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Carbón activado para adelgazar: el único milagro es no enfermarse

La moda de añadir carbón activado a la comida para bajar de peso entraña diversos riesgos para la salud

Dieta del café o del jarabe de arce, zumos detox para limpiar el organismo... Los personajes famosos promueven con frecuencia distintos métodos para bajar de peso o mantener la línea. La mayoría de ellos no tienen fundamento científico e incluso pueden ser inverosímiles (como la idea de alimentarse únicamente de la luz solar). Pero no por ser risibles son inofensivos. Muchas de estas propuestas son perjudiciales para la salud. También la última, que consiste en incorporar carbón activado a los alimentos por sus supuestos efectos depurativos. En ella ahondamos en este reportaje.

Carbón activado: qué es y para qué se utiliza

Sus promotores dicen que ayuda a eliminar las toxinas del organismo y por eso se incorpora a recetas de galletas, batidos e incluso pizzas. La entusiasta defensa del producto que la actriz Gwyneth Paltrow emprendió en su blog 'Goop' ha popularizado el carbón activado en EE.UU. y su fama ha saltado el charco: en Europa ya puede encontrarse esta sustancia en los lineales de algunos supermercados.

Este compuesto es una estructura porosa que se obtiene calentando cáscaras de coco hasta carbonizarlas y procesando después su ceniza con agua o vapor a altas temperaturas. Como resultado se obtiene un producto con gran capacidad de absorción que a veces se emplea en medicina para tratar las sobredosis de medicamentos y la ingestión de productos tóxicos. "La estructura de malla del carbón activado neutraliza y absorbe la mayor parte de los compuestos", explica Elena Pérez Montero, nutricionista del Hospital Quirónsalud de Madrid. Por esta razón puede resultar útil en caso de intoxicaciones, aunque siempre aplicado por profesionales en situaciones específicas y controladas.

Si los médicos emplean esta sustancia como desintoxicante, ¿por qué no añadirla a una bebida y obtener los mismos beneficios en el día a día? La respuesta de los especialistas es concluyente: los productos depurativos no aportan nada al organismo e incluso pueden suponer un riesgo para la salud. Más allá de la sofisticación que el color negro aporta a un helado o la curiosidad de ver un pan con el mismo tono (en los dos productos se usa ya), no tiene ninguna lógica nutricional. Tampoco proporciona un sabor singular; es insípido. Y, pese a que su incorporación a la dieta actual se inspira en la importancia que algunas culturas ancestrales otorgaban a los tratamientos para purificar el cuerpo, este planteamiento carece de base médica.

Los especialistas apuntan que el organismo, salvo en casos de urgencia como una intoxicación por vía digestiva, tiene recursos propios para eliminar las toxinas y no necesita ingerir ningún producto que le ayude a hacerlo, apunta Pérez Montero: "La depuración es una tarea principalmente del hígado, un órgano con una portentosa capacidad de regeneración. Si le añadimos elementos externos, le damos más trabajo, con lo cual se consigue el efecto contrario al buscado". Por esta razón, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) prohíbe que la etiqueta de ningún producto comercializado como detox insinúe que depura el organismo.

El carbón activado también acaba con las vitaminas

Para remarcar los supuestos beneficios del carbón activado, los fabricantes de compuestos con esta sustancia publicitan que contienen una materia prima muy potente. En cambio, no se informa de los potenciales efectos adversos que puede provocar si se usa de forma continuada. Hay que tener en cuenta que no discrimina qué esta captando y, junto a los tóxicos, se lleva por delante nutrientes imprescindibles para el cuerpo. "Se trata de un elemento ajeno a la digestión y puede retener, por ejemplo, vitaminas liposolubles, dando lugar a una carencia de estas en el organismo", explica Pérez Montero. Por otra parte, también interfiere en la acción de medicamentos habituales en el tratamiento de dolencias crónicas como la depresión, la diabetes o el hipotiroidismo.

Apuntarse al elixir de moda puede pasar factura a largo plazo, y elevada, aunque la cuantía de esta variará mucho de unas personas a otras. "Hay individuos que lo eliminan más rápido que otros porque la motilidad intestinal (el tránsito por este órgano) es muy variable", dice la nutricionista. De ahí también que los compuestos con concentraciones muy bajas de este principio activo que se venden en la farmacia para tratar trastornos digestivos tengan resultados tan dispares: "No hay ningún estudio concluyente en el que se vea que realmente funciona contra la diarrea o los gases; hay personas que dicen que les resulta eficaz y otras que aseguran que no obtienen ningún resultado".

Si su modo de actuar se asimila al de una esponja, cabría pensar que la deshidratación será una de sus secuelas inmediatas. Sin embargo, esta parece ser la consecuencia menos probable, ya que el efecto del carbón activado es mayor en sustancias sólidas que en líquidas. Los protocolos médicos recogen con precisión esta circunstancia para los casos de ingestión de productos tóxicos como la lejía. Tampoco resulta eficaz para neutralizar el efecto del alcohol; los remedios para la resaca a base de esta sustancia no funcionan. Se trata de una leyenda tan poco consistente como la que atribuye a este carbonato una acción depurativa o antienvejecimiento. Ante esta falta de evidencia científica, no habría razón para incorporarlo a la dieta.

Imagen: CONSUMER EROSKI

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