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Cómo usar los electrodomésticos para reducir riesgos alimentarios

Horno, nevera, microondas o congelador son grandes aliados de las cocinas que deben utilizarse bien para evitar la contaminación por microorganismos

Imagen: belchonock

El hogar es uno de los lugares donde se originan la mayoría de los brotes de origen alimentario. En la Unión Europea, un tercio de los casos de enfermedades transmitidas por los alimentos comienzan en el ámbito doméstico. Pero muchos consumidores no lo perciben así. Además de saber cuáles son las reglas básicas de higiene y limpieza, también entra en juego otro factor no menos importante, aunque en ocasiones no se le presta la atención necesaria: el buen uso de los electrodomésticos de la cocina. Y es que su papel en la conservación y preparación de los alimentos es fundamental. Por eso, este artículo explica cómo utilizar y limpiar la nevera, el congelador, el horno, el microondas y el lavavajillas.

Electrodomésticos como el horno, la nevera o el congelador, además de permitir cocinar los alimentos de distintas maneras, también facilitan la conservación de muchos de ellos. Pero todos los beneficios para los cuales están hechos estos aparatos no sirven de nada si no se siguen unas pautas de uso y limpieza específicas. Mantenerlos en óptimas condiciones de higiene, no solo por fuera, sino también en su interior, es primordial para que no se amontonen restos de comida y se formen, por tanto, focos de contaminación por microorganismos. La acción de la limpieza y la desinfección minimiza el riesgo formación de puntos de acumulación de suciedad y proliferación de microbios. Debe tenerse en cuenta que el empleo continuado de estos electrodomésticos facilita la aparición de bacterias y grasa. Por tanto, en el caso del horno y el microondas, cuanto más pronto se haga la limpieza después de cocinar, más efectiva será, porque los restos se eliminarán con más facilidad. Este y otros consejos servirán para reducir riesgos alimentarios del uso de los electrodomésticos.

Temperatura y limpieza, claves en la nevera y el congelador

Además de la limpieza, tanto en el congelador como la nevera debe verificarse que mantiene una temperatura adecuada

La nevera y el congelador juegan un papel decisivo en la conservación de los alimentos. Por tanto, además de la limpieza, debe verificarse que se mantienen a una temperatura adecuada (entre 1 ºC y 4 ºC la nevera y -18 ºC el congelador). Uno de los errores más frecuentes que se cometerse es la sobrecarga de estos electrodomésticos, lo que impide la libre circulación del aire y, por tanto, es difícil que se mantengan las temperaturas necesarias. Este es uno de los parámetros que menos comprueba el consumidor, aunque es esencial no solo para mantener los alimentos frescos, sino también para impedir que cualquier bacteria se pueda multiplicar, sobre todo en carnes crudas. A la temperatura indicada, el crecimiento bacteriano se ralentiza.

En cuanto a la limpieza, esta es fundamental para evitar la aparición de microorganismos en el frigorífico como Salmonella, E. coli, Listeria monocytogenes y Yersinia enterocoloticia. Una limpieza adecuada, tanto en el congelador como en la nevera, se basa en limpiar posibles derrames de forma inmediata con agua caliente y algún desinfectante suave o jabón y revisar las fechas de caducidad de los alimentos una vez a la semana. Pero antes de hacerlo, deben vaciarse y desenchufar, envolver los alimentos que queden en el congelador para que tarden en descongelarse y limpiar el interior con un paño humedecido. A pesar de que la superficie pueda parecer limpia, es probable que contenga patógenos, sobre todo en los rincones de los cajones. Debe prestarse atención también a zonas olvidadas como juntas, estantes laterales y puerta. También es importante realizar la limpieza de arriba abajo para evitar goteos sobre superficies ya limpias.

Evitar la acumulación de suciedad en el horno y microondas

Tanto el horno como el microondas son, al lado de la nevera y el congelador, indispensables en una cocina. En este caso, su papel es fundamental en la cocción de los alimentos.

El microondas se usa sobre todo para calentar una taza de leche o café o un plato de comida preparada. La agitación de las partículas que desprenden las microondas provoca que los alimentos "exploten" durante el calentamiento y que se mezclen con los vapores. Estos, junto con las salpicaduras, se instalan en las paredes internas formando concentraciones de bacterias y residuos. Esquinas y partes internas del plato giratorio son las zonas más sensibles porque es donde se acumulan más bacterias. Para reducir este riesgo puede utilizarse una tapa.

Cuanto más rápido se haga la limpieza, más efectiva será. Para ello, se usará agua caliente y detergente, tanto en las paredes como la puerta y las partes desmontables (plato giratorio y la base). Otra forma de limpiar es introducir un vaso con agua y calentarlo hasta que se evapore el agua a la mitad. Con la puerta cerrada, el vapor penetra en todos los rincones y, pasados unos minutos, se pasa un paño y se aclara.

El horno, a diferencia del microondas, se emplea de manera más puntual, pero no por ello la limpieza es menos importante. Una manera fácil de hacerlo es cuando todavía está caliente. Deben utilizarse productos específicos y evitar el uso de abrasivos o cepillos que rallen las superficies. Algunos hornos tienen la función de "autolimpiarse" gracias a la pirólisis, mediante la cual el interior se somete a temperaturas que rondan los 500 ºC. Los residuos orgánicos que hayan podido acumularse se convierten en cenizas que se eliminan fácilmente con un paño húmedo con el horno frío.

Cómo usar el lavavajillas para que limpie mejor

A pesar de que este electrodoméstico no es tan omnipresente en las cocinas domésticas, ha ido ganando espacio poco a poco. La finalidad de este aparato es lavar los platos y utensilios, algo que requiere que se sigan ciertas pautas si se quiere que su función sea efectiva.

En primer lugar, se deben quitar los restos de comida antes de introducir platos y demás; de no hacerlo, pueden quedar en el filtro, obstruirlo y, por tanto, conseguir un lavado deficiente. También es fundamental colocar bien los distintos utensilios, siguiendo la división del lavavajillas (platos en vertical, cubiertos en las cestas, vasos y piezas pequeñas en la parte de arriba). Si esto se hace bien, se conseguirá que las aspas de riego giren sin obstáculos. Además, es primordial elegir el programa correcto, ya que no es lo mismo lavar copas que cazuelas, que requieren temperaturas más elevadas. Pero antes de introducir un objeto deberá comprobarse que es apto para el lavavajillas. Los materiales de madera y barro es preferible no meterlos.

Como el resto de electrodomésticos, un mantenimiento periódico (limpieza con agua caliente, vaciado y limpieza de filtros) es básico para su buen uso.

Cafeteras y robots de cocina

Dentro del apartado de electrodomésticos, en este caso más pequeños pero no por ello menos importantes, están las cafeteras de cápsulas y los robots de cocina. Estos electrodomésticos se han popularizado en las cocinas domésticas y se han convertido en un utensilio cada vez más necesario para realizar distintas labores.

En el caso de las cafeteras de cápsulas, según una reciente investigación, las bacterias podrían crecer en la bandeja donde se acumulan las cápsulas usadas. De ahí que, además de enjuagar esta zona, es necesario lavarla una vez a la semana con agua tibia, jabón y unas gotas de lejía.

En el caso de los robots de cocina, debe tenerse en cuenta que ejercen distintas funciones, lo que implica que tienen distintos accesorios y posibles rincones de difícil acceso para lavar. Cuchillas, tapas, recipiente y otras partes deben ser desmontables para una limpieza más fácil. Esta se hará con agua tibia y unas gotas de limpiador suave, seguida de un aclarado. Antes de guardar en un lugar fresco y sin humedad, se secarán bien. Si hay piezas de plástico, deberá comprobarse que no tienen grietas o golpes.


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