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Contienen calcio en una proporción menor que los lácteos, pero su absorción es igual o mejor que la de dichos alimentos
Se considera que las aguas son cálcicas cuando su aporte de calcio es igual o mayor a 150 mg por litro (la leche contiene 1200 mg de calcio por litro).
El calcio es un mineral con importantes funciones estructurales, como constituyente de huesos y dientes, y metabólicas, ya que interviene en múltiples procesos vitales.
Diversos estudios indican que el aprovechamiento (biodisponibilidad) del calcio del agua de bebida es igual o superior que la de los productos lácteos. Por tanto, las aguas cálcicas deben ser consideradas una fuente extra y nada despreciable de este mineral.
Tradicionalmente las aguas duras, ricas en sales cálcicas y magnésicas, se han considerado un factor que contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Respecto a los mecanismos por los que la presencia de cierta cantidad de calcio en las aguas de bebida podrían reducir el riesgo cardiovascular, cabe destacar su influencia sobre los niveles de tensión arterial.
En una revisión de artículos científicos de intervención nutricional se encontró que la suplencia con calcio reducía la tensión sistólica ("la alta"), de forma significativa en aquellas personas con hipertensión cuya dieta era deficitaria en calcio, en función de las ingestas diarias recomendadas de dicho mineral.
Se debe tener en cuenta que este tipo de aguas (de más 150 mg de calcio por litro) no están indicadas en caso de padecer cierto tipo de cálculos renales (oxalato-cálcicos, fosfato-cálcicos...).
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