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Todos ellos son aptos para el consumo pero existen sensibles diferencias en cuanto a su valor nutritivo, caracteres sensoriales (sabor, color, aroma), uso culinario y efectos en relación con la salud.
Actualmente disponemos en el mercado de una gran variedad de aceites: oliva, girasol, maíz, uva
, ¿en qué debemos fijarnos para escoger entre uno u otro?.... El empleo culinario de aceites mejora la palatabilidad de los alimentos y hace mucho más apetecible y sabrosa la comida. Lo más adecuado es utilizar en la cocina no sólo el aceite de oliva, sino también los de semillas, ya que así, la proporción de los distintos tipos de grasa (monoinsaturada, típica del aceite de oliva; poliinsaturada, abundante en los aceites de semillas; y saturada, propia de aceites de coco y palma) se ajustará a lo que los expertos en Nutrición recomiendan de acuerdo a una alimentación equilibrada y cardiosaludable. En comparación con los aceites de semillas, el de oliva, es mucho más aromático y sabroso, de elaboración más simple, más estable (tarda más en enranciarse). Es el más apropiado para la fritura, ya que aguanta mejor las altas temperaturas de hasta 160-200º que son las que se producen al freír, se descompone más lentamente y, así mismo, impregna menos al alimento. En cualquier caso, no es apropiado mezclar un aceite nuevo con un aceite ya utilizado, ni tampoco el aceite de oliva con los de semillas (tienen diferentes puntos de humo, el de oliva aguanta más temperatura que los otros y si se mezclan, uno quema al otro y se producen sustancias irritantes y potencialmente tóxicas).
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