin fundamento. Pensar que un alimento se contamina cuando no es así provoca desconcierto y lleva asociado, en la mayoría de los casos, decisiones erróneas.

Seguridad en todas partes

En la mayoría de los casos, se piensa que los alimentos colocados según su tamaño o color, como las frutas de formas perfectas y colores intensos, son de mayor calidad o más seguros. Pero esto es falso. Debe tenerse en cuenta que los alimentos que llegan a cualquier tienda son inocuos y que, si están expuestos, es porque cumplen con las exigencias higiénico-sanitarias necesarias y, por tanto, no conllevan ningún riesgo, estén donde estén.

Todas las empresas alimentarias, grandes y pequeñas, se someten al mismo sistema de control

Nada tiene que ver cómo se colocan. La seguridad alimentaria no entiende de colocación bonita u ordenada. Lo más importante es que todos tengan un aspecto sano y se manipulen bajo condiciones higiénicas y de conservación adecuadas.

¿Son más seguros los alimentos elaborados de manera artesanal o a pequeña escala? La diferencia no radica en la seguridad, sino en la calidad. La mayoría de estos alimentos se elaboran bajo un minucioso proceso con el único fin de que el producto tenga más sabor o mejor textura, alimentos para los paladares más exigentes. Pero, ¿significa que son más seguros? No, ya que todas las empresas alimentarias están sometidas al mismo sistema de control de los alimentos que elaboran, ya sea a pequeña o gran escala. El resultado final siempre será un producto seguro.

Información en los alimentos

Las etiquetas no solo son un requisito indispensable para los productos envasados. La información que se incluye en ellas es obligatoria para todos: envasados y a granel. Sea en el mercado, en el supermercado o en una tienda pequeña, los alimentos deben ir acompañados de una etiqueta informativa donde se detalle, como mínimo, el nombre del producto, la categoría, la variedad, el origen, el peso neto y el precio, datos obligatorios en todos los alimentos que se adquieren.

Otra falsa creencia es pensar que los alimentos pueden curar enfermedades. Un alimento no tiene esta capacidad. Algunos pueden ayudar a prevenir o tratar enfermedades, pero los alimentos no pueden curar las enfermedades. Tomar un yogur cada día no cura el colesterol elevado.

Dudas sobre el frío

Uno de los ejemplos básicos de falsa creencia en la conservación de alimentos está relacionado con la refrigeración. Las bajas temperaturas no matan los patógenos, solo los lleva a un estado de letargia en el cual no son capaces de multiplicarse, pero no mueren. Cuando el alimento vuelve a la temperatura ambiental, los patógenos "despiertan". Se deben congelar los alimentos cuando estén en buenas condiciones y, al descongelarlos, hacerlo de forma correcta, es decir, pasar por el frigorífico y no dejarlos a temperatura ambiente.

Nunca deben dejarse los alimentos fuera del frigorífico. Si pasadas dos horas desde su preparación no se han consumido, hay que guardarlos en la nevera, en un recipiente tapado de forma hermética. Nunca deben guardarse más de cinco días. Si llegado el quinto día no se han consumido, deberán desecharse. Otra falsa creencia es pensar que los alimentos frescos son tan naturales, que se pueden consumir sin previo lavado o preparación. Se deben lavar siempre, tanto si se consumen de manera natural, como crudos o cocinados. Este proceso de lavado tiene como objetivo eliminar restos de bacterias, hojas, tierra o restos del envase en el que se guardan.

GUANTES, FALSA SENSACIÓN DE SEGURIDAD

Imagen: Kjunstorm

Llevar guantes de látex puede ser un problema para la salud del consumidor, al dar una falsa sensación de seguridad. Esta práctica se implantó, sobre todo, en los restaurantes que idearon poner la comida a la vista de los consumidores. Quizá el consumidor la entienda como una buena práctica de higiene, pero no es así. Un mal uso de los guantes de látex puede llevar a una contaminación cruzada en los alimentos, ya que a menudo se utilizan para distintas actividades alimentarias. Si además el trabajo implica tocar dinero, trapos sucios o platos, el peligro se multiplica y llega a ser causa segura de contaminación. El material no está diseñado para estar en contacto con el agua, con jabones o con desinfectantes. Por lo tanto, su uso en la cocina provoca un deterioro de los guantes, que desprenden pequeños fragmentos en los alimentos que actúan como peligros físicos.

Otro problema añadido es la reacción alérgica que puede desencadenar en los consumidores un manipulador de alimentos que trabaje con guantes. Es posible que deje rastros en el alimento y provoque una reacción alérgica en el consumidor, si éste es alérgico al látex o a algún componente de los guantes. Los guantes de látex son un factor de riesgo añadido y, aunque no están prohibidos, se deben evitar. En el caso de que se tenga alguna herida en la mano o un problema en la piel, hay que cambiarlos a menudo y lavarse con frecuencia las manos, aunque parezca que con los guantes no se ensucian.


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