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Consumo de leche y otros productos lácteos
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Alimenta su cerebro: la importancia de la lactancia materna

La dieta del bebé es clave para el desarrollo de su cerebro, y la leche materna desempeña un papel fundamental

Imagen: phb.cz

La leche materna es el mejor alimento para el niño. Numerosas y sólidas evidencias científicas demuestran que los bebés que han sido alimentados de forma prolongada con lactancia materna reciben una gran variedad de beneficios respecto a los que se alimentan con leche de fórmula. Estos beneficios están relacionados con un correcto desarrollo y crecimiento, incluyendo el sistema nervioso central del recién nacido, es decir, su cerebro. En el siguiente artículo se detalla cómo contribuye la lactancia materna en el desarrollo cognitivo.

Continuar con una dieta equilibrada y adecuada tras la lactancia materna, que aporte los requerimientos nutricionales necesarios para el niño, también influye de manera positiva en su desarrollo cognitivo. Los nutrientes con más impacto sobre este desarrollo son los siguientes: proteínas, hierro, yodo, zinc, ácidos grasos omega 3 (DHA y EPA) y vitaminas del grupo B (B1, B6, B12, folatos).

Beneficios de la lactancia materna

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Española de Pediatría (AEP), entre otros organismos, recomiendan que la leche materna sea la alimentación exclusiva del lactante durante, al menos, los primeros seis meses de vida y que se mantenga como alimentación complementaria hasta los dos años de edad. Las razones fundamentales son la salud y la buena nutrición del niño.

La leche materna es clave para la alimentación del recién nacido ya que presenta numerosos compuestos bioactivos, muchos de ellos todavía no bien conocidos, que promueven el desarrollo sensorial y cognitivo, además de proteger al bebé de enfermedades infecciosas y crónicas durante el resto de su vida, como la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. Por otra parte, la lactancia natural exclusiva reduce la mortalidad infantil por afecciones que son más propias de la niñez (como algunas diarreas o neumonías) y favorece un pronto restablecimiento en caso de enfermedad.

La lactancia natural contribuye a la salud y el bienestar de la madre y su hijo porque, respectivamente, disminuye el riesgo de cáncer ovárico y mamario y aporta una carga microbiana esencial para el correcto desarrollo de la microbiota intestinal, además de favorecer el vínculo maternofilial.

Desde el punto de vista social, la lactancia materna supone un ahorro económico y disminuye los residuos sólidos urbanos, por lo que contribuye a la sostenibilidad medioambiental. Por todo esto, la lactancia materna es tan importante que incluso ha sido reconocida como un derecho humano que debe ser fomentado y protegido.

Cómo contribuye la lactancia materna en el desarrollo cognitivo

Numerosos estudios inciden en la relación entre la lactancia materna y el desarrollo cognitivo del niño durante toda su etapa de escolarización, concluyen que las modificaciones genéticas del metabolismo de los ácidos grasos (en concreto, ácidos grasos poliinsaturados, en especial los del grupo omega 3 y omega 6) pueden ser la clave para la modulación de este efecto y sugieren que tienen un papel importante en la estructura de las membranas neuronales. Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 resultan determinantes en el desarrollo cerebral, hasta tal punto que pueden condicionar una mejor o una peor capacidad visual durante la vida del pequeño. Por tanto, unos niveles óptimos de ácido docosahexaenoico (DHA), que se encuentra sobre todo en el pescado azul, está relacionado con un mejor desarrollo de la memoria, comprensión y velocidad lectora. Por el contrario, un aporte insuficiente de este nutriente está asociado con la aparición del déficit de atención e hiperactividad en niños.

Otros nutrientes estrechamente relacionados con el desarrollo de las funciones del cerebro son los siguientes:

  • Hierro. El hierro forma parte de la hemoglobina, que es la encargada del transporte del oxígeno a los tejidos. Una carencia de oxígeno en las células de los tejidos impide su desarrollo normal, lo cual es especialmente crítico en células tan especializadas como son las neuronas del sistema nervioso. Por ello, el hierro desempeña un papel fundamental en el desarrollo cognitivo. Si falta hierro, el niño crecerá con más lentitud y tendrá síntomas como cansancio, apatía, falta de concentración, dificultades en el aprendizaje y en la relación con los demás. Estará más irritable y menos receptivo. Este mineral está presente tanto en alimentos de origen animal (carnes rojas, vísceras o mejillones, entre otros) como de origen vegetal (germen de trigo y legumbres, frutos secos -excepto castañas-, cereales, etc.). El hierro de origen animal es más biodisponible que el de origen vegetal.
  • Yodo. Existe relación entre los niveles de este mineral durante la gestación y el desarrollo cognitivo posterior de los bebés. Por eso los expertos recomiendan aumentar la ingesta de yodo durante el embarazo. El yodo puede encontrarse en la sal yodada, los pescados y mariscos y los lácteos, entre otros.
  • Zinc. El zinc es un componente esencial del cerebro. Está involucrado tanto en la síntesis como en la liberación de neurotransmisores y en el desarrollo y funciones del sistema nervioso central. El zinc se halla en muchos alimentos como las ostras, carnes rojas, carnes de ave, mariscos, frutos secos, etc.
  • Vitamina B. Todas las vitaminas del complejo B son cofactores del proceso de producción de neurotransmisores, específicamente la B1 (carne de cerdo y levadura de cerveza), la B6 (melón, pollo y plátano) y la B12 (hígado, huevos y queso). Esta última es muy importante para contrarrestar el estrés y fortalecer la agilidad intelectual. Estudios recientes demuestran que una dieta pobre en vitaminas puede aumentar la incidencia de problemas cognitivos y que estos pueden mejorarse con micronutrientes suplementarios a dicha dieta.

Por todo ello, la adecuada dieta del niño es fundamental para el desarrollo de su cerebro. En concreto, la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida proporciona no solo los nutrientes necesarios, sino también una serie de compuestos que no se pueden conseguir en la lactancia artificial y que son clave para la vista y el desarrollo cognitivo.

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